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Madrid 1808 y su bicentenario

Luis de la Corte Ibáñez
lunes 06 de octubre de 2008, 21:20h
Para cuando este artículo salga a la luz, el cine Callao de Madrid llevará varios días proyectando la última película de José Luis Garci, Sangre de mayo, a cuyo pre-estreno tuve la suerte de ser invitado por gentileza de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad. Con guión adaptado a partir de varios Episodios Nacionales de Galdós, la película da continuidad a la variada y numerosa sucesión de actividades culturales que vienen celebrándose desde principios de año para conmemorar el bicentenario de la Guerra de Independencia.

Un poco larga, y a ratos algo lenta, con una distribución discutible en cuanto al tiempo dedicado a las distintas secuencias del relato (se echa de menos un mayor detenimiento en los propios acontecimientos del 2 de mayo). Pese a ello, la última obra de Garci reúne méritos sobrados para justificar el precio de la entrada. La recreación del Madrid de principios del siglo XIX es colorida y deliciosa, los actores cuajan interpretaciones muy bien afinadas y la película culmina con pasajes finales de una intensidad épica absolutamente desacostumbrada para el cine español. Se agradece el orgullo patriótico que transpira el film, excepción gratificante (al menos para un servidor) que contrasta con las propensiones y complejos antipatriotas de los que hacen gala otros artistas españoles (eso sí, siempre dispuestos a recibir subvenciones de la patria que desprecian).

Los mismos sucesos históricos recuperados por Garcí han sido recreados en Madrid a través de diversos formatos escénicos y artísticos de enorme calidad. Sin ir más lejos, durante el pasado mes de septiembre los madrileños y visitantes de la capital han podido asistir a una magnífica e imaginativa dramatización teatral de la tercera parte de los Episodios Nacionales, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente y con escenografía de José Hernández. Asimismo, el pasado mes de abril la fachada principal del Palacio Real sirvió como telón para una bellísima y espectacular escenificación nocturna del Motín de Aranjuez; aunque estos actos que destaco son sólo dos muestras de una amplísima agenda desplegada por la ya citada Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad. Doble acierto de Esperanza Aguirre; de un lado, por crear tal Fundación, cuyas actividades culturales se prolongarán hasta conmemorar el segundo centenario de la constitución gaditana de 1812; de otra parte, por elegir como su director a Fernando García de Cortazar, historiador bien conocido y reconocido, tanto por sus dotes literarias y una obra prolífica, como por su dilatada y exquisita experiencia en la promoción de actividades culturales. Pero lo más importante de esta empresa son sus cometidos.

Como otras iniciativas político-culturales recientes igualmente basadas en la recreación de acontecimientos históricos, el proyecto de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad procura hacer memoria para contribuir a reforzar una identidad colectiva. Cierto es que la época rememorada, la de la guerra de Independencia, no fue solamente un tiempo de heroicidades y aciertos, y que no faltaron errores y mezquindades, como en cualquier otra etapa histórica. Sin embargo, los acontecimientos elegidos para conmemoración (el levantamiento popular contra un invasor extranjero y la forja de una constitución liberal) no permiten dudar sobre la naturaleza de la identidad y el proyecto colectivos que se celebran: identidad y proyecto integradores y no divisivos, incluyentes y solidarios, nunca excluyentes; en suma, una identidad y un proyecto nacional generoso para una amplia comunidad conformada por ciudadanos libres e iguales. Conviene hacer constar que, por una extraña distorsión, todavía existes españoles a los que aquella identidad y ese proyecto les parecen reaccionarios (sólo hay que espigar algunos comentarios vertidos en medios y círculos “progres” sobre las citadas conmemoraciones). Pero esa actitud vergonzante ante la propia nación, que no tiene parangón en ninguna otra parte del mundo, es un defecto reincidente de nuestra historia.
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