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EDITORIAL

El tope a las hipotecas y el Gobierno Robin Hood

EL IMPARCIAL
viernes 03 de febrero de 2023, 13:54h

El Gobierno juega ahora a querer ser Robin Hood y, desde su ala podemita, se busca ahora congelar las cuotas de las hipotecas a tipo variable para aliviar a las familias, en un contexto de elevada inflación.

La propuesta es, en sí misma, un atropello a la ciencia económica más básica. El primer efecto que busca la subida de los tipos de interés que están acometiendo los principales bancos centrales es la contención de los precios, a través de la ralentización del consumo. Al populismo de raigambre latinoamericana le encantaría fijar el precio de los productos de los supermercados por decreto ley. Es el modelo de Venezuela o de Cuba, con las consecuencias ya conocidas por todo aquel que mantenga una mirada honesta sobre la realidad. Sin embargo, en una economía libre de mercado, los precios no se ajustan hasta que el dueño de un negocio cualquiera detecta que el consumo comienza a flojear, que se resienten sus ventas y ese es el momento de reducir márgenes empresariales, introducir ofertas, etc. En una palabra, contener los precios.

La congelación de las hipotecas a tipo variable se presenta como una medida contra la inflación, cuando es todo lo contrario, un parche para “salvar” la situación de manera artificial y que el consumo siga fuerte, los precios continúen al alza.

Conviene recordar que la propuesta del ala podemita, a la que Sánchez consiente todos los desvaríos con tal de permanecer en el poder, no es más que un eslogan electoral. Otra pancarta con la que cubrir sus vergüenzas. Porque el Gobierno de coalición ya puso en marcha un plan de rescate de hipotecados hace ahora apenas un mes. Lo ha recordado la ministra de Economía, Nadia Calviño, encargada a menudo de poner algo de cordura en el desbarajuste del Ejecutivo a dos bandas.

No es de recibo el situar a la banca siempre en el disparadero de la opinión pública. Desde que la crisis financiera obligó a los Gobiernos a rescatar a los bancos (en España fue objeto de rescate, precisamente, la banca pública, más cercana a los desmanes de los políticos), las entidades financieras han emprendido una profunda reflexión sobre su papel en la sociedad.

Lo recordaba la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, durante la presentación de resultados del pasado ejercicio. “Los bancos somos muy diferentes a como éramos hace diez años”, afirmaba. Hacía también hincapié en la voluntad del sector financiero de colaborar y estar en buena relación con todos los gobiernos. Se trata, argumentó, de “ayudar a las personas a progresar” y “no expulsar del mercado hipotecario a los más vulnerables”. Pero siempre teniendo en cuenta la labor del sector financiero: “Mi trabajo es hacer un banco responsable, que genere beneficios hoy y en el futuro”.

“Somos los principales interesados en negociar y ayudar a los clientes para que puedan hacer frente a los pagos”, manifestaba el presidente de CaixaBank, Ignacio Goirigolzarri, en la presentación análoga de su entidad. Goirigolzarri aseguraba también que no están detectando un incremento de la morosidad en las hipotecas, que no hay un incremento significativo de los impagos. No obstante, ha dicho, están “preparados” para aplicar el código de buenas prácticas si esta circunstancia se produjera.

La campaña que Unidas Podemos mantiene contra los empresarios españoles se ceba ahora con un intento de demonización de la banca, en línea con sus planteamientos populistas para tratar de hacer olvidar su pésima gestión de cara a las próximas elecciones municipales. Pero los ciudadanos ya se han cansado de que vampiricen sus inquietudes con promesas que no son capaces de cumplir.

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