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TRIBUNA

El aerostato europeo

Juan Carlos Barros
viernes 25 de noviembre de 2022, 19:24h

Érase una vez un globo aerostático, normativo, atípico y dinámico que utilizaba unos instrumentos aerostáticos, normativos, atípicos y dinámicos, que si no fueran aerostáticos, normativos, atípicos y dinámicos, él no sería aerostático, normativo, atípico ni dinámico sino solo volitivo y aventurado.

Como artefacto formado, a su vez, por estados como ellos se invistió de personalidad jurídica pese a no ser más que un proceso lanzado al espacio y como no se conformó sino que, por el contrario, desde el primer momento se estiró y estiró, el ensamblaje con el que se había dotado se infló e infló y con lo que ya llevaba puesto más lo que tenía dispuesto a los vientos de la historia voló.

Tan fuerte fue el impulso constitutivo del globo aerostático, normativo, atípico y dinámico, que no preveía en particular un lugar para aterrizar si algún día por casualidad decidiera del aire bajar. El proceso de vuelo devino por ello su medio y su meollo al propio tiempo y con la velocidad que alcanzó siguiendo esa marcha inicial, consiguió, no se puede negar, un desarrollo espectacular.

Dos caras tenía el aerostato en su superficie expuesta a los elementos como Jano, el dios de las puertas, haz y envés, del derecho y del revés. Y además era bifásico su mecanismo que siendo sencillo seguía un orden sistemático con etapas tangenciales, primero informales y después formales. La invención iba seguida de la regulación.

Así estaban las cosas en vuelo y en vilo de modo y manera que en el proceso aéreo emprendido apenas ya se distinguía el objeto terráqueo al que había estado sujeto el artefacto, el cual ahora se sometía lo mismo el mismo que su aparejo a la fuerza entera de la atmósfera que no es una cosa cualquiera.

El caso es que como iba proveído de más ropa a proa y a popa que extendía a porfía de su guardarropía normativo hasta formar una cola inmensa, carecía al tiempo de límites impuestos al frente o a los lados por el ancho cielo al principio despejado, después nublado y al final estrellado. Los límites geográficos y las fronteras políticas quedaban indeterminados vistos desde tan alto allá abajo; si pudiera parecer lo contrario era debido a una falsa ilusión de carácter humano.

Con ser acumulativo el proceso de vuelo, el globo aerostático continuó su decurso normativo, atípico y dinámico y dada la velocidad y la variedad de elementos tan diversos que allí se habían juntado, articuló una solución técnica para no engrosar tanto y continuar volando, más todavía que si tela de vela si había lo que no tenía era paracaídas. Y así una optimizada disposición de las prendas constitutivas le valdría mientras se desplazaba a continuación al ritmo de la creación sin poder ni parar ni girar al ser solo un ingenio aerostático sin más.

La fórmula escogida fue “una dentro, una fuera”, por algo que entraba, algo salía. Sin embargo la idea solo era apropiada si lo que se quería era mantener el globo como si estuviera en tierra y no en la estratosfera con la masa de lastre normativo que le seguía y cuando había amenaza de borrasca y tampoco tenía paraguas ¿para qué sirve uno con viento si no hay quien lo abra?

La estrategia que partía de la premisa que el tamaño aerostático presente ya era más que suficiente no era un juicio temerario sino una opinión prudente. Sin embargo, es imperdonable embarcarse en un globo y no tener provisión normativa, atípica y dinámica en la que quepa un incidente y haya que recoger carrete para volver al continente.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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