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EN LA FRONTERA

La hija de Juan Simón

sábado 03 de diciembre de 2022, 19:18h

Estrenamos los españoles un puente, el más largo del año, que hace que la próxima semana sea de regocijo y fiesta para todos. Por lo menos así tendría que ser, no solo por el hecho vacacional, sino porque celebramos el día más grande de nuestra democracia: la Constitución, a pesar de que unos cuantos “filo-lo que sean”, den a la espalda a un texto que les permite estar sentados en sede parlamentaria y decir burradas de todo tipo.

Por eso me siento triste y de ahí el título de este artículo, “La hija de Juan Simón”, una canción que interpretaba maravillosamente Antonio Molina y de la que tengo el recuerdo de ver llorar a mi madre, cada vez que la oía a través de ese imponente aparato de radio de lámparas que teníamos en un mueble al lado de la mesa de camilla, con faldas, que recogían el calor de un brasero.

Hoy esa letra está para mí de inquietante actualidad cuando veo que la hija de Juan es España y el enterrador es quien nos gobierna, con sus aliados, que son capaces de llamar fascistas a cualquiera que no rece o comulgue con sus ideas. Y perdón por nombrar a los verbos “rezar” y “comulgar” y esa pandilla me condene a lo más profundo de sus infiernos. Y es que como cantaba Antonio Molina

“Ella se murió de pena
Y yo, que la causa he si'o
Sé que murió siendo buena
Ella se murió de pena
Y yo, que la causa he si'o
Sé que murió siendo buena”

Y sabemos que Juan Simón era y es el único enterrador y él está cavando la fosa, eso sí sin murmuran una oración. Por eso estoy triste. Soy de los españoles que pasamos de la dictadura a la democracia ejemplarmente. Con un acuerdo o consenso entre todos. Soy de los periodistas que recibimos confidencias de políticos de uno y otro bando, que supimos respetar y que aún guardamos en nuestra cartera. Por eso me duele cada vez más, que en nuestro país haya personas que gocen queriendo enterrar a España y todo lo que representa nuestra nación, llevando en una mano la pala para abrir el suelo a acuerdos terribles para nuestro futuro y en el hombro el azadón para hacer más profunda la herida.

El próximo año, por estas fechas, volveremos a celebrar nuestra Constitución y espero que, si no se han celebrado ya la elecciones generales, falten pocos días para que llegue ese deseado cambio por el respeto y la concordia y que el enterrador se haya ido o esté a punto de hacerlo, a lugares donde la tierra es dura y recuerde la letra:

“Soy enterra'or y vengo
Soy enterra'or y vengo, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!
De enterrar a mi corazón”

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