Zapatero no mira la crisis a la cara
miércoles 08 de octubre de 2008, 01:52h
José Luis Rodríguez Zapatero ha comparecido ante los españoles para anunciar dos grandes medidas del Gobierno ante la crisis. Parece que Zapatero le está tomando la medida a la situación, pese a seguir sin llamarla por su nombre; que ha tomado finalmente las riendas y está dispuesto a actuar para evitar un descalabro financiero como el que apunta en otros países vecinos.
Pero, como nos tiene acostumbrados nuestro Presidente, la única realidad es la apariencia: de modo tal que, cuando se examinan de cerca sus propuestas, el análisis no resulta tan halagüeño. Elevar la cifra de los depósitos garantizados por banco y ahorrador, pese a que puede tener consecuencias negativas a largo plazo, es una medida razonable si logra detener un proceso típico de crisis bancarias como ésta: las corridas bancarias, las retiradas masivas de depósitos por el pánico de no llegar a tiempo y encontrarse con que, desde la ventanilla del banco, se le anuncia que no hay más dinero para él ni para los demás. Esto es así porque, en cierto modo, los bancos están en una situación de quiebra permanente pero que no llega a materializarse, precisamente porque la confianza de los depositantes no les lleva a retirar masivamente sus fondos. Sencillamente, porque esos fondos no están ahí, sino prestados en proyectos a largo plazo y que madurarán dentro de mucho tiempo. La elevación del fondo de garantía, pues, busca restablecer la confianza y evitar el pánico bancario.
Pero no soluciona la situación. A paliarla, al menos, se dirige la segunda medida: la creación de un fondo a cargo del Tesoro para que los bancos puedan ofrecer créditos. En realidad no servirá para ello, dado que los bancos están más preocupados con su solvencia que con aumentar su negocio a costa, precisamente, de poner aún más en peligro esa solvencia. Eso sí, al menos los 30.000 ó 50.000 millones que el Gobierno ofrecerá a la banca le permitirá mejorar el valor de sus fondos propios. Pero por un lado es un parche que no resuelve el problema y, por otro, cuando éste empeore, ese montante, con ser abultado, resultará claramente insuficiente.
Políticamente, los anuncios de Zapatero resultan de lo más efectista. Económicamente, siguen la estrategia del Presidente de no mirar a la crisis a la cara. Sigue confiando en que los hados le sean favorables mientras salta de una improvisación a la siguiente, sin saber nunca si en el próximo salto caerá directamente al vacío. Y lo peor es que no caerá sólo.