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DESDE ULTRAMAR

Ante un año atronador, nos queda el Diccionario

Marcos Marín Amezcua
jueves 29 de diciembre de 2022, 19:16h

El año que concluye ha sido de esos que catalogo de tenso, denso e intenso. No lo suelen ser todos los años. 2022 sí que lo fue. Nos vio regresar a cierta otrora normalidad, no toda, pues tengamos muy presente que la pandemia por el COVID-19 no ha terminado. Por eso, es fastidioso leer quejas acerca de que se utilice cubrebocas o sobre tales o cuales precauciones. Es lo menos que merecemos preservar por la seguridad de todos. Es tan sencillo de entender…

2022 nos recuerda que somos sobrevivientes de una pandemia sin precedentes y ello, considero, nos debiera instar a cambiar para bien, aunque como me lo manifestó un amigo poeta a pregunta expresa, prevalecen severas dudas sobre qué sucederá y yo comparto su sentir. Me gustaría ser más optimista acerca de que seremos mejores, empero la realidad es terca y no adelanta que lo seremos. ¿Ya somos resilientes? no lo sé; y, si bien, cerramos con expectativas contradictorias tan indefinidas como en el año 20 o en el 21, la incertidumbre descuella con las amenazas de una reactivación del coronavirus o la mayor diseminación de enfermedades como la viruela símica o del mono. De la economía ya ni hablar. Mas de momento, me basta conque seamos conscientes de que somos supervivientes, lo que no es poco.

Siempre el finalizar un año se troca en una ocasión magnifica en medio de los más excelsos adagios y mejores deseos expresados con motivo de estas fechas luminosas, muestra de un indoblegable espíritu renovador que nos asiste y nos prodiga fortaleza y ánimo revitalizador. Implica plantearnos si podemos regenerarnos, si seremos capaces de superarnos y de apostar a un florecimiento, tonificando nuestro talante, vigorizando nuestras aptitudes en pro del prójimo de una manera de ser que nos honre y prodigue excelsitud y solo pueda resumirse en la manifestación de un carácter más elevado, de una forma tal que resulte no solo provechoso y reconfortante, sino tirando a un encuadramiento de nuestro ser, más digno, más loable, más dispuesto. Ello confirma que no claudicamos en pretenderlo. ¿Es mucho pedir? Encarezco a sus mercedes a intentarlo, siquiera.

Ha sido un año que por varias razones, implica un cambio de época: porque se aminora la pandemia, retornamos masivamente a cierta realidad que habíamos abandonado, pospandémica, que puso un fin definitivo a la idea de la paz europea posterior a la II Guerra Mundial, tornándola endeble otra vez, ya en un contexto de Segunda Guerra Fría y, peor aún, tal y como lo menciona Su Santidad el Papa, comprometida en una tercera guerra mundial a pedazos. Cierto, la guerra de Balcanes ya lo anticipaba. La Posguerra europea no ha estado exenta ya de conflictos militares. Ese cambio de época atestiguó un Mundial que puede ser el último de ciertos figurones y registra el cese del reinado de Isabel II, hecho que de consuno es un cambio de época. Es 2022 un año de parteaguas, considero.

Un año que aún nos aguardaba sorpresas de última hora, tales como esperar con curiosidad y expectación –no exento de cierta dosis de incredulidad– el anuncio anual de la Real Academia (RAE) en comunión con las restantes, de los nuevos vocablos, acepciones y expresiones reconocidas que se incorporan al Diccionario de la Lengua (DLE), que entre otros suma algunos nada nuevos y que, como suele sucederme, es que me despiertan hasta sorpresa por la tardanza de añadirlos después de décadas de emplearlos, tales como la voz «portuñol». Otros los veo acertados, dado que ya los conocía y robustecen el idioma, lo cual siempre es plausible. Naturalmente, hay giros que no encuentro en mi entorno mexicano. Este año veo mucho vocablo más apegado al habla peninsular. Sin embargo, hay aportes interesantes más universales.

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Si bien hay avances, es verdad que sigo echando de menos algunas palabras ausentes, poniendo por ejemplo a «despachador» –el cacharrito que dispensa turnos o papeletas numeradas ordenando la fila–, «parteaguas» –ruptura en el tiempo [la utilicé dos párrafos arriba]–, «pareidolia» –la consabida visualización de figuras en un objeto, donde no las hay y proviene del inglés, derivada del griego que soporta nuestra lengua– y «cibergrafía» –el listado de fuentes consultadas obtenidas de Internet–, además de no recuperar la bonita palabra «citramar».

Por otra parte, hagamos dos apreciaciones: la primera: no cabe duda de que se trata de un acierto poner la pestaña, la liga, para consultar toda la reforma anual correspondiente a 2022, pero no desmerecería separar cada acción emprendida. Ayudaría a identificar las palabras incorporadas, distinguiéndolas de las frases, ideas y adiciones a vocablos ya recogidos. En todos los casos, siguiendo un celoso orden alfabético por cada grupo, como correspondería. Habría más orden.

En ese sentido, no obstante que se apreció un incremento de vocablos añadidos, una actualización más al día empalmándola con la velocidad con la cual surgen y se consolidan aquellos en el habla cotidiana –lo que honra al Diccionario y a sus gestores– no estaría de más dejar muy visibles las ligas de años pasados colocándolas más a la vista (hay que andarlas buscando) y que la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) creara un buzón de palabras muy visible en cada página institucional, y con él todos los hablantes pudieran remitir aquellas con las que se tropiezan, de forma tal que se acreciente el número de expresiones existentes y factibles de considerarse y puedan ser incorporadas más rápidamente. Una ficha a rellenar con requisitos tales como vocablo, contexto, país o zona geográfica y ejemplo de uso. Cualquiera interesado podría hacer un aporte. Y, desde luego, que los académicos sean quienes los valoren.

Centrándome en las palabras novedosas de 2022, me quedo con «amsterdamés», «anticomunitario», «bahamés», «bariatra», «conspiranóico», «curatorial», «desquiciante», «direccionar», «elitizar», «estiramiento» (de la piel, por operación anti-arrugas), «garciamarquiano», «macrodatos», «mamitis», «mediofondo», «micromachismo», «monodosis», «neurocientífico», «nosocomial», «panetone», «puntocom», «rabatí», «uña» (por desgrapadora, usada de toda la vida), «violagambista» y «yemenita». A “mamitis”, añádanle mofa y ya queda mejor.

Me sorprende que no se contemplaran antes «brecha» (como distanciamiento), «corte» (interrupción de la programación habitual de un medio), «habemus» (usada de forma jocoseria), «hemerografía», «mantarraya», «tema» (como composición musical moderna), habituales para mí. «Ma» y «pa», de siempre, aunque personalmente jamás las he utilizado. Espero que los mexicanos ya pongan orden en su entender con la palabra «chilango». El problema deriva del espacio territorial político que la contamina, provocando su innecesaria imprecisión. Expresiones tales como «camino de mesa», «comercio electrónico» o «vida útil», ya era hora sumarlas, como sucede con la acepción añadida a «transparente» aludiendo a la adecuada gestión o encomienda.

Celebro que la RAE desestime otra vez el lenguaje inclusivo. Yo detecto dos cosas: la gente no lo usa, en general, y entre personas que sí, una minoría muy mínima, van forzando las expresiones o cayendo en trampitas elementales como mal suponer que la “a” es femenina y la “o”, masculina, erróneamente. ¿Seré “artisto” y “colego”? Hasta han elaborado manuales y paso de ellos. Mi formación lingüística se acrecienta distinguiendo razones y normativa que rechaza el tono impositivo de esa “inclusión” que no tengo necesidad de tolerar ni de admitir. Se habla en libertad, bajo la regla genérica para todos y los lingüistas serios han señalado que no hay machismo per se. A mayor abundamiento: seguiré evitando cursos universitarios que pretenden que el profesorado se exprese de tal o cual forma. Vamos, un rebuzno brutal. Lamento la ignorancia de los ponentes y que se traguen el cuento. Reitero: nuestro idioma cuenta con normativa que facilita comunicarse. Solo no lo consigue quien no la sigue o la repudia, pretendiendo imponer las propias. Es cuanto. Por mi parte, reciba mis felicitaciones por el Año Nuevo y que la próxima Nochevieja de 2022 le sea grata y venturosa hacia 2023.

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