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LA NORMALIDAD PARLAMENTARIA

jueves 01 de diciembre de 2022, 13:34h
Seguramente con razón, las nuevas generaciones asisten asombradas a la acritud de...

Seguramente con razón, las nuevas generaciones asisten asombradas a la acritud de los debates parlamentarios donde se han desmandado los insultos y las descalificaciones personales. A lo largo de los cuarenta años que la actual democracia española vive en la Monarquía de todos, hemos asistido a fuertes tensiones sin que se haya perdido hasta ahora el respeto a los demás ni tampoco el lenguaje que exige la institución parlamentaria sede de la soberanía nacional.

Dicho todo esto, tal vez convenga recordar, de acuerdo con los historiadores del parlamentarismo español, que la “normalidad” democrática ha sido a lo largo de los dos últimos siglos, junto a la mayoría de expresiones de altura intelectual, el desborde del insulto, la imprecación y la violencia verbal. Conviene tenerlo en cuenta, antes de rasgarse las vestiduras por los escarceos, lamentables por supuesto, a los que hemos asistido en los últimos días. Pedro Sainz Rodríguez, que fue diputado en la Asamblea de la dictadura de Primo de Rivera, intervenía una tarde en el hemiciclo de la II República cuando algunos diputados socialistas le interrumpieron, increpándole: “Asambleísta, asambleísta, asambleísta”. Y desde la tribuna, Sainz Rodríguez contestó: “¡Cabrones, cabrones, cabrones!”. Sobre todo, en las etapas posteriores a la caída de Isabel II, el Congreso se convirtió en ocasiones en cueva de víboras, los insultos se multiplicaron, las imprecaciones restallaron ofendiendo a unos y otros diputados que, en más de una ocasión, se enzarzaron en peleas físicas con la violencia incontrolada.

Parece lógico que lamentemos algunas intervenciones que están fuera de lugar, y también las ruidosas reacciones que han provocado. Pero casi siempre ha ocurrido lo mismo en la “normalidad” parlamentaria. Próximas las elecciones autonómicas, municipales y, sobre todo, generales, y decidido el sanchismo a no perder el poder, se presenta un año 2023 especialmente tensionado, con los partidos políticos, cada vez más desdeñados por la opinión pública, dispuestos a todo. Y, por cierto, las violencias parlamentarias se han desatado y se desatan en Parlamentos de naciones con gran tradición democrática. Antes nos lo contaban periodistas e historiadores. Ahora contemplamos las lamentables escenas en las pantallas de televisión.