El director de ABC me llamó por teléfono y me dio instrucciones para que me desplazara de forma inmediata a...
El director de ABC me llamó por teléfono y me dio instrucciones para que me desplazara de forma inmediata a Grecia. Nació mi primera hija, Leticia, y solo la vi diez minutos antes de marchar hacia el aeropuerto con dirección a Atenas. Había caído el Rey Constantino.
Cubrí aquella información con crónicas que apuntaban a España porque en 1967 el acoso a Franco de republicanos y monárquicos, todos ellos en torno a Don Juan, crecía de forma exponencial. Los golpistas griegos habían derribado un Gobierno débil el 21 de abril de 1967, pero no abolieron la Monarquía. Constantino participó en diciembre en un contra golpe que fracasó y partió al exilio. Georgios Zoikatis, proclamado regente, nos citó a los periodistas en el salón del trono del Palacio Real para decirnos: “Aquí está el trono, limpio y alto, para que lo ocupe Constantino cuando decida volver”.
Pero el Rey Constantino sabía que la soberanía nacional reside en el pueblo, apoyó a la democracia y decidió permanecer en el exilio. Seis años después, tras participar el Rey en otra conspiración contra la dictadura, Papadopoulos proclamó la República.
Saludé a Constantino en actos sociales, pero tuve ocasión de conversar largamente con él en el hotel Pierre de Nueva York. Era un hombre inteligente, sosegado y constructivo. Tenía una idea muy clara de lo que debía ser la Monarquía en la época presente y tomó la difícil decisión de mantenerse en sus principios, aun a costa de perder posibilidades de retornar a Atenas como Rey.
Una lástima porque Grecia, junto a la Monarquía restaurada en España, con el trasvase de la dictadura a una democracia pluralista plena, hubiera robustecido la presencia de las Monarquías democráticas en el mundo, que se encuentran entre las mejores naciones: Suecia, Noruega, Dinamarca, Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, España, Japón…