Excelente iniciativa de la editorial Cátedra de recuperar Franziska, de Ernst Weiss, autor nacido en 1882, en la localidad checa de Brno, en ese momento encuadrada en el imperio austrohúngaro. Y mucho más hacerlo en una magnífica edición a cargo del profesor, escritor y traductor Carlos Fortea, que incluye una clarificadora introducción que se ocupa no solo de esta novela, sino de la figura y la obra en general de Weiss.
Estudia Medicina en Praga y en Viena, donde asiste a las clases de Freud. Atraído desde siempre por la literatura, frecuenta los círculos literarios y entra en contacto con varios escritores, especialmente con Franz Kafka, a quien le unirá una amistad, si bien con altibajos. De ascendencia judía, Weiss, al llegar Hitler al poder, se exilia en París en 1934, donde vivió con numerosas estrecheces, ayudado, no obstante, por Thomas Mann y Stefan Zweig. Cuando el ejército alemán invade la ciudad del Sena, Weiss se suicida el 14 de junio de 1940 en la habitación del Grand Hotel Trianon, ingiriendo veneno y cortándose las venas.
Weiss tiene en su haber numerosas novelas. Así, entre otras, El seductor –dedicada a Thomas Mann-, y El testigo ocular, protagonizada por el propio Hitler. Sin duda, Franziska, subtitulada La lucha, es una de sus mejores obras, publicada originalmente en 1916. Con un enfoque expresionista, nos cuenta la historia de quien le título: la joven Franziska, aspirante a pianista, que intenta con denuedo y esfuerzo triunfar como artista. Pero se cruza en su camino Erwin, con el que establecerá una tensa y compleja relación sentimental que la decepcionará. Weiss traza un espléndido retrato de la protagonista, una mujer independiente y con gran fuerza de voluntad. Franziska es dura y con un punto de frialdad. Sin embargo, esa frialdad está motivada sobre todo por la necesidad de endurecerse. El análisis de los otros personajes, Erwin, Hedy..., resulta convincente y sólido. Muchas son las cuestiones que se abordan en la novela como la ausencia de un padre, sufrida por el propio Weiss que se quedó huérfano a los cuatro años de edad, que recorre toda su producción, como bien destaca Carlos Fortea en la introducción.
Quizá nadie mejor que Fortea para resumir el alcance de Ernst Weiss: “Fue mucho más que un amigo de Kafka. En una época repleta de genios, en la que autores como Joseph Roth convivían en el tiempo (y en el sector editorial) con Thomas Mann y con Stefan Zweig, Weiss logró establecer su categoría, incluso a pesar de ser preterido por el gran público. Sus textos dan muestra de un dominio excelente de la lengua, de una inmensa riqueza metafórica”. No pierdan esta oportunidad de acercarse a un escritor que acertadamente Fortea incluye en “el catálogo de los imprescindibles”.