www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LOS PARTIDOS POLÍTICOS, EN EL ÚLTIMO LUGAR

viernes 02 de diciembre de 2022, 12:40h
Desde 1990, los partidos políticos ocupan el segundo o el tercer lugar entre los diez...

Desde 1990, los partidos políticos ocupan el segundo o el tercer lugar entre los diez grandes problemas que agobian a los españoles. Se han convertido, salvo aisladas excepciones, en agencias de colocación de parientes, amiguetes y paniaguados. Ponen de forma sistemática el interés del partido por encima del interés general y se financian sustancialmente con dinero público, a través de los Presupuestos Generales del Estado que ellos mismos aprueban. Han rechazado siempre un artículo que se debió incluir, pero no se hizo, en la Constitución: “Los partidos políticos y las centrales sindicales no podrán gastar un céntimo más de lo que ingresen a través de las cuotas de sus afiliados”. Mes tras mes, año tras año, las encuestas del CIS han reflejado el escepticismo, el desdén o la indignación con que los españoles contemplan la acción de los partidos políticos.

La Fundación BBVA acaba de publicar una encuesta, científicamente irreprochable, sobre la confianza de los españoles en sus instituciones. La sanidad pública, la Policía, el Ejército, las organizaciones ecologistas y los periódicos ocupan los cinco primeros lugares. Los partidos políticos cierran la lista como la institución peor valorada por los españoles.

Parece claro que se hace imprescindible una democratización profunda de los partidos políticos que en lugar de ser solución para los problemas de España se han convertido en uno de los principales problemas que agobian a la nación. Pero cuidado. Mucho ojo con la crítica a la situación del partidismo en España, porque del rechazo a los partidos que se produjo en los años veinte del siglo pasado se derivó el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania, el estalinismo en Rusia, el franquismo en España y el salazarismo en Portugal. La fórmula del partido único o la supresión de los partidos es todavía mucho peor que la situación actual que exige, eso sí, atención profunda y corrección democrática inmediata.