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TRIBUNA

El mester del maestre

sábado 26 de noviembre de 2022, 18:12h

España vuelve a estar de vuelta, de vuelta y vuelta, como siempre. El matiz es que ahora nos redescubrimos, y hasta incluso nos descubrimos, los propios españoles. Y nos descubren o redescubren, a la vez, nativos hispanoamericanos en viaje de ida y vuelta. En este segundo caso, se trata de jóvenes youtubers y blogueros que bien desde allí, bien y sobre todo desplazándose y afincándose acá, transmiten en sus vídeos un asombro y una admiración cálida, abierta y desprejuiciada de su encuentro con el solar de cercanos o lejanísimos antepasados. Merecen, desde luego, artículo aparte, ya que están configurando, desde hace un tiempo, una tendencia muy llamativa en el canal de YouTube. En cuanto a lo primero, de pocos años a esta parte se prodigan ensayos, monografías y documentales desarticulando la leyenda negra (sin caer en la rosa) por parte de historiadores, artistas y otros estudiosos –en algún caso también del otro lado del Atlántico–, lo que nos hace reaprender datos fundamentales y desterrar tópicos tóxicos.

En este campo nuevamente abonado, una de las figuras intelectuales que lo surcan de sol a sol es el filósofo Agapito Maestre, que no hará ni dos meses ha puesto en marcha un canal también en YouTube (Res Hispánica) como foro para repensar e intercambiar perspectivas sobre lo que sea la Hispanidad, desde la sociedad civil, y sobre lo que sea también en función del legado histórico, social y cultural; algo de lo que ya ha tratado exquisitamente y al detalle José Luis Roldán en este mismo medio.

Resulta que el canal, con ya más de ochocientos suscriptores y ciento treinta vídeos sobrepasados, repartidos en suculentas series (Perspectivas, Poesía Hispánica, Cine Hispánico, la Hispanidad en los EE. UU., conferencias y entrevistas…) ha ofrecido la novedad de una pestaña ligada al cine en sí: una película. El que tenga continuidad, imagino que depende de una generosidad pareja de la que han hecho gala los responsables de Pensamiento insurrecto: el director, Gonzalo García Pelayo; el productor Gervasio Iglesias, y el protagonista principal, Agapito Maestre, o mejor, su pensamiento. Novena de ese tour de force del cineasta en este año, El año de las 10 películas más 1, qué me digan quién es capaz de retener la atención del espectador alrededor de ochenta minutos, con una sola toma, una sola claqueta, y el único suspense que promete la conversación con un maestro (los también filósofos y antiguos alumnos Jorge Casesmeiro y Fernando Muñoz ejercen de actores de reparto con sus preguntas) en el plató platónico de una taberna. Pues los capaces son García Pelayo y Maestre porque son dos sujetos geniales. Si no, impensable.

Tampoco voy a competir con Roldán en glosar la película; tienen ustedes en El Imparcial su crónica sobre el estreno en la Cineteca, en septiembre. Pero válgame la noticia de su añadido a Res Hispánica para consentirme la inmodestia de hacer, en lo que a lector y espectador se refiere, una foto finish de lo que me inspira el pensador filmado hasta el momento.

Con todos los libros y avatares que ha ido cumpliendo en su ya extensa carrera, desde luego hay un par de cosas que siempre le voy a agradecer: una, su labor contra viento y marea de refrescar nuestra memoria sobre Ortega y Gasset y Marcelino Menéndez Pelayo, haciendo caer la vieja cáscara de simplezas y lugares comunes, sorprendiendo, por ejemplo en don Marcelino, con lo inopinado –para más de uno, seguro– de mostrarlo como autor abierto: a investigar, rescatar, incluso empatizar a su modo, por ejemplo, con alguien tan en sus antípodas como el abate Marchena, en la Historia de los heterodoxos españoles. Un humanista, como se decía antes, y de hecho debemos de volver a decir.

Otro motivo de agradecimiento es el siguiente: retrepado en su prolija erudición, hay un concepto potente que se deduce de sus palabras en la película, el que la libertad del individuo concilie en absoluto con la comodidad del egoísmo. Todo lo contrario: se trata de «Persona que se sacrifica todos los días», un ser independiente, libre, que aún desea serlo más, pero no a costa de descortezarse de los otros, de encuevarse en la burbuja. Lo entendemos mejor cuando lo aplica al creativo: «¿Cuál es el sostén último de toda gran obra, cuál es el sostén último de toda vida intelectual…, de cualquier vida, que se puede convertir en un arte, cuál es el sostén último? El sacrificio personal». «Creer en su propio trabajo».

Por eso, al profesor Agapito no le ha tocado, ni rozado, el pesimismo que parece abrigar Gianni Vattimo respecto a sus propias tesis en La sociedad transparente. Al autor de la idea del «pensamiento débil», ya no le vale tanto la noción de que habitar una sociedad babélica, caótica, problemática, haga más libre al individuo, puesto que es cuestionable que estemos en una Babel verdadera. Tiene sus trampas, y seguramente, depende de las manos de unos pocos. A Maestre poco parece afectarle el riesgo. Siempre será mejor que una sociedad autoritaria, mejor que las horcas caudinas del dogma. Porque contará con el as en la manga del sacrificio. No le retirará del ruedo una sociedad desasosegante. La prefiere.

«Creer en el propio trabajo». «El mester de Maestre», en su caso.

Discúlpenme: no es banal paranomasia. Pueden, claro, no perdonarme la pedantería de recurrir al viejo mester –oficio– medieval de Clerecía, aquellas composiciones de clérigos, es decir, de hombres instruidos no necesariamente religiosos, como, obvio, no es la ocupación del filósofo Agapito. El mester de Maestre es, por tanto, el arte, el oficio de Maestro. Pero sobre todo, un raciovitalista como él, si nos vale –que seguramente no– la etiqueta para el sarao social, se sirve él mismo como ejemplo, como ejemplo contagioso. Se lanza al desasosiego, se echa el mundo por montera. Es un indómito sonriente este filósofo ciudadano que toma el metro o se sube al autobús y departe un momento con el conductor de línea que le ha escuchado por la radio.

Podrá estarse o no, o mucho o poco, de acuerdo con las tesis u opiniones de Maestre, pero nadie cuestionará que soporta y transporta el propio destino con un entusiasmo envidiable. Un entusiasmo que no deja de fluir en los setenta y cinco minutos que dura Pensamiento insurrecto, película axial, hebilla de la correa de las otras diez del proyecto lleno de pensamiento, libertad y arrojo de García Pelayo. Por lo mismo.

Maestre invita a filosofar, pero sobre todo a vivir (no, no voy a caer en eso de «vivir la filosofía»), al menos eso me transmite a mí, que nunca le he visto ni en sus textos ni en sus apariciones mediáticas, ni en persona, la mínima gota de desánimo. Y con todo lo que ha caído y llovido. Un ejemplo de resiliencia, como se dice ahora; pero como se dice en demasía, mejor cambiarlo por un par de sustantivos más contundentes: Aguante y empuje.

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