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TRIBUNA

La Guerra y la Paz

viernes 18 de noviembre de 2022, 19:05h

Como se sabe, cualquier guerra, la más cruel y la más larga, finalmente termina en paz, con la firma de un acuerdo del fin de las hostilidades entre las partes enfrentadas. La misma suerte va a tener la actual guerra ruso-ucraniana que está acaparando, durante más de 8 meses, la preocupante atención de todo el mundo. Y ya están apareciendo unos indicios de que, posiblemente, la tan deseada paz no está muy lejos e, incluso, podría venir pronto.

Los que parecían ser sólo unos rumores, relacionados, en parte, con la campaña propagandística en vísperas de las elecciones parciales al Congreso en los EE.UU, con el paso de los días están adquiriendo los rasgos de un hecho verídico. Me refiero a las negociaciones sobre el Acuerdo de Paz entre Ucrania y Rusia, que se están produciendo tras los bastidores de los campos de la batalla militar.

Fuentes internacionales fidedignas – y también las mías particulares – aseguran que el Kremlin ha recibido un borrador del futuro Acuerdo de Paz con Ucrania, para su firma cuanto antes. Y que este acuerdo ha llegado a la mesa del presidente Putin, pocos días antes del abandono precipitado por las tropas rusas de la ciudad de Jerson, una importante capital de la región del mismo nombre, que hasta ahora se encontraba en manos de los militares rusos.

Esa contundente victoria del ejército ucraniano es, sin duda alguna, el preludio de nuevos y sonoros éxitos de las Fuerzas Armadas de Ucrania en su lucha por la plena liberalización de sus territorios ocupados por el invasor ruso. Es sólo cuestión de tiempo: ya nada ni nadie pueden detener al ejército y al pueblo ucraniano en su lucha por la libertad.

Así que, podría ser que esta fuga de la ciudad de Jerson de los soldados rusos, sin darse una batalla al asaltante ejercito ucraniano, tenga alguna relación con el mencionado borrador del acuerdo pacificador, que el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Rusia había recibido desde Washington.

Y ¿cuáles son las condiciones de este hipotético Acuerdo, que en estos momentos está analizando el inquilino del Kremlin, el ex coronel de la KGB y actual presidente de la Federación Rusa? Voy a destacar las cláusulas más importantes:

  1. Retirada de todas las tropas rusas del territorio ucraniano hasta las fronteras del año 1991.
  2. Establecimiento de unas zonas desmilitarizadas de 100 kilómetros en las fronteras de Ucrania con la Federación Rusa y con Bielorrusia.
  3. Conceder al territorio de Crimea un estatus especial, con una vigencia de 7 años, mientras durasen las negociaciones del definitivo Acuerdo de Paz entre Ucrania, Rusia y las potencias (garantes) implicadas. El nuevo estatus implica la desmilitarización de la península de Crimea y la retirada de la flota militar rusa de los puertos en su territorio.
  4. Ucrania se obliga a no entrar en las estructuras militares de la OTAN durante los 7 años.
  5. Reparación de todos los daños causados por las bárbaras actuaciones de las tropas del ejército ruso en todo el territorio ucraniano.
  6. Las negociaciones de paz se llevarán a cabo con un órgano o una persona debidamente legitimados, que deberían a sustituir a Putin en el poder. (Una clara alusión a la postura del presidente ucraniano, Zelénskiy, quien había declarado que nunca negociaría con Rusia mientras Putin siguiera gobernando el país).

Y también una inequívoca indicación a los gobernantes rusos de que ellos tendrían que “organizar”, de una u otra forma, la retirada de Putin del poder. Y, para facilitar esta tarea a los que se “atreviesen” a ella, se les garantizarían la no persecución política, económica, jurídica y física personal, después de la firma del Acuerdo de Paz y del establecimiento en el país de un periodo transitorio post-Putin, que implicaría unos cambios políticos y de toda índole, que deberían posibilitar la vuelta de Rusia a la senda democrática y a la cooperación pacífica con el resto del mundo.

Las fuentes comentan también que, si el propio presidente Putin aceptase este plan y no pusiese obstáculos a su realización, abandonando el poder por voluntad propia, recibiría garantías personales para una jubilación tranquila y sin condiciones. Incluso se le concedería cierta inmunidad por posibles persecuciones derivadas de los crímenes de guerra, cometidos por las tropas rusas, bajo su mando supremo, en el territorio ucraniano.

Y lo que es más importante todavía: este borrador ha recibido el visto bueno del gobierno Ucraniano, ya que, como he dicho antes, recoge la mayoría de las exigencias, expresadas en su momento por el presidente Zelénskiy, para que él pudiera sentarse a negociar con Rusia el Acuerdo de Paz.

De momento, no se conoce la respuesta del Kremlin o de sus representantes a dicho plan. Parece que la precipitada retirada de las tropas rusas de Jerson, ordenada por el mismo Putin, podría ser una vaga señal de cierta “aceptación” de la idea del plan en sí.

Los próximos acontecimientos y, en primer lugar, la continuación o no de los brutales bombardeos por parte del ejército ruso de las infraestructuras civiles en Ucrania, demostrarán hasta qué punto el plan norteamericano de la pacificación del conflicto ruso-ucraniano y de la disminución de sus nefastas consecuencias a nivel internacional, ha sido aceptado o no por Putin. El presidente ruso está fuertemente debilitado por los malos resultados de la guerra y el aislamiento casi completo del mundo civilizado. Prácticamente no tiene ninguna salida “digna” y satisfactoria de este conflicto, que él había desatado y del que no tiene ni más mínima posibilidad de salir ganando e inmune.

El plan presentado, se mire por donde se mire, es la única ocasión para el presidente ruso de salir de las murallas del Kremlin con vida y con una “pensión”. Nadie en el mundo libre y democrático se sentaría directamente con él – llamado “un criminal de guerra” por el propio presidente norteamericano, John Biden – a negociar ningún acuerdo.

¿Quién se va a fiar de un líder político que ha demostrado a todo el mundo que es un mentiroso y un tramposo? Después de sus declaraciones que aseguraban que Rusia no tenía intenciones de agredir a su país vecino y que aquellas concentraciones de las tropas rusas en la frontera con Ucrania fueron unos simples “maniobras” militares. Después del indignante ultimátum que había presentado a la OTAN para que esta alianza defensiva se retirase de todos los países que antes se encontraban bajo el poder y la influencia de la extinta URSS. Después del chantaje nuclear, en relación con las capturadas centrales atómicas de Chernóbyl y Zaporozhie, o de amenazar de emplear el armamento nuclear táctico, o soltando las mentiras de que Ucrania está fabricando una bomba atómica “sucia”. Y tantas mentiras y falsedades más, que habían salido de la boca y de la pluma firmante del presidente de la Federación Rusa. Nadie más le va a crear.

Considero que el todavía presidente de Rusia comprende todo esto y pensará bien, antes de dar las órdenes de seguir bombardeando las infraestructuras civiles, vitales para el pueblo ucraniano.

Resulte como resulte la respuesta de Moscú al plan pacificador de Washington, es evidente que algo muy en serio se está moviendo para que se acabe, cuanto antes, esta brutal guerra, desatada por Rusia contra su país vecino, en el pleno centro de la “Europa civilizada”.

Con algo de suerte, quizás, antes de la Navidad y el fin del año 2022, las partes implicadas lleguen a firmar un Acuerdo, que acabe con la guerra ruso-ucraniana. Sería un gran regalo para la humanidad, en vísperas de un Año Nuevo, 2023, que entonces prometería ser un año más tranquilo, más pacífico, más justo y más feliz para todos los habitantes de la Tierra.

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