Me avergüenza el patrioterismo. Me emociona el patriotismo. España ha escrito, junto a...
Me avergüenza el patrioterismo. Me emociona el patriotismo. España ha escrito, junto a Francia e Inglaterra, una de las tres grandes historias del Occidente moderno. Nuestro Imperio se extendió por los cinco continentes. No fue un Imperio comercial ni mercantil ni militar. Fue un Imperio evangelizador. Con algunas excepciones europeas, todas las naciones actuales de mayoría católica fueron evangelizadas por España, desde Guinea Ecuatorial a Chile, desde Filipinas a Brasil. Cuando en 1580 Felipe II se convirtió en Rey de Portugal el Imperio español alcanzó el cenit, el mediodía, las doce en punto de la gloria. Rey de Brasil, de Angola, de Mozambique, de Goa, de Timor, de Macao, Felipe II extendió el Imperio español a la mitad de las islas del Pacífico y a un tercio de los actuales Estados Unidos de América, aparte de la tradicional geografía imperial española que todavía, a trancas y a barrancas, se estudia en los colegios. Los análisis históricos no deben ser comparativos. En tiempos de la casa de Austria española, lo políticamente correcto en Europa era el Imperio y por él pugnaban las grandes naciones europeas. “Gloria a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol”, escribió José María Pemán para el himno nacional. Efectivamente el gran éxito histórico de España fue el descubrimiento de América y su posterior evangelización. Y hay que enorgullecerse de la Historia que, con sus defectos y sus enormes aciertos, escribió España.
Por eso yo, como tantos y tantos españoles, he celebrado siempre la Fiesta Nacional el 12 de octubre, la fecha del Descubrimiento, la fecha en que se inició la evangelización de América. Y la verdad objetiva es que el pueblo se suma con sencillez y simpatía, incluso con entusiasmo, al desfile que conmemora la gloria de España.