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TRIBUNA

Sesión continua: las películas de José Luis Garci

Javier Mateo Hidalgo
jueves 22 de diciembre de 2022, 19:54h

Si hay un cineasta español que represente desde hace décadas la memoria prodigiosa del séptimo arte, ese es José Luis Garci. Un conocimiento desbordante que se ha visto reflejado en multitud de volúmenes ensayísticos —Ray Bradbury, humanista del futuro (1971), Morir de cine (1990), Solo para mis ojos (2009) o Noir (2013)— así como en revistas —principalmente la que él mismo fundó, Nickel Odeon (1995 y 2003)— y en programas televisivos. Uno de los más emblemáticos fue Qué grande es el cine (1995), cuya inolvidable cabecera tenía como banda sonora la melodía de Moon River ideada por el gran Henry Mancini para el film de Blake Edwards Breakfast at Tiffany's (“Desayuno con diamantes”, 1961). Muchas personas de mi generación crecimos disfrutando de las lecciones magistrales sobre séptimo arte que Garci ofrecía seleccionando diferentes filmes icónicos para su visualización, así como de la presentación previa que de ellos nos brindaba y del coloquio posterior que desde aquella tribuna tejía, rodeado de invitados tan ilustres como Juan Miguel Lamet, Miguel Marías, Eduardo Torres Dulce o Antonio Giménez Rico. En dicha mesa redonda se hablaba de lo divino y de lo humano bajo la nebulosa del humo de los cigarros. Era como si a través de un agujero se concediera al público televisivo el privilegio de “espiar” una charla de café llevada a cabo por algunos de los más interesantes nombres del séptimo arte español. El tiempo no existía, parecía detenerse, muy al contrario de lo que sucede ahora en televisión, con sus prisas en ese afán de no perder audiencia. El público —o, mejor dicho, el share— parece estar ganando el combate, por encima de la calidad en la programación. Algo en sí fuera de toda lógica, pues lo que debería primar sería la oferta de un contenido esencialmente educativo y cultural —sin que por ello carezca de interés— que humanice al espectador y no le embrutezca o anestesie.

Ese tiempo ralentizado en Qué grande es el cine —que permite el disfrute y el deleite en la contemplación y asimilación de información— parece verse reflejado en la filmografía de Garci. Sus títulos, aunque dispares entre sí, tienen en común ese amor y entrega al séptimo arte. Quizá aquel donde esto se ve más claro es Sesión continua (1984). Su historia narra cómo los cineastas y cinéfilos Federico Alcántara (Jesús Puente) y José Manuel Varela (Adolfo Marsillach) vuelven a reunirse desde su amistad para afrontar un nuevo proyecto fílmico. El primero justificará la forma de ser de ambos de la siguiente manera: “No somos tan raros… lo que pasa es que estamos hechos del material con el que se fabrican los sueños, eso es todo”. Una frase extraída de Shakespeare y de Sam Spade —personaje de The Maltese Falcon (“El halcón maltés”) en la que Garci refleja a la perfección el mundo del cine como “fábrica de sueños” hollywoodiense. Su origen aunaba productividad y fantasía, como en una cadena de montaje fordiana, destinada a crear productos que entusiasmaran al público. El segundo personaje del film expresará también una frase lapidaria, en este caso para justificar ese amor al cine que tal vez les evadió en exceso del mundo real: “Ese ha sido nuestro error… amar el cine y no la vida… Para nosotros la vida está los 100 minutos que te tiras en la sala…” Ahora, en el ocaso de sus vidas reflexionan sobre ello con cierta melancolía, palabra ésta que también tiene un profundo sentido en el cine de Garci. Su origen etimológico refiere a los conceptos de “regreso” y “dolor”. Es decir, volver a padecer recordando el tiempo pasado, lo que pudo ser y lo que finalmente fue.

El cine de Garci reflexiona en torno a la memoria individual y comunitaria. Es decir, la condición humana y la condición social con la que se construye la “Historia” y la “historia”. No importa la época en que nos encontremos, de ahí su universalidad: del tiempo presente de la transición donde se perfilan sus primeros títulos —Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978), Las verdes praderas (1979), El crack (1981) o la oscarizada Volver a empezar (1982)—, pasando por ese viaje al pasado resultado de diversas adaptaciones literarias que llevó a cabo —Canción de cuna (1994), La herida luminosa (1997), El abuelo (1998) o Luz de domingo (2007)—.

Ahora, a pesar de que el maestro se encuentra reticente a ampliar su lista de filmes, nos continúa regalando perlas de su buen hacer con más libros y programas de televisión e incluso radiofónicos. A su colaboración en las ondas como invitado en Cowboys de medianoche (esRadio) hay que añadir su programa televisivo Classics en 13tv —donde se sigue la fórmula de Qué grande es el cine bajo una estética en blanco y negro, como homenaje a ese cine del que Garci se siente tan deudor—. A su trabajo se suman otras publicaciones sobre su figura, como el trabajo recientemente publicado de Andrés Moret Urdampilleta titulado Una vida de respuesto: el cine de José Luis Garci (Hatari! Books) que demuestran que el cineasta no sólo está de plena actualidad sino que es plena actualidad. Deseamos que así siga siendo por muchos más años, maestro.

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