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TRIBUNA

Élites y pueblo cordobeses (2)

José Manuel Cuenca Toribio
domingo 09 de octubre de 2022, 19:26h

Como en el resto del país, la sangrienta guerra civil de 1936-39 se reveló como la mejor prueba para calibrar con justeza algunas de las características primordiales de la idiosincrasia cordobesa. Única provincia de las occidentales andaluzas territorial y gubernativamente dividida hasta el término de la desdichada contienda, esta fue especialmente aterradora en sus comienzos en zonas como la Sierra y la Campiña; y, pasada la primera fase del conflicto, la represión no fue menos terebrante, en particular, en la antigua capital del Califato, con secuelas que casi cien años después del término del enfrentamiento fratricida aún no han desaparecido por completo.

En términos absolutos geográfica e históricamente la excruciante guerra significó un drama devastador, en cuyo proceso de gestación y desarrollo las elites cordobesas no escribieron las mejores páginas de su devenir; y a ellas, por tanto, cabe atribuir la mayor responsabilidad de la inmensa tragedia que, al igual que en todo el viejo solar de los iberos, implicara su inclemente curso. Su ya opacado protagonismo durante el régimen del 14 de abril de 1931 desapareció completamente con el estallido de la pugna civil cuando el PC y la Falange encuadraron respectivamente los sectores más ardidos de la pequeña burguesía y las clases medias bajas.

Entretanto, los verdaderos elementos populares cordobeses no se cansaron de ofrecer, en un clima radicalmente hostil, testimonios de solidaridad, empatía y humanidad en las relaciones con sus antiguos conciudadanos y vecinos. Así, ad exemplum, meses atrás el anciano cronista gozó de la oportunidad de trascribir en este mismo diario algunos testimonios del mayor alcance y trascendencia del sentimiento de ajeneidad y valor del “prójimo” en diversas localidades como La Rambla, Montilla y Aguilar, en las que las primeras semanas de la guerra la ferocidad y antagonismo entre coterráneos se elevaron a extremos en verdad escalofriantes. Aun en tal desierto de humanidad pudieron recogerse -debidamente certificados- ejemplos de auténtica solidaridad y comprensión por los antaño “enemigos”. La mesura, ponderación y aflicción por la desgraciada suerte de los “vencidos” movieron los resortes más íntimos y las posturas más solidarias de no pocas gentes del auténtico pueblo cordobés, fiel en ello a una identidad de siglos en la que, obvio es, la honda raigambre cristiana no estuvo ni mucho menos ausente.

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