Sin ningún tipo de duda, Ildefonso Falcones es uno de los escritores más seguidos de nuestro país, desde que apareció su primera novela, La catedral del mar, en el año 2006. A partir de ahí, cientos de miles de libros vendidos son el fiel reflejo de la calidad de su narrativa.
En esta ocasión, nos encontramos con una historia dual. Una parte de ella se desarrolla en la isla de Cuba en el siglo XIX y la otra en nuestro país en el tiempo actual. De esta manera Falcones jugará con estas dos tramas y las vinculará para hacer un relato excelente.
La parte de la historia que se ambienta en la isla caribeña está protagonizada por Kaweka, una de las miles de personas negras vendidas como esclavas y llevadas al continente americano (principalmente por esclavistas arraigados en la región de Cataluña). Sufrirá el despiadado trato que se dispensaba a los esclavos, considerados únicamente fuerza bruta o un objeto dedicado a la procreación para aumentar la mano de obra gratuita. Así era también el sistema de explotación en los dominios del marqués de Santadoma. Es en ese entorno donde se desenvuelve la parte mágica del relato, la conexión con Yemayá, una diosa de carácter voluble que tanto le puede conceder el don de la curación de enfermedades o lesiones, como dar fuerzas para convertirse en la lideresa de todos los que viven esa atroz situación.
Y viajando en el tiempo, la otra historia se desarrolla hoy en la ciudad de Madrid y la protagoniza la joven mulata Lita. Su madre lleva toda la vida sirviendo a los marqueses de Santadoma, descendientes, de los mismos que poseían la hacienda en la que Kaweka estuvo. Las precarias circunstancias laborales le hacen tener que trabajar en la entidad bancaria de los señores para los que trabajaba su madre. Una labor de investigación en el pasado de las finanzas de este banco, y en el origen de esta fortuna harán que Lita decida embarcarse en una batalla por recuperar la memoria y la dignidad de aquellos que sufrieron la esclavitud, buscando que paguen los descendientes de aquellos esclavistas las consecuencias de aquel sistema de explotación de personas.
Dos mundos y dos tiempos distintos, pero en los que el nexo común es la persecución de la justicia, aunque de maneras muy diferentes. Una atractiva novela en la que nuevamente Ildefonso Falcones nos sorprende con su dinámica forma de escribir.