Está de moda entre los que se dedican-dicen- a informar sobre temas de la Iglesia y lo que hacen es todo lo contrario. Ahora a estos futuristas les ha dado por jugar al Cónclave, como si fuera el monopoly y pudieran colocar en las casillas a los purpurados de aquí y de allá y hacerles llegar al final triunfante. Es más, han hecho listas de los diez posibles candidatos y se atreven a colocar en ellas a cinco cardenales “progresistas” y cinco “conservadores” como si el futuro Cónclave fuera una carrera hípica y los purpurados hicieran apuestas en ese hipódromo de la Capilla Sixtina.
FRANCISCO andará con bastón pero no veo que el Papa tenga ganas de dar un portazo en estos momentos, sobre todo mientras viva Benedicto XVI, a quien por cierto el CEU ha hecho un homenaje con motivo de su 95 cumpleaños con presencia y asistencia de obispos eméritos, como Reig Plá-famoso por sus salidas de tono-y de otras personalidades no muy afines con el papado actual.
Hay que recordar a estos futuristas, algunos de los cuales echa de menos un pasado cercano, que los cardenales cuando entran en la Capilla Sixtina piden la intervención del Espíritu Santo, verdadero árbitro de la reunión y al que, si somos creyentes de verdad, deberemos la elección del futuro Pontífice.
He vivido e informado con emoción en los últimos cuatro Cónclaves y en todos ellos muchos de estos futuristas de bolas de cristal empañadas de intereses, he visto el fracaso particular, al no acertar ni uno. Es más, en el Cónclave que eligió al Papa FRANCISCO, ya estaban preparados muchos informadores y sus respectivos medios de comunicación, a dar la noticia de la elección del cardenal Scola, arzobispo de Milán, cuando ya el Espíritu Santo había mediado para que el cardenal Bergoglio ocupara la silla de Pedro.
Por eso, tranquilidad a estos amigos del Monopoly, otrora llamado Palé, que viven, insistimos en el pasado, pero juegan a un futuro que se me antoja, muy lejano para ellos. Es más, esas quinielas las trasladan a la Iglesia particular española y solo tienen los ojos puestos en una sola dirección: la de ese pasado.