Doblete de Mercedes, aunque el protagonismo estuvo en la tremenda remontada de Fernando Alonso. El asturiao acabó por delante de los Red Bull.
Expira ya el Mundial 2022 de Fórmula Uno, pero eso no quiere decir que todavía no aguarde emociones para el aficionado. De hecho, este domingo, en el Gran Premio de Brasil, se vivió una de esas jornadas de relumbrón para el deporte español. En una carrera en la que George Russell se apuntó la primera victoria de su currículum, Carlos Sainz brilló y Fernando Alonso autografió una de esas exhibiciones que le colocan, año tras año, en lo más alto de la valoración de sus colegas, los pilotos. Doce puestos remontó el asturiano y acabó batiendo a los Red Bull. Casi nada.
El circuito de Interlagos, en Sao Paulo, no se jugaba ni el título de pilotos ni el de constructores. Sí los subcampeonatos de ambas clasificaciones generales. Pero sobre la mesa estaba una oportunidad para todos aquellos que todavía tienen hambre. Y son muchos, a excepción del campeón arrollador Max Verstappen. El neerlandés, con todo, no pudo adelantar al asturiano en las últimas vueltas y acabó sexto, mientras que el madrileño se subió a un podio muy batallado. Con los Mercedes celebrando un doblete, con la mira puesta en 2023.
Russell descorchó el champán tras haber pisado el podio ocho veces. Este británico de 24 años también se adjudicaría la vuelta rápida avisó el sábado con su triunfo en la prueba sprint y remató en la carrera dominical con jerarquía. Le acompañó Lewis Hamilton, en cómodo recorrido dentro de una senda de la que se apeó Kevin Magnussen, el histórico 'poleman' danés, cuando Daniel Ricciardo, en la primera vuelta, le chocó. Ese sería el coche de seguridad inaugural. Y al relanzarse la marcha fue Verstappen el que tocó a Hamilton, en una escaramuza polémica de la que el neerlandés saldría sancionado -cinco segundos- y con el monoplaza erosionado.
Norris, a su vez, tocó a Charles Leclerc, en plena batalla. El monegasco perdió toda opción de pelear por la victoria en ese brete. En el entretanto, Sainz rodaba en la cuarta plaza, por detrás del intocable Russell y del siempre guerrero 'Checo' Pérez. Rendía bien, por su parte, un Sebastian Vettel que se iría desinflando. Marcó el alemán una trayectoria contraria a la dibujada por Alonso, que tuvo que parar en la vuelta 15 y prender desde ahí la mecha del renacer. Poco a poco, con astucia, el asturiano ganaría terreno.
Sainz, en su caso, tras cambiar gomas rodaba octavo en la vuelta 24ª, justo cuando Red Bull paró al mexicano. Ambos librarían uno de los tú a tús del día. En ese punto Fernando ya era séptimo, aunque Alpine se la volvió jugar con una parada desastrosa en la vuelta 36. El coche 14 volvió a pista decimoquinto. Tocaba volver a remar y con su clase característica, lo hizo. Acabaría quinto, una barbaridad que él mismo resumiría como "divertida". Y en el giro 40º la grada se puso en pie: Hamilton adelantó a Pérez y zanjó el doblete de la escudería alemana. El mexicano pararía de nuevo y ahí Carlos accedió a una tercera posición que no soltaría.
El desenlace quedó marcado por las órdenes de equipo y la relación entre compañeros. En Mercedes les dijeron a sus pilotos, 1º y 2º, que si querían pelear por la victoria, debían competir como "caballeros" y en Red Bull le dijeron a Verstappen que si no pasaba a Alonso le dejara el puesto a Pérez, que todavía opta al subcampeonato en el Mundial de pilotos. No cumplió el neerlandés. Y en Ferrari, con Leclerc también apuntando a ese segundo puesto global, el monegasco simplemente no llegó a Sainz. Un coche de seguridad postrero, que valió a los españoles para calzar ruedas blandas, apretó todo y cerró las inercias descritas.