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PÁLIDA CONDENA

Montevideo (V)

Miguel Ángel Gómez
lunes 19 de diciembre de 2022, 20:47h

Hay once taburetes en el café de color blanco. Más lejos aún, en la columna, un cartel con: Desayunos. After Work, Wine bar. Libros en la mesa. Especies de espacios, El discurso amoroso, Short movies, Barra siniestra. Cuelgan del techo varias lámparas inglesas. Un ramillete de flores que apresuran el fin y un comienzo de nuevo. Tartas, acá y allá, una sucesión de chocolate que desear ferviente. Repensando en Montevideo, decido considerar una tumultuosa restricción formal del pasado. Términos radiantes de acuerdo con una pauta bien equilibrada: real, censura, supremo, divierte, prueba, y: permanente, catástrofe, atenazar, dia (rio), iletrado…

(quiero ponerme en serio con ello, vivir gozosamente con este proyecto, a través de él, por él, sin esbozos de convocatoria urgente). Acude tentador a mi mente un tiempo que se revela en su estilo, en un lenguaje que se crea por sí mismo como se creaba en Kafka, Beckett, Bernhard. Como un matemático, como un jugador de ruleta que apuesta al azar y tiene las mismas probabilidades de ganar que un jugador que no pasa por alto una fórmula infalible, el Creador tiene el Todo, que es la ficción que se expresa por y a través de la imperfección. La búsqueda de la realidad nos hace tener un movimiento serpenteante a través de incalculables dimensiones, latitudes, pruebas y misterios. Las condiciones son la materia de la vida, el signo mismo de la vida. El “sea” de un escritor, de un jugador de ruleta, es la bala con que se dispone a trabajar. Ni que decir tiene que Vila-Matas es un lector inmediato. Y durante décadas ha sido un escritor bien acogido por unos y protestado por otros. Su originalidad es estar absorto descifrándolo todo. La personalidad de Enrique Vila-Matas flota en un desierto reluciente. En el viaje de la lectura se siente feliz y orgulloso de no marchar con las masas.

Estoy otra vez en el punto de partida de Montevideo. Doy una vuelta por las calles recordando mi primera impresión en la novela de Enrique Vila-Matas. Lo supremo es quedar en tu café, sin comer, sin leer, sin moverte, aporreando el piano semidesmontado de la literatura. ¿Cuántos centenares de veces he escrito la palabra Montevideo? Lo operativo vendrá comenzando a delimitar arbitrariamente el campo operativo, que es como una luna que se ha extraviado de su órbita, digamos. No soy lo bastante débil como para ceder. A las 18h 16 min me desplacé en dirección al cenit del artículo. Lo lógico −si cabe invocar aún la lógica− es que este artículo que es una prueba, salga a las 24h: de ocurrir algo, a las 18h 18 min, 48 h después. Apelo a las fuerzas agotadoras de lo irracional. ¿Ensamblar lo ensayístico con lo narrativo? Me siento verdaderamente perdido en Montevideo, sumergido en Montevideo. ¿Cuál es mi opinión sobre esta novela? −Me hace tener literatura. La pared del café está tapizada de vinilo blanco, el suelo de madera con conocidos temblores. Ningún elemento decorativo ameniza el lugar cuando levanto mi taza hasta mis barbudos labios. Muchos sentidos aquí para la palabra «Montevideo», muchos tipos de Montevideo, o más bien muchos lugares (insisto). El deseo de viajar, y, por lo tanto, el texto revisando mis cuadernos y mis deberes anteriores.

Un ensayista que narra, Enrique Vila-Matas, para dar en cada fragmento con un tictac de pisadas fugitivas, en cada obra como esta, la sensación del todo, conforme vamos avanzando… Vila-Matas no es como Thomas Mann, solo un inventor habilidoso. Evidentemente, hay equivalencia y permutación. Puerta / Hotel (giro de la rueda con puntos especialísimos que conoce mejor de lo que pueden conocerlos los efímeros críticos). Escribí 2500-palabras y suprimí cumpliendo con un deber desagradable. El sujeto del hotel está allí con los ojos vendados y esperando, esperando. El género fantástico es un pie, dos pies, uno, otro. Dos pies otra vez y quedarse así unos cuantos minutos.

El objeto de este artículo es lo que hay exactamente alrededor, como una hilera de cajas de sombreros. Quiero escribir indicando el tamaño, el color y estado de cada uno de los sombreros. Nada me impide imaginar un sombrero. ¿Quién frente a un libro del escritor barcelonés no ha pensado nunca que era indestructible? Técnicas del sueño: transformar la vida en literatura, que es como vagar por los sombríos pasillos de un castillo. Entonces hoy, no dejo de mirar el mundo con ansiedad. ¿Qué es la otra dimensión? ¿Por qué hay otra dimensión? ¿Qué derechos tiene la otra dimensión? La otra dimensión hace que de pronto las luces se apaguen como cortocircuito o algo parecido. Escribo… Escribo que escribo como si fuera un borrador de Montevideo. Confundo vida y literatura. Desato una escritura invasora. Mi mente no está gastada, agotada, con Montevideo. Y yo soy el sol ardiendo llegando a casa atribulado de ambiciones. Viejo sol ardiendo con Montevideo, como un caballo fiel a su modelo. En algún lugar alguien nos recuerda. Tipejos cascarrabias y pestilentes sienten un raro pánico. Mi corazón, como el de Vila-Matas, está con la convicción de no hacer trampas.

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