La ley del rendimiento decreciente, cuyo conocimiento es tan corriente que no hay quién pase por su frente y no la miente aunque sea inconscientemente, fue en la economía donde primero se formuló con semejante denominación y constituye por sí misma una observación de aplicación en cualquier ámbito donde actúe con libertad el ser humano.
Esta ley universal se puede dispensar como fórmula magistral diciendo que una vez que arde la leña no hay que echar más, porque entonces el fuego ya no te calienta sino que te vas a quemar. Lo cual, ciertamente, se puede expresar de esta manera y de otras mil más.
Así, por poner otro ejemplo, cuando nos disponernos a beber una botella de vino hay que contar también con ella, de modo que tras vaciar las tres cuartas partes, aproximadamente se entiende, terminará el disfrutar; el resto lo mismo da porque los sentidos se saturarán. Llega un momento en que no somos capaces de discriminar entre lo bueno, lo malo y lo regular. Sí, no obstante, continuamos adelante con el envite, la inteligencia que hubiera en el primer instante se empieza a nublar y cuando terminamos con el contenido restante resultará que estamos peor que al empezar.
Pero ¿adónde va el que, pese a tal disposición legal, tira más allá en el escenario internacional con una nueva organización sabiendo lo que puede pasar? A lograr más eficiencia social sería la respuesta tras pasar el punto crítico de referencia, lo cual significaría ignorar que la clave está en parar a tiempo, porque si uno “en su inocencia ignora que es un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil, ves febril que o te pasas o no llegas y el no llegar da dolor pues indica que mal tasas y eres del otro deudor, mas ¡ay de ti si te pasas! ¡si te pasas es peor!”
Que esta ley universal está en vigor también en la Comunidad Política Europea lo demuestra que en su primera reunión, que se acaba de celebrar en Praga, no se han podido ver banderas de la Unión Europea, no porque no las hubiera o se le hubiera olvidado a alguien ponerlas sino que hubo que quitarlas porque el Reino Unido exigió que allí no estuvieran. Siendo la Unión Europea y sus estados miembros los promotores y, aunque sea muy flexiblemente, partes integrantes de la nueva organización, ¿cómo se puede entender que se aceptara tal farol proveniente, además, de quien se acaba de retirar?
Durante las reuniones entre estados anfitriones y estados invitados sin más, unos que aspiran a entrar, otros que no hacen más que desesperar y otros que no se sabe a que palo están, la presidenta de la Comisión Europea no tuvo ningún papel de representación oficial ni la dejaron que tuviera ninguna intervención oral, solo asistió, callada y se acabó. Según el presidente de turno del Consejo de la Unión Europea, ahora la República Checa, la Comunidad Política Europea no se va a institucionalizar. Entonces la cuestión es ¿en qué va a quedar?
Además, en la cena final hubo un incidente causado por el presidente de Turquía que en su discurso acusó Grecia de acciones provocadoras en las islas del mar Egeo, a lo que el presidente de Grecia respondió que Turquía debía dejar de cuestionar de una vez su soberanía.
Según Aldous Huxley incrementar el punto de ebullición sería en un caso de estos una solución, pero como ese límite está ya muy caliente actualmente, hemos de pensar que cualquier intervención artificial no sería más que una confirmación legal perjudicial.