Betancourt contó que hace 5 años, cuando estaba detenida en la selva, escucho por la radio una crónica sobre el apoyo de la Eurocámara a su libertad que calificó como “una primera liberación”. Por eso la colombiana consideró “un milagro” poder estar presente en esa misma sala y por ello pronunció cada uno de los nombres de los veintisiete rehenes de la guerrilla colombiana aún "encadenados como bestias a un árbol", con la esperanza de que también escuchen ahora su discurso y recuerden que "aún están vivos".
La ex senadora colombiana insisto en que “debemos combatir con la palabra, la más extraordinaria de las espadas" para "acabar con la guerra en el mundo", subrayando como “ya sea en Colombia, Darfur, Zimbabue, República Democrática del Congo o en Somalia, la solución siempre será la misma: hablar. Es indispensable reconocer el derecho de los otros a ser escuchados, no porque tengan razón o estén equivocados, porque sean buenos o malos, sino porque hablando podemos salvar vidas”. Por eso, Betancourt afirmó que “hay que negociar con los terroristas, primero porque es el mejor modo de salvar vidas y segundo porque no hacerlo es justificar la barbarie y dejarles solos en su fanatismo”. La ex senadora, ahora alejada de la política tras su cautiverio en manos de las FARC, opinó que “no podemos permitir que las personas se revistan de muros y se vuelvan inaccesibles a lo humano”, defendiendo la palabra porque " llega por encima de los fanatismos, y es mágica, porque puede cambiar la actitud de una persona".

Tras su comparecencia en el pleno solemne de la Eurocámara, la Betancourt ofreció una rueda de prensa en la que se le pregunto si su “supuesta doctrina” debería aplicarse a casos como el del último proceso de diálogo que mantuvo el Gobierno español con ETA. Sobre este tema, la recientemente galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008 respondió que “si, hay que negociar, hay que negociar, hay que negociar", argumentando que contra el terrorismo "hace falta paciencia y constancia", y recomendó "hablar con ellos" siempre que sea posible. Finalmente, relató que, durante su cautiverio en la selva colombiana, los guerrilleros de las FARC rehusaban entablar conversación con los secuestrados porque les consideraban sus "enemigos". "Pero cada vez que pude hablar", continuó, "sentí que había dado en el blanco".
Betancourt afirmó que en futuro se dedicará a difundir su experiencia y convicciones allá donde pueda: "hay muchos sitios donde me gustaría ir, pero el primero es sin duda mi país". Sin embargo, la ex senadora dejó claro que no volverá a hacerlo a través de la política, ya que después de su "ensayo" (fue parlamentaria durante ocho años), ahora no le parece "el instrumento adecuado para resolver los problemas que nos acechan", añadiendo que “en Colombia no hay espacio para hacer una política diferente sin quedar contaminado, y creo que yo puedo ayudar a mi país sin entrar en el juego partidario".
Su intención es contribuir a una "reflexión tranquila y no polarizada" sobre cuestiones como la influencia del tráfico de drogas en los conflictos armados. Al respecto, abogó por una "reflexión internacional y de fondo en el seno de Naciones Unidas", hecha sin "hipocresía y doble moral", sino "constatando lo que vemos y sacando conclusiones".