La ciudad-balneario egipcia de Sharm el Sheij acoge desde este lunes, y durante al menos 12 días, la 27ª Cumbre del Clima (COP27), marcada por las ausencias de los líderes de los países más contaminantes del planeta, como China, India o Rusia. Putin, marginado por la mayor parte de Occidente tras la invasión de Ucrania, no acudirá a la cita, pese a que el asunto de las repercusiones energéticas y climáticas de la guerra será uno de los principales focos de la conferencia. Cabe recordar que Rusia es en estos momentos la cuarta nación más contaminante del planeta.
Xi Jinping, cuyo país duplica al segundo del mundo (EEUU) en emisiones de gases de efecto invernadero, tampoco asistirá a la COP27. China, que está aumentando el uso de carbón, suspendió en agosto las negociaciones bilaterales sobre el cambio climático con Washington, en respuesta al viaje de la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, a Taiwán. Por su parte, el primer ministro de la India (tercera nación más contaminante), Narendra Modi, tampoco ha confirmado su participación en el evento, aunque se sabe que la delegación india, al igual que la china, presionará al resto de países para relajar el abandono del carbón, del que siguen siendo muy dependientes.
Según el último informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), la comunidad internacional continúa aún muy por debajo de los objetivos del Acuerdo de París (2015) -que busca limitar la subida de la temperatura a menos de 2 grados e, idealmente, a 1,5- y no tiene trazado un "camino creíble" para llegar a esa meta. De hecho, para el PNUMA, si las cosas siguen como hasta ahora, lo más probable es que a finales de este siglo la temperatura media del planeta haya aumentado en 2,8 grados, con consecuencias catastróficas para muchos lugares.
La COP26 de Glasgow terminó con un acuerdo de mínimos en el que las 197 naciones del planeta únicamente se comprometieron a "redoblar esfuerzos y repensar sus estrategias" en la COP27. Sin embargo, la ausencia de estos tres países, responsables de la mitad de los 32.000 millones de toneladas de gases contaminantes que cada año se emiten a la atmósfera, no parece augurar un futuro halagüeño para la cumbre. Sin su cooperación directa todos los esfuerzos realizados por el resto serán inútiles para frenar el cambio climático e incluso podrían contribuir a debilitar sus propias economías 'verdes'. No solo porque aún parecen incapaces de competir con los precios de las fuentes de energía no renovables, sino porque, al mismo tiempo, deberán financiar la transición ecológica de los países en vías de desarrollo, cuyas demandas con cada vez más exigentes.