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TRIBUNA

Superioridad moral

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
domingo 15 de enero de 2023, 18:21h

Últimamente oigo decir, con mucha frecuencia, eso de “yo no me arrepiento de nada”. Y me choca esa afirmación pues yo tengo motivos para arrepentirme mil veces al día. Es la manifestación mostrenca de los muchos que ahora creen poseer una fórmula que les garantiza ir por lo seco a diferencia de los demás, que vamos pisando charcos.

Esta actitud se ha dado siempre, aunque creamos que es un fenómeno nuevo por la audiencia que hoy tienen estos personajes. Ya sabes, si te sorprendes por lo que juzgas novedad, en el comportamiento del ser humano, es que eres demasiado joven. Y es que es un afán insaciable, en él, encontrar algún distintivo que le haga diferente, si no superior, a los de alrededor. Solo o formando parte de un grupo de los que pretenden lo mismo.

El gran éxito de las religiones tiene ese componente, además de los de más trascendencia. El creyente puede encontrar en su fé un motivo heroico con el que adornar su vida. Hasta el punto de que la historia está plagada de los que llegan a inmolarse por ello.

La fé religiosa, tutelada por La Iglesia, ha aportado, durante muchos siglos, al ser humano, ingredientes de ese afán de trascendencia. De aquí que su debilitamiento lleva a los individuos a buscar otras fuentes donde saciar esa sed.

Otro de los sentimientos reclutadores, para los que quieren vivir su vida con un ingrediente épico, ha sido y sigue siendo La Patria. De los que pretenden ampliarla, defender su unidad y soberanía o separarse de ella. Uno de los atractivos del separatismo es ese ingrediente diferenciador que da solidez y sentido a las vidas de algunos. Cuanto más que cuando un separatista oye diferente, entiende superior.

La vocación, esa llamada caprichosa, a la que los señalados no saben o no quieren resistir ni controlar, que hace desgraciados a los que le entregan su vida y su eventual felicidad a cambio de una notoriedad que la sociedad les concede, en el mejor de los casos, con cruel tacañería.

Ese afán de ser reconocido, por los demás, como miembro de una de las infinitas clases sociales, que los individuos creamos para sentirnos superiores a otros. Por la cuenta corriente, por el título académico, por la profesión, etc…

Y ahora, en el juego político, que lo impregna todo, los miembros de los Partidos, en su lucha por el poder y por la permanencia en posiciones que jamás alcanzarían fuera de él, tratan de inculcar a sus seguidores pasiones “trascendentes” ficticias en defensa de unas ideas o consignas que traducidas a votos sean salvaguardia de sus puestos.

Esta necesidad de buscar un motivo que justifique sus vidas, es tan apremiante en algunos, que al no saber encontrarlo por sí mismos, se enrolan en sectas, sociedades o religiones que anulan su voluntad y manipulan su vida.

Pero el sumun de ese ingrediente “heroico” lo vive ahora muchísima gente que hace de motivos sociales, ambientales, culturales etc….el eje de su vida y de su proyección a los demás, buscando la ventana de los medios de comunicación o las redes sociales que se han apoderado del ocio, tiempo libre y no tan libre de la sociedad.

Estas actividades, exhibicionistas por naturaleza, son a veces, tan chocantes y ridículas que causan el efecto contrario al que persiguen y hacen exclamar, a muchos, aquello de ¡Qué tiempos!

Pero, amigos. Bienvenidos los personajes de “estos tiempos” que, ahora, se “inmolan”, aunque lo hagan enseñando las tetas o pegándose a los cuadros, por el cambio climático, el feminismo, lo antitaurino, el veganismo, la defensa de los animales y tantas otras causas y “causillas”, en vez de los de “otros tiempos” que recurrían a los grandes banderines de enganche que tanta crueldad y muerte han causado.

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