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TRIBUNA

Razonar desde la estética

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
sábado 05 de noviembre de 2022, 17:15h

Acaba de aparecer una nueva y excelente traducción del libro más famoso de G. K. Chesterton, “Ortodoxia” (Juan Luis Lorda, Editorial Rialp 2022). Además, contiene abundantes y documentadas notas a pie de página, que facilitan al lector una adecuada comprensión del entorno en que fue escrito el libro.

Con la palabra “ortodoxia” Chesterton se refiere al cristianismo en general, o si se prefiere a la cultura de Occidente. El libro apareció en 1908, cuando Chesterton aún no había ingresado en la Iglesia católica romana. Lo hizo en 1922.

El mayor atractivo de Chesterton consiste probablemente en que razona “desde la estética”, por así decir. Se opondría al normal argumentar “desde la lógica”. Encontramos en el libro numerosas referencias que, a primera vista al menos, parecen menospreciar la lógica. “El poeta sólo desea elevarse y expandirse, un mundo donde extenderse. Sólo quiere meter su cabeza en los cielos. En cambio, el lógico se empeña en meter los cielos en su cabeza. Y estalla (Pag. 47). Estos desaires a la lógica son sólo exageraciones retóricas. Chesterton sabía bien que sin lógica no hay lenguaje, y menos aún poesía. Por eso, poco más adelante pone las cosas en su sitio. “El que empieza a pensar, sin partir de los primeros principios adecuados, enloquece” (Pag. 64).

Pero en todo caso, es patente que percibimos la lógica y la estética como dos mundos más bien opuestos. Sólo de modo fragmentario captamos que puedan estar unidos. Detrás del arte de la arquitectura está la geometría. Igualmente nos deslumbra la belleza del conjunto de Mandelbrot. Basta poner en Google “conjunto mandelbrot”. Y luego nos sorprende de que esa belleza se consiga a partir de una función de números complejos.

Con todo, es obvio que es imposible formalizar una poesía sin destruir su belleza. Una vez, al finalizar una clase, propuse en broma a los alumnos que intentasen formalizar estos versos de García Lorca: “Las dos de la madrugada cayeron como dos gotas redondas cargadas de silencio”. Ante mi gran asombro, en la clase siguiente uno de ellos me presentó un papel con la solución siguiente. “Sea E el cuantor particular, x e y dos variables para gotas de agua, F ser redondo y G ser silencioso. La formulación pedida es ExEy[-(x = y) & Fx & Fy & Gx &Gy]”.

Demos por buena esta propuesta, pues deja fuera las palabras “madrugada” y “cayeron”. Pero lo que ahora tratamos de enfatizar es que toda la belleza de la poesía ha desaparecido. Tanto es así, que pudiéramos describir a Dios como el único ser capaz de formalizar una poesía dejando intacta su belleza. En efecto, es a la vez “Ipsum Verum” e “Ipsum Pulchrum”.

El gran mérito de Chesterton estriba, al menos a mi juicio, en que razona desde la estética. No intenta desde luego formalizar una poesía, sino convencer desde el humor. Sus paradojas y comparaciones, que son bellas por su encantador ingenio, tienen un enorme poder de convicción. Incluso cabría decir que ese poder de

convencer es superior al de los mas brillantes matemáticos o lógicos. Estos sólo pueden convencer a la exigua minoría que conoce el cálculo de que se trate. Pero Chesterton convence a todo el mundo con su refinado y elegante sentido del humor. El humor es ciertamente una genuina manifestación estética.

Tomemos como ejemplo el paralelo que establece entre el materialismo como teoría y la locura como ausencia de salud mental. “Mister McCabe piensa que me falta libertad porque no se me permite creer en el determinismo. Pero yo pienso que a Mr. McCabe le falta libertad, porque no se le permite creer en los cuentos de hadas. Si comparamos los dos vetos, veremos que el suyo prohibe mucho más que el mío” (Pag. 58).

Una oportuna nota nos informa que Joseph McCabe (1867-1955) fue un fraile franciscano, que perdió la fe y se hizo un activo defensor del ateísmo y el materialismo. Tradujo a Haeckel y publicó más de cien libros.

Según Chesterton, un loco comete un solo error de partida, y luego procede con completa lógica y coherencia. Quizá un buen ejemplo sea el simpático loco que aparece en la película de Frank Capra “Arsenic and Old Lace” (1941), que se tituló en español “Arsénico por compasión”. Una vez autoconvencido de que era el Presidente americano Theodor Roosevelt, todo lo que dice y hace luego es perfecta consecuencia de su error al principio. Se comporta como lo haría el auténtico Theodor Roosevelt.

El argumento desde la estética de Chesterton consiste en observar que al materialista le pasa lo que al mismo que al loco. No se equivoca más que una vez al principio. Y luego procede con estricta lógica. Ya no se equivoca más. Chesterton se refiere al loco que se cree ser Jesucristo, pues también los hay. Quizá el propio Chesterton se topó alguna vez con uno de ellos.

Lo mejor es citarle por extenso.

“No pienso probarle a Haeckel que el materialismo es falso más allá de lo que intenté probar al que se creía Jesucristo que estaba equivocado. Solo quiero señalar el hecho de que en ambos casos se da el mismo tipo de perfeccionismo y la misma imperfección.”

“Uno puede explicar por qué un conjunto de personas, aparentemente indiferentes, intentan internar a otra en Hanwell (el manicomio de Londres en su tiempo), suponiendo que es parte de la crucifixión de un dios del que el mundo no es digno. Como explicación, explica. De la misma manera se puede explicar el orden del universo diciendo que todas las cosas, incluso las almas de los hombres, son como hojas que surgen espontáneamente de un árbol totalmente inconsciente: el progreso ciego de la naturaleza. Esta explicación también explica, aunque por supuesto no tanto como la del maniático. Lo interesante aquí es que una inteligencia normal siente que algo falla en ambas explicaciones y por el mismo motivo. La conclusión aproximada sería que, si el hombre internado en Hanwell es el Dios verdadero, tiene muy poco de Dios. Y del mismo modo, si el cosmos del materialista es el cosmos verdadero, tiene muy poco de cosmos. Se ha producido un colapso. La deidad resulta menos divina que muchos hombres. Y según Haeckel el conjunto de lo vivo resulta mucho más gris, estrecho y trivial que muchos de sus detalles: la parte queda mayor que el todo”. (Pags. 56-57).”

Chesterton extiende la comparación entre la teoría materialista y la locura a las horribles consecuencias destructivas que ambas producen, El materialismo anula la responsabilidad moral y suprime la fantasía artística. Los destrozos para la persona que ocasiona la locura no los discute nadie. Sigamos citándole.

“La cuestión es todavía más fuerte y el paralelo con la locura más sorprendente. Antes, el reproche que hemos hecho a la teoría exhaustiva y lógica del maniático era que, pretendiéndolo o no, destruía poco a poco su humanidad. Ahora el reproche que hacemos a las principales deducciones del materialismo es que, pretendiéndolo o no, destruyen poco a poco su humanidad. No me refiero sólo al sentido humanitario, sino también a la esperanza, al impulso romántico y la iniciativa y a todo lo que es más humano.” (Pag.59).

Lo que indica Chesterton sobre la persona individual se aplica fácilmente a toda la sociedad en general. Basta leer las páginas de sucesos y cotilleo de los periódicos. Precisamente en estos días leemos la atroz noticia de que en Gijón una madre asesina a su hija de pocos años, para no entregarla al padre, a quien el juez había otorgado su custodia.

Los razonamientos desde la estética que hace Chesterton llevan suavemente a sus lectores al pleno convencimiento de que la frase “nuestra sociedad se ha hecho materialista” significa exactamente lo mismo que la frase “nuestra sociedad se ha vuelto loca”.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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