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TRIBUNA

La ronda de los días

sábado 14 de enero de 2023, 19:19h

Se cumplirán treinta y tres años en noviembre de la publicación de este diario, que muy raramente se menciona o recuerda. Secreto, pero también selecto. Podría esperar a que llegara el mes indicado para celebrar en soledad su aparición, pero dejo que la impaciencia me permita sacarlo a la palestra.

Un libro conversacional, como su primera anotación, como uno se imagina que quería su autor confeccionarlo: con esos retazos que el hablar nos va dejando aquí y allí. Un libro impresionista, no cabe duda. Diferente de los adelantos del mismo que pudieron leerse en la revista navarra Pasajes a mediados de los ochenta: la poda de los párrafos, que siempre deja algo, buen consejo. Esta ronda que da piruetas, medidas con rigor de bailarín profesional, entre libros, ciudades, lienzos, pintores, músicos, emblemas, rincones, vistas, sabores, nombres, olores, cuestiones, escapadas y escapismos. La lista podría seguir pero se recorre mejor lo mencionado si es leído. Mejor deprisa si aparece en tus manos, porque su autor advierte: ‘Como hojas secas, el viento se lleva libros.’

No he sido el mismo lector después de conocerla, de adentrarme y adecuarme a sus pateos. Igual me sucedió con su obra poética, pues la de Juan Manuel Bonet parece haberse empeñado en ser oculta. Libros de poemas bellamente editados, un poco eremitas. En el caso de esta ronda, pies de páginas que revelan una puesta en polvorosa para de nuevo regresar. ‘Coleccionismo de sombras’. ‘Apuntes para novelas que nunca escribiré’, y no pareció vacilar. Bonet hizo su diario con las ilusiones de fuera y las vidas erráticas y sugestivas de otros. Con la suya también, viajera y exquisita. Entre 1984 y 1990, callejeó por el mundo, el que prefirió tener cerca, y por sus bibliotecas. Los escenarios son también los que describen terceros, y acaban siendo por uno vividos como lo verdaderamente sentido. Júbilos por el azar de un paseo. Exposiciones. Aix-en-Provence bajo los plátanos. Nieblas y cargueros río abajo, donde sea. Después no volvió a escribir. No vinieron más entregas.

A título personal, el agradecimiento constante porque una y otra vez la repaso, incansable y esperando que se me haya pasado algún detalle. Tengo suerte, suele suceder de ese modo. Se acaba enfrascado en un párrafo y los siguientes. Te dispone al viaje por una canción en la radio, por sentir el asombro de la primera vez que habló de ese ‘piano entre magnolios’ de Luis Pimentel. Por las cosas que han quedado pendientes de decirse y se agolpan ante unos encarnizados puntos suspensivos finales.

Fueron unos días deliciosos para quien los escribió. Los continuamos los ávidos de tiempos detenidos, cuando no sentimos presagiar su derrumbe.

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