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TRIBUNA

Pelé, Benedicto XVI, la Preysler, Campanadas, Reyes Magos…

Marcos Marín Amezcua
jueves 05 de enero de 2023, 19:53h

Para nuestra sorpresa, la guadaña no se contuvo, no ha cesado su tenebrosa labor, sino hasta en las últimas jornadas del Año Viejo que yo me decanto por escribirlo así, con mayúsculas. Se anotó dos tantos. Cegó las vidas del rey Pelé y la del papa emérito Benedicto XVI, ambos ya de salud menguada, anadiéndolas al listado de celebridades fenecidas en el trepidante 2022. Implacable, imparable, La Parca no se limitó, no se privó de alcanzarlos, como si llevara prisa o no quisiera dejarse pendientes. Muy macabro, sin duda, hasta cierto punto.

Cada cual de los aludidos fue importante por su propia biografía. El “Rey del fútbol” lo apodaron, que, después de consagrarse en el Mundial de México’70, pasó a una suerte de cómodo retiro, a vivir del cuento, pues, que es otra manera de decirlo. Astuto. Desde que era niño oí solo hablar de él y como ni viví el Mundial de México’70 en el cual se consagró ni lo vi jugar después, ergo de las pocas ocasiones que le recuerdo, ninguna en la cancha jugando –que es por lo que trascendió a la Historia– acaso dejó como su última intervención destacada cuando cerró, como un punto final, el número con el cual se presentó Río de Janeiro en la clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Un añadido que no venía mucho a cuento, pero bueno, sumó. Se ha ido y el mito queda sacralizado para siempre. Ahora que…ponerle su nombre a un estadio en cada país, tal y como ha sugerido Infantino, me parece excesivo y desproporcionado. Eso sí, siempre me pareció un sujeto afable, que supo administrar la fama.

El fallecimiento de Benedicto XVI nos deja la potente imagen del papa Francisco postrado orando ante su egregia figura. No es una escena frecuente. Los papas reinantes no coinciden con sus predecesores ni asisten ni presiden sus funerales. Aun los vicarios de Cristo que abdicaron –ellos sí– dudodasamnete fueron velados en San Pedro del Vaticano y en presencia de sus sucesores, sino que, tal vez, si acaso, murieron recluidos u olvidados, apartados de aquellos. Es más probable que expiraran en solitario o defenestrados. Ahora, en cambio, acontece como lo menciono al inicio de este párrafo y su testamento espiritual deja más dudas que respuestas, acosado acusado de encubridor. Casi transcurrió una década entre su sorpresiva renuncia y su deceso. Y eso que arguyó apartarse del solio pontificio por no serle posible sobrellevarlo. Dijo: “ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.Se presumió agotamiento y casi casi, su muerte. Pues mire usted, gozó de cabal salud casi diez años más y eso también anótese en el libro de Clío. Un pontífice para el que tuvo que inventarse desde una denominación, emérito, a unos protocolos funerarios peculiares, para un pontificado peculiar, que no permite olvidarnos de que gustaba del boato y de recuperar viejas usanzas –del camauro y el saturno, la muceta pascual o el fanón papal al latín en la misa, en franco y, para mí, condenable retroceso frente al poderoso espíritu del Concilio– que tanto le agradaron en vida y que tanta exaltación anormal, fuera de época y que sí le gustaba, contrasta con su última voluntad de recibir un sepelio “lo más sencillo posible, solemne, pero sobrio”. Es que no puede olvidárseme su regocijante mirada ante la tiara que le obsequiaron sus paisanos. No se la colocó por prurito de ser medido en público. A saber intramuros cómo lo fue. No faltó quien aplaudiera retomar ciertas vestimentas. Sin embargo, se veía más anacrónico que reivindicador. Se va como un incomprendido. Y como quien ya no pudo ocultar o minimizar los escándalos de pederastia sacerdotal que pudren a toda la iglesia Católica. A toda. Ya fue imposible.

Sí, Ratzinger será también el hombre que, antes prefecto para la Doctrina del Fe, cancerbero de Juan Pablo II y de los mandamientos de la Santa Madre Iglesia, fue, además, el intelectual de profundas ideas, que tuvo para todos una postura, incluso cancelando el diálogo con el mundo musulmán, que igual, antepuso indebidamente atender primero a los alemanes, lo que restó universalidad a su ministerio, que no debió perder por sesgar sus intereses y preponer el pasaporte. No fue casual que las primeras entrevistas las concediera a medios germanos. Quizo primar mejor atender sus pensamientos y renunció de súbito al papado. En eso, hay congruencia. Tuvo que lidiar con no ser popular como Juan Pablo II y no poseer ese carisma atrapamultitudes. No, su rictus no lo ayudaba, su forzada sorisa o, al menos, nada estética, no lo compensaba. Mal, en un mundo hábido de iconos y tan urgido y necesitado de referentes que no lo pongan a pensar hincando los codos. En todo caso, es verdad que la estampa de dos papas reuniéndose siempre fue interesantísima como extraña, por extraordinaria. Dos ungidos, después de todo, qué fuerte.

Si el año que terminó fue complicado, el que inicia ya pinta maneras. No da tregua, aunque, claro, no todo es funerales pontificios. Decía mi abuelo que es más loca la tarde que la mañana y sí, no lo dudo. Y lo menciono porque al estupor que causa que la Preysler rompa con Vargas Llosa por culpa de la Falcó –que brincó El Charco para hablar a México de la sacralidad de la familia, mientras vivía bajo el mismo techo con su novio sin casorio de por medio [congruencias veredes], antes de romper y regresar y, sí, muy su techo y muy su vida– y que de tal ruptura entre la socialité y el nobel, lo mismo puntualizan las amigas íntimas de ella que igual habla Lequio, figúrese, sumamos que a la ex de Julio Iglesias la relacionen con Florentino Pérez. Tira a matar, dicen. Otros lo niegan. Añadimos lo de Luis Miguel paseándose con Paloma Cuevas en El Corte Inglés. Es el no va más. Ella, una dama, él, para servidorito, infumable. Y por si faltara, el debate desencadenado por la intervención atropellada de Ana Obregón en las Campanadas de Televisión Española. Al respecto, desde México, yo sí tengo algo qué opinar y muy distinto a lo leído en estos días a tirios y troyanos por igual. Desde hace unos 26 años las sigo. Me doy mi tiempo para verlas aun por la diferencia horaria. ¿Qué he observado? Cada vez, menos pasan imágenes de la gente en la Puerta del Sol –que es la verdadera protagonista, no los conductores de turno– cuya originalidad y folklorismo le imprimen su colorido más genuino al feliz momento y enriquece, pinturera, la imagen más castiza de Madrid; y apenas se enfoca la carátula del reloj que “como de año en año” marca el paso de uno a otro y, en cambio, se ha procedido a privilegiar a quienes las dan. Fatal e innecesario.

Es una pena hacer eso, porque a los de fuera, quienes en ultramar por ejemplo y es mi caso, en consecuencia nos perdemos de postales que lo merecen de ese emblemático punto madrileño, nos recentan unas veces sí y otras a medias, momentos chuscos de los presentadores, pero igual una que otra gracejada y nos preguntamos para qué. Se avientan unas peroratas con tomas fijas a sus rostros, que atosigan. Total, es lo que hay, me imagino. Mas en todo caso, tras de un cuarto de siglo si es que ello me lo ha permitido saber, no nos olvidemos de que estamos hablando de una ocasión anual mágica, entrañable, sí, pero debiera prevalecer más la alegría y el optimismo por el porvenir, que asistir a un instante sombrío, plañidero o para oír las lamentaciones personales de la Obregón, cuyas perdidas son terribles, pero que así demerita el momento y salen sobrando. Sí, no es ni el momento ni el lugar como los ha usado la celebridad. Ya la oímos jeremiquear en 2020, no pudo ser en 21 y otra vez erre que erre con el temita. Reitero: ni era el lugar ni el momento para expresar sus pérdidas personales por todos, sabidas. Ella y quien ocupe su lugar representa a todos sin pedirlo. No está para contar sus cuitas. Sí, qué pena decirlo, pero que no por defenderla se desvíe el punto. Y su respuesta alardeando de sus grandes programas pasados, sobraba. Por lo demás, que lástima que se haya prescindido de Anne Igartiburu y antes, de Ramón García.

El cotilleo no cesa. Faltaba más. En México, la ministra de la Suprema Corte de Justicia, Yasmín Esquivel, ha sido exhibida plagiando su tesis de licenciatura, sucedido tal 35 años atrás. No es un tema del todo resuelto, porque la UNAM está de vacaciones. Eso debe de quedar muy claro, pero se ha quedado sin la oportunidad de presidir la Corte. Decida lo que decida la institución universitaria, la votación al cargo ya fue y perdió tal oportunidad envuelta en el desprestigio. Solo su tesis fue investigada por un externo, la de sus contrincantes, no. Sesgos, sin duda. ¿Por? porque la calificaron de candidata de López Obrador. Conjeturas. Sostener que López controlaría la Corte es una tontería brutal y de una ignorancia absoluta de cómo funciona la Corte mexicana. Aún suponiendo que se encumbrara, lo cual ya le digo, no podrá ser en esta oportunidad de relevo al puesto, no implicaba controlar al Poder Judicial, por la sencilla razón de que ella y la ministra que sí se quedó al frente, es parte de un cuerpo colegiado –una entre 11 ministros– y la mayoría de tales atufados fue designada a propuesta de ejecutivos anteriores. Ellos sí que sometieron a la Corte y quienes hoy lloriquean esa posibilidad, se callaron, no rechistaron. Hipócritas. Así de sencillo. Falta ver qué sigue para ella.

Pues nada, llega la apreciada Noche de Reyes, que me emociona, me encanta, me esperanza, siempre. Y la espero como el que más y de toda la vida, porque antecede a mi día favorito de las fiestas por Navidad, la solemnísima Pascua de la Epifanía. A usted en ambos lados del Atlántico…y del Pacífico, le deseo que la fulgurante mañana del Día de Reyes sea asaz placentera y que Sus Majestades de Oriente, los Reyes Magos, sean la mar de generosos con todos, mis muy apreciados lectores.

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