La improvisación como política económica
martes 14 de octubre de 2008, 01:23h
Cualquier persona que siga con atención los actos, discursos, manifestaciones y decisiones del Gobierno y de su presidente en relación con la crisis económica que nos aqueja no puede por menos que pensar que José Luis Rodríguez Zapatero carece de coherencia. Si por un lado se ha negado sistemática y consistentemente a utilizar la palabra "crisis" para referirse a la situación económica actual, aunque para ello haya tenido que retorcer el diccionario, después de decir en Naciones Unidas que no hay sistema financiero en el mundo que se nos pueda comparar en solidez, de repente, este domingo, tras verse las caras con los verdaderos líderes en Europa, dice exactamente todo lo contrario. Ahora, según Zapatero, "estamos ante una crisis grave que va a costar remontar".
Este lunes ha convocado de forma extraordinaria al Gobierno para aprobar, sin más consenso político que el que haya alcanzado consigo mismo, las medidas del Ejecutivo contra la "crisis grave" por Real Decreto. Y ante los periodistas ha vuelto a insistir en la gravedad de la situación, centrándola ahora en nuestro sistema financiero. Por otro lado ha anunciado que el Gobierno se guarda la posibilidad de recapitalizar los bancos, es decir, entrar en su accionariado allegando nuevo capital. Solbes, su ministro de Economía, siempre se ha mostrado opuesto a esta medida. Este mismo domingo, un día antes de anunciar esa posibilidad, decía que la recapitalización de las entidades era una medida "innecesaria".
El recuento de bandazos y cambios bruscos, repentinos, inexplicados y frecuentes del Gobierno respecto de la situación económica y los medios necesarios para atajarla nos llevaría a un relato largo y prolijo, lleno de contradicciones y oportunismos. Es imposible escaparse a la impresión de que José Luis Rodríguez Zapatero actúa de forma improvisada, sin saber exactamente cómo conducirse ni cómo conducir la economía desde el Gobierno.
Esta situación es muy preocupante. Si el Gobierno acierta será por pura casualidad; pero la suerte, la oportunidad del momento, la ocurrencia de esta hora de Rodríguez Zapatero, distinta a la que pueda tomar en cualquier instante, no se parece en absoluto a una verdadera política económica. Lo peor de ello, más allá de las virtudes y defectos que pudiera tener el plan del Gobierno, que va en línea con lo propuesto por el Eurogrupo, es la incertidumbre que crea el Ejecutivo con su arbitrariedad. La economía necesita confianza, nos dice Zapatero. Lo que él no entiende es que esa confianza no la otorga la declaración de un político, especialmente si esa declaración o el anuncio recién hecho puede quedar obsoleto en cualquier momento, cuando la conveniencia política lo exija. La confianza que necesita la economía es la que genera el buen funcionamiento de las instituciones, con su regularidad y predictibilidad. Pero ello es exactamente contrario a lo que vemos casi a diario. Y ya sabemos porqué: al señor Zapatero, a quien ya le vamos tomando la medida, no le interesa la política económica sino únicamente la economía de la política.