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TRIBUNA

El embajador

Juan José Vijuesca
miércoles 30 de noviembre de 2022, 19:00h

Xavi Hernández es a Qatar lo que un conejo a una chistera. La magia es para el mago que sabe dónde y cómo manejar el truco; o sea, dar ese golpe de efecto para que el espectador se crea lo que está viendo, pero que en realidad nunca ve ni siquiera adivina. Xavi ha vuelto a Qatar para hablar de las excelencias del país árabe y demostrar al mundo entero cuan equivocado está con las críticas que se vierten sobre el edén catarí.

En cierta ocasión le preguntaron a un embajador con sede en China por la situación de dicho país: -“Es un país muy grande y lleno de chinos”- respondió sin más. Algo parecido a lo que Xavi refiere cuando le toca hablar de Qatar. A él nada le importa el aspecto social como la falta de libertades de la mujer, el colectivo LGTBI y, en definitiva, la cuestión de los derechos laborales tan faltos de una Yolanda Díaz, pero claro, hasta allí no conviene ir a tratar ni lo referido a los fijos discontinuos y mucho menos respecto de los colectivos de atención prioritaria para la política de empleo.

No obstante, para los de Sumar sería un puntazo que doña Yolanda diera un curso en Doha sobre el Apoyo Activo al Empleo principalmente dirigido a las autoridades cataríes. Hoy en día, en algunas partes del mundo se hace del todo necesario el cómo fomentar la empleabilidad en aquellas personas y colectivos con especiales dificultades de acceso a los puestos de trabajo y Qatar no iba a ser menos. Muy importante dejar claro ante el emir y los príncipes que los colectivos vulnerables de atención prioritaria son las mujeres en general, personas LGTBI, en particular trans, personas migrantes, mujeres víctimas de violencia de género y personas en situación de exclusión social por cuestión de etnia o religión. De tal manera que con Xavi como embajador y Yolanda como ministra plenipotenciaria la cosa podría ser la solución.

Otro espaldarazo para corregir desigualdades sería en clave del gobierno si España llegase a disputar la final del Mundial. El Falcon pintado con los colores del arco iris aterrizando en el aeropuerto internacional de Hamad, siendo recibido por el embajador Xavi Hernández, sería lo más. Pedro y Begoña han encontrado su sitio para alucinar en colores, pues no hace tanto en Bali lucieron dos outfits coordinados en idéntico estampado jacquard en una gama de tonos azules, dorados y morados. Como verán, de ahí al arco iris en Qatar es una simple cuestión de voluntad reivindicativa.

La cosa está en atreverse y demostrar que “Sí se puede” más allá de nuestras fronteras porque nuestra sociedad ha ido mutando hacia algo muy maleable gracias a don Pedro, resto de gobierno y socios para “cerrar filas”, que es una frase muy socorrida y lo mismo sirve para hacerse un Marlaska con la valla de Melilla, que una Irene Montero con su negligente e indecoroso fiasco para tapar las consecuencias del solo sí es sí. Vamos ya por once violadores excarcelados y 38 rebajas de condena.

Exigir que don Pedro vaya a Qatar con intención de hacer grande a España parece un oxímoron en toda regla. Ahora mismo España limita al Norte con las anchoas de Revilla y al Sur con los espetos de sardinas y poco más, porque Marruecos ya ha puesto el foco sobre los peñones españoles de Alhucemas y Vélez de la Gomera, y a las islas Chafarinas, de Alborán y Perejil. ¿Qué será lo siguiente? ¿Tal vez Ceuta, Melilla, Alcorcón y Fuenlabrada? Me olvidaba que el centro peninsular lo pone doña Isabel Díaz Ayuso, eso sí, rodeada por tres cuartas partes de adversarios y una cuarta parte compuesta de ovarios abulenses. Así pues, prescindiendo de otros estandartes, banderas y demás gollerías típicas, mucho me temo que la marca España, más allá de nuestro puzzle político, lo único que nos queda es dar la nota y de eso ya se encarga don Pedro vendiendo el país por trozos y sin escatimar precio. Y con este legado de luz vamos tirando que no es poco mientras en la era Sánchez ya se ha disparado un 44% el índice de miseria en España, pero ya se sabe que la frialdad de los datos económicos no interesa a casi nadie. Lo importante es pegarse a la televisión y presenciar el partido de fútbol entre Costa de Marfil e Islas Feroe (o similar). Por eso insisto en que lo conveniente para darle emoción al Mundial sería pintar el Falcon con los colores del arco iris y cada miembro del gobierno aterrizar en Qatar luciendo el brazalete “One Love”. Así, con un par de huevos.

Con todo este circo no me extraña que haya saltado a la palestra Xavi Hernández, el mejor embajador del Mundial de Qatar, según los expertos en protocolo y diplomacia, y no digamos en su condición de máximo preceptor del balompié mundial como entrenador dirigiendo desde el banquillo nada menos que al club Al Sadd de la Qatar Stars League. Impresionante trayectoria parecida a la de Feijóo al frente de la Santa Compaña en noche cerrada y tupida niebla como un alma en pena sin rumbo.

Y así estamos por dentro y por fuera. Por cierto, ¡¡Goooool!!, de Islas Feroe.

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