Nos disponemos a atravesar, dice Vladimir Putin, el decenio más impredecible y arriesgado desde la segunda guerra mundial. Algo veníamos notando. Escasa luz se halla en la algarabía de opiniones sobre el presente donde – como en un bazar – vemos todo tipo de reflexiones, desde las más asequibles y a buen precio a las lujosas y adornadas de datos más o menos auténticos.
No me cabe la menor duda de que nos encontramos en una inflexión determinante y anunciada. La guerra ucraniana empieza a cobrar aspecto de simple prolegómeno, con China en un fondo que – queramos o no – se convierte en figura, como en las ambigüedades gestálticas.
Al evidente colapso de la verdad le sigue necesariamente un estado generalizado de sospecha. Desconfiamos más del experto que del simple observador, porque el experto está indefectiblemente alineado y porque ignora con toda seguridad los elementos fundamentales, ese conocimiento que pertenece a unos arcana imperii que escapan, incluso, al campo de visión de los simples estados.
En esta circunstancia se hace a la vez imposible y necesario hablar del presente histórico. Imposible, siempre que se pretenda ofrecer una opinión fundada, porque el análisis no sólo ha de sostenerse sobre una u otra filosofía política, sino también porque ha de contar – en el pronóstico – con una información que está indudablemente fuera del alcance del analista. No tenemos esa información y son muy pocos los que disponen de una filosofía política que fuera capaz de asimilarla. Así que, obligados por una angustiosa demanda, hablamos por hablar; lo cual, en algunos oficios, debiera considerase el peor de los pecados.
El columnista se encuentra hoy en una situación arriesgada. Puede intentar regresar a la política nacional cuyos vaivenes se encuentran, sin embargo, funcionalmente ajustados a una situación mundial a la que hay que saber adaptarse. Podemos decir con toda facundia que estamos en el lado correcto de la historia, pero la verdad de esa afirmación sólo puede establecerse, por decirlo al modo taurino, a toro pasado. De momento el toro acaba de echarse a la plaza y se nos muestra de frente y amenazador, la única certeza es ahora nuestro miedo. Dominarlo, adelantar el capote y dar un paso adelante, luego Dios dirá.
Hoy, cuando Franco ha perdido incluso su medalla al mérito en el trabajo, nos empeñamos en ver los vaivenes que afrontó, en una coyuntura semejante, como los gestos de un farsante. La puesta en escena de una estética fascista – más o menos acompañada de una revolucionaria configuración del Estado en esa línea – se resolvió en un anticomunismo de americana y corbata tecnocrática, una vez que cayó la Alemania nazi. Al margen de cualquier otra consideración, no podemos negar – sin embargo – que supo situarse en el lado correcto de la historia, corrigiendo ostensivamente su posición. Podemos decirlo hoy, porque en los años treinta y cuarenta el horizonte se había ensombrecido profundamente, pero le negamos también ese ambiguo reconocimiento. Incluso durante los cincuenta practicó severas acomodaciones.
Hoy es evidente nuestra alineación y los compromisos internacionales contraídos nos sitúan sin lugar a dudas en uno de los frentes, pero no sabemos si ese lugar es el correcto porque la corrección se mide – hace siglos – por la victoria y, parece evidente, que esto no ha hecho más que empezar. La verdad y la justicia ya no parece que signifiquen nada en los términos presuntamente realistas de la política contemporánea, de manera que sobre lo fundamental tenemos que callar.
Al columnista que quiera mantener su actividad parece quedarle una salida: retraerse al terreno antropológico; sin embargo, si no quiere engañarse verá pronto que es una huida en vano. Una vez más percibimos el aliento de una revolución fundacional que quiere conmover las raíces de la más elemental constitución antropológica para hacer un hombre nuevo. El frente de batalla se ha extendido hasta no dejar espacio alguno en el que encontrar refugio, tal es la dimensión que alcanza hoy el huracán de la historia. Por el contrario, nada hay más comprometido hoy que hablar del hombre, quise decir del ser humano, quise decir…