Hace pocos días, justo un día después de la celebración por Putin de su 70 aniversario en su ciudad natal San Petersburgo (Leningrado, cuando nació), se produjo una enorme explosión en el Puente de Crimea. Fue como si fuera un “regalo” tardío para su cumpleaños. Seguro que los autores del regalo querían presentarlo el mismo día del cumpleaños del dueño del Kremlin y el arquitecto principal de este “ilegal” enlace entre el territorio de la Federación Rusa y la península de Crimea, separados por el estrecho de Kerch. Pero, por lo visto, no pudieron hacerlo, dado que este día tan significativo la vigilancia del puente era extremadamente rigurosa, mientras al día siguiente ya no tanto. Y acertaron.
El Puente sobre el estrecho de Kerch fue la obra más deseada, más mimada y más querida del presidente Putin. Esta obra culminaba la anexión ilegal, en 2014, de un territorio de Ucrania para la Federación Rusa. Por ello, no se escatimaron los recursos y los esfuerzos de los mejores arquitectos e ingenieros, para levantar este doble puente (ferroviario y automovilístico). Es uno de los puentes más largo de los construidos en Rusia (19 kilómetros de hormigón y acero) y parece que también de Europa. También es el más resistente a las inclemencias del tiempo, a los terremotos e, incluso, a los golpes de la guerra (el presidente ruso ya entonces estaba preparándose para la futura guerra con un país al que había robado un enorme pedazo de su territorio nacional, conectado ahora por el puente).
No se ahorraron los recursos financieros: el puente costó más de 4 mil millones de dólares norteamericanos y superó casi en tres veces el coste del puente más largo del mundo (164,8 kilómetros) construido en China, con lo cual el coste de un kilómetro del puente chino fue de 8,8 mil dólares y el del ruso 209 mil dólares. Diferencia abismal y el pasto para la corrupción y el inflado de los costes también. El puente lo construyeron las empresas, cuyos dueños son los amigos oligarcas más próximos al presidente ruso.
Pero para una sorpresa más, de las tantas que se han dado en el actual conflicto bélico ruso-ucraniano, el puente no resultó tan invencible – lo mismo que el propio ejército ruso – como parecía. Bastó con una carga explosiva o un misil enemigo para hacer tambalear esta excepcional estructura y producirle unos daños importantes, que van a impedir por algún tiempo el transporte del material bélico y de todo tipo a las tropas rusas que están defendiendo los territorios ocupados anteriormente, en la región de Jerson, donde están retrasando bajo el empuje imparable de la ofensiva del ejército ucraniano en la zona.
Pero ¿quién fue el autor de tan extravagante regalo? Hay varias versiones y a cada una le asiste el derecho de ser verdadera. ¿El ejército regular de Ucrania, los partisanos o los grupos de operaciones especiales ucranianas, los grupos de sabotaje de los simpatizantes rusos con el pueblo ucraniano o los propios servicios secretos o militares rusos? Cualquiera de estas versiones es muy interesante en sí y demuestra en qué situación real se encuentra Putin y “su” operación militar especial. Vamos a analizar cada una de estas versiones que tiene su peculiaridad propia.
Si fue el misil de las tropas ucranianas que dañó el puente, eso quiere decir que el ejército ucraniano ya tiene en su arsenal unos proyectiles de la artillería de largo alcance. Hasta ahora Ucrania estaba recibiendo de la OTAN los proyectiles de alcance hasta sólo 80 kilómetros, no más, sin atender las insistentes peticiones de los militares ucranianos para que les suministrasen la munición artillera de largo alcance, a fin de poder bombardear las posiciones del enemigo en su retaguardia profunda, no sólo en los territorios ocupados del Donbas y Jerson, sino en las más lejanas, como Crimea en este caso.
Pero la OTAN y los estrategas de Washington tenían miedo de proporcionar este armamento tan ofensivo al ejército ucraniano, por temor a que sus comandantes lo emplearían para atacar los objetivos militares en el propio territorio de Rusia de donde el ejército ruso está bombardeando, día tras días, el territorio ucranio sin distinción si son instalaciones militares o civiles. Tales ataques, según los estrategas políticos norteamericanos, podrían provocar la indignación del inquilino del Kremlin y provocar su respuesta “nuclear”, que tanto asustaba a la OTAN. Pero, según parece, si realmente el ejército ucraniano ya está recibiendo la munición ofensiva, eso quiere decir que los políticos occidentales ya han superado el síndrome del chantaje kremlineano.
Si fueron los partisanos, quienes lograron volar parte de las estructuras del puente, esto significa que no sólo funciona mal la maquinaria de guerra rusa en los campos de batalla, sino también están fallando en la retaguardia las fuerzas de seguridad de estado, como la FSB o el Ministerio del Interior, encargados de vigilar día y noche, desde el mar (Mar Negro), tierra y aire, este excepcional objetivo estratégico militar y la obra predilecta del presidente ruso.
En el caso de que al puente lo volaron los grupos subversivos rusos, contrarios a esta guerra fratricida y simpatizantes con el pueblo ucraniano, que heroicamente resiste al agresor ruso, esto demuestra que las protestas al “no a la guerra” en Rusia, que tanto intenta ocultar la propaganda rusa, se van en aumento. Ya no son simples protestas callejeras, brutalmente reprimidas por el régimen. O los incendios de los puntos de reclutamiento y los atentados contra sus jefes. Ya las protestas se convierten en los sabotajes contra los objetivos militares del propio ejército ruso.
Y, finalmente, si la explosión en el puente de Crimea, fue la obra de los mismos miliares rusos o de los servicios secretos – como lo insinúa el Jefe de la Oficina del Presidente ucraniano – relacionada con los ajustes de cuentas entre ellos, a fin de culpar unos a otros de los errores y los fracasos de Rusia en su guerra contra Ucrania, esto quiere decir que dentro de la cúpula militar rusa ya empiezan aparecer las discordias y los descontentos que no pueden no afectar finalmente al hasta ahora férreo liderazgo de Putin. Es muy mala señal para el Comandante en Jefe y el omnipotente líder político del país, que se encuentra en una guerra, cuando la unidad de todos los estamentos del poder, tanto militar como civil, es una condición indispensable para llevar a un buen término el conflicto bélico.
En este sentido, las noticias que confirman la existencia de las discrepancias y enfrentamientos dentro de la cúpula de los uniformados, están llegando día tras día. Hace poco, el comandante de la Guardia Nacional llamó abiertamente a su homólogo, que dirige las operaciones en la región de Jerson, un “inepto”. Y comandante de las tropas chechenas – que curiosamente tienen cierta autonomía dentro del ejército ruso, gracias al trato “especial” que Putin está dando a estas ex bandas extremistas chechenas, que luchaban, en su momento, contra las tropas rusas durante las dos Guerras por la separación de Rusia – insinuó que ya es hora de cesar al actual Ministro de Defensa, un fiel e inquebrantable seguidor de Putin.
Jamás antes podían aparecer tales críticas y declaraciones dentro de la cúpula gobernante rusa, ya que todos sus miembros son personas, elegidas por el propio Presidente y criticarlas equivalía a insinuar que el Gran Jefe se había equivocado con su protegido. Sería una herejía y el “brujo” con galones sería defenestrado de su puesto inmediatamente. Y ahora ya no, lo que indica que Putin no controla cien por cien y con la misma autoridad las riendas del poder, mientras que sus subordinados ya empiezan preparase para la época “post Putin”, luchando por las áreas del poder, a ver quién gana a quién: los militares o los de la seguridad del Estado.
Porque del quién salga ganando dependerá la suerte de unos y de otros. Si ganan los del ejército (un golpe militar palaciego), acusarán a los servicios de la seguridad (FSB) de todos los males relacionados con la guerra ruso-ucraniana, culpándolos de que fueron ellos quienes estaban empujando a Putin a intervenir militarmente en Ucrania. Le proporcionaron una información falsa y errónea sobre la debilidad del ejército ucraniano y de que la población de Ucrania recibiría a las tropas rusas “libertadoras” con las manos abiertas.
Pero si ganan los de la FSB, ellos acusarán a los militares de poca profesionalidad, de no haber preparado debidamente las Fuerzas Armadas de Rusia, de no modernizar el armamento y los hábitos miliares obsoletos, robando y desviando el dinero que el Estado ruso asignaba para tal fin, hacia el enriquecimiento personal de los altos mandos militares.
Así que, con toda esta información, que nos está llegando desde Rusia, podemos deducir que el régimen de Putin ya empieza a tambalear como el mismo Puente de Crimea y que sólo es cuestión de tiempo – esperemos que no muy prolongado – de que algún nuevo misil ucraniano derribaría definitivamente a este “puente de discordia” y que las victorias del ejército ucraniano sobre las tropas rusas en el Donbáss, Zaporózhzie y Jerson, harán lo mismo con el régimen putinesco.