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ESCRITO AL RASO

Los locos, locos, locos lunes cibernéticos

David Felipe Arranz
lunes 28 de noviembre de 2022, 20:06h

De momento, España se puede permitir el vermú y las tapas del domingo con los niños, que no se puede andar por la calle los días de fiesta ni entrar en una taberna del cristo que hay dentro: la terraza es sacral, reclinatorio “gastro” de fin de semana, porque esa majadería de que entre el viernes negro y el lunes numinoso ahorramos todos, no se la cree ni el que asó la manteca. La OCU, que siempre mira por el bolsillo de los españoles –a diferencia de los políticos–, dice que las empresas aprovechan la campaña y encarecen algunos artículos este día hasta un 3,1%; es decir, que si los marketinianos de brocha gorda aseguran que en el ciberlunes todo es más barato, no se crean nada. Como si comprar en estos días fuese de ser más inteligente y las empresas se convirtiesen algo así como en las ONG del hogar.

La tienda online va camino de la comunidad, el prosumidor, el contenido y la madre de todas las tecnologías, como no queriendo dar a entender que allí se compra y se vende, sino que eso es un espacio donde se vive, se cartea uno –digitalmente– y se le puede hablar a un bot en un chatbot de respuestas automáticas a preguntas impertinentes. “ –¿Tiene vd. una edición de Los Sueños de Quevedo del siglo XVIII? –No, pero tenemos un teclado ergonómico, que le puede ayudar más”. Nos salvamos de las máquinas por nuestras imperfecciones, pero ellas van avanzando, aligerando nuestro esfuerzo, esforzándose en lo ligero… y así. La verdad es que todo camina hacia el comercio electrónico, el doctor telemático, el “bitcoin”, el cibercafé y hasta el polvo en diferido. Las máquinas llevan por fuera la verdad inmutable del plástico y la chapa, y por dentro la esencia del bit, y nosotros buscamos en ellas, como en aquella película gloriosa del maestro Kubrick, 2001. Una odisea del espacio, alguna razón última de nuestra propia existencia, black o cyber. Según.

Cruza el esquife monetario de la transacción económica de nuestra cuenta a la del comercio con gran velocidad, y luego nos damos cuenta de que se nos han ido los dineros, que son muy volátiles –y digitales–, dejándonos un gran vacío en el banco. Por ejemplo, en 2020 se alcanzó la cifra de ventas del negocio de B2C por aquí de 58.750 millones de euros, con repunte estos días y un 16,6% más que en 2019, y eso que estábamos metidos de hoz y coz en la “repandemia” y la ruina moral, mientras que el cierre de 2021 alcanzó 67.000 millones de euro: un 14% más. La compra es fácil y ganar los cuartos, difícil.

Porque la excusa es que hay que comprar los regalos de Navidad, ya que el personal se mosquea si no desenvuelve el celofán y abre el regalito, que cambiará por otra cosa el 7 de enero. Es la descarnadura del regalo navideño en el año nuevo la que ejerce de autodefensa de la razón: casi todo lo que se adquiere, luego vuelve a la tienda, en una suerte de justicia divina. El Bizum también se convirtió en la plataforma de pago emergente, pues subió en 14% con respecto a 2020, que era de un 1%, pues llegaba el fin del mundo y la era de la hegemonía china en forma de virus y había que apretarse el cinturón y mirar de reojo el regalismo y el festejo colectivo.

La manera mágica de instituir unos días consagrados a las compras desenfrenadas es el mejor de los inventos modernos, y los expertos en vender la moto no traducen el Black Friday ni el Cyber Monday porque escuchado o leído en inglés parece que es más autorizado. De ahí que la tarjeta black no termine de ser “negra” y tampoco sea black card, porque así, en spanglish, se rebaja la pena a los consejeros a la mitad de años tomando el sol a cuadros. No es posible encontrar la felicidad en el lunes cibernético, pero sí puede uno dejar a cero tus finanzas, que es una manera de suicidarse, ahora que se ha vuelto a poner de moda y la gente, que está muy loca, loca, loca, salta al vacío con mucha frecuencia. Pensábamos que el sentido común nos salvaba de nuestras debilidades, pero los amos del dinero nos crean estos traumas, nos dicen estas cosas anglosajonas de que hay que revitalizar el comercio, que el dinero fluya con el azacaneo del clic, etc., solo que fluye siempre en un solo sentido: afuera de nuestro bolsillo.

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