En mi artículo anterior he explicado los pormenores del plan de Washington de sentar bases para la negociación del armisticio en la guerra ruso-ucraniana y de llevar a ambos países enfrentados militarmente a firmar un Acuerdo de Paz, que acabaría definitivamente con el tan prolongado conflicto bélico en el centro de Europa.
A la hora de escribir el artículo no se sabía todavía cuál sería la respuesta del Kremlin, pero ya estamos viendo: Putin ha respondido: “niet” (un “no” en ruso). Y lo hizo, como es propio de él, de una forma provocadora y farolera, subiendo las apuestas. Como lo hacen los jugadores del póker, que cuando no tienen buenas cartas, acuden al “bluf”.
Esta vez, las “fichas” eran más de 90 misiles de largo alcance, lanzados desde diferentes puntos del territorio de Rusia, y varias decenas de drones de fabricación iraní, para seguir destruyendo las infraestructuras criticas civiles en Ucrania. El único objetivo de estos masivos bombardeos es sembrar el caos y el pánico entre la población y las autoridades ucranianas, para obligar a Kiev a sentarse a negóciale la Paz en las condiciones favorables a Moscú.
No es la primera vez que Putin utiliza esta fraudulenta táctica a lo largo de la actual guerra ruso-ucraniana. Hasta ahora todos sus faroles fueron batidos y él obligado a retroceder, perdiendo, tanto en el campo de batalla en Ucrania, como en la palestra internacional, quedándose aislado y repudiado por todo el mundo civilizado.
Tampoco ahora se le va servir a Putin su bluf de turno. El pueblo ucraniano no se doblegará. Las últimas encuestas demuestran que el 95% de la población ucraniana está dispuesta a aguantar todas las calamidades y desastres de esta guerra, antes de rendirse al enemigo ruso.
Entonces, ¿a qué aspira Putin, rechazando el plan norteamericano, que posiblemente – contándose con lo mal que se le están yendo las cosas al presidente de Rusia – sea para él la única salida “digna” de esta guerra criminal que él mismo había desatado? ¿Qué recursos realmente tiene el presidente de Rusia para seguir intentando ganar y doblegar a Ucrania? ¿Dónde está el bluf y la verdadera realidad?
Vamos a analizarlo brevemente.
Uno de los principales recursos del que dispone Putin para la guerra es el recurso humano. Tiene a su disposición – en teoría – unos 25 millones de ciudadanos rusos en la edad de ser llamados a filas. Ya ha sido efectuada una movilización “parcial” de los 300.000 reclutas en septiembre pasado, para tapar con ellos las enormes pérdidas y bajas que ha sufrido el ejército ruso en los campos de batalla en Ucrania durante más de 8 meses que está durando la guerra.
Putin puede movilizar otros 300.000 nuevos reclutas, y el doble y el triple, para que el número de efectivos alcance un millón – un millón y medio. Con esto, él lograría prolongar la guerra y tener tiempo para buscar apoyos entre los pocos “amigos” que le quedan (Corea del Norte, Irán y alguno más), a fin de conseguir los suministros del material bélico que se le está escaseando al ejército ruso y que la industria nacional es incapaz de producirlo en las cantidades necesarias. Y más aún, para armar un ejército “millonario”.
Para mantener un gran ejército, con todos los gastos que esto supone, se necesita mucho dinero. Pero la entrada del dinero fresco en las arcas del Estado ruso, que siempre estaba garantizada por las exportaciones de hidrocarburos a gran escala, se está reduciendo considerablemente a causa de las sanciones internacionales. Y las reservas de oro y divisas disponibles se agotarán en un año-un año y medio.
Otro recurso de Putin es el chantaje de emplear – en el caso de una situación desesperada – del armamento nuclear.
Pero, aparte de la abundancia de los “recursos”, que juega a favor del estratega kremlineano, también existen unos enormes inconvenientes que puede provocar una guerra demasiado prolongada para el régimen de Putin
Entre otros, es la crisis económica y sus consecuencias nefastas para la población del país. El cansancio de las élites económicas y políticas, bajo la presión de las sanciones y el aislamiento del país en la palestra internacional. La creciente bajada de la moral del ejército y de sus comandantes, los principales chivos expiatorios, a los que Putin acusa de ser los culpables exclusivos de los malos resultados en la guerra.
El descontento de todos estos sectores de la sociedad rusa irá creciendo y en algún que otro momento explotará en la cara del inquilino del Kremlin y de los que lo mantienen en el poder.
Y ¿qué recursos tiene Ucrania para oponerse a Rusia y ganarle la guerra? – preguntará el lector.
El primero de todos es una altísima moral de sus soldados y oficiales, así como su gran superioridad profesional ante los militares rusos.
Aunque hay que decirlo, que a lo largo de toda la guerra ruso-ucraniana, el “Occidente colectivo”, con los EE.UU. a la cabeza, estaba suministrando a Ucrania exclusivamente el armamento defensivo, y, además, en cantidades muy “dosificadas”, lo que no permitía a las tropas ucranianas a organizar las operaciones ofensivas a gran escala, para expulsar, cuanto antes, de su territorio al enemigo ruso.
A lo mejor, después de esa humillante repuesta de Putin – el día 14 noviembre, con un masivo bombardeo de las infraestructuras civiles ucranianas – al plan pacificador de la Casa Blanca, la administración de Biden, por fin, quite el veto al suministro a Ucrania del armamento ofensivo, para obligar al Kremlin a sentarse, cuanto antes, a la mesa de las negociaciones.
Así que, quiere Putin o no, pero tendrá que negociar con Ucrania una Paz en condiciones, para entonces, mucho menos favorables, especialmente para el propio dueño del Kremlin, que las que le había ofrecido el Washington hace pocos días.