www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El perímetro de la nadería, 1: la gente

viernes 10 de febrero de 2023, 19:05h

¡La gente es como es! (Fuerte declaración). ¡Hay que ver cómo es la gente! (Tampoco nos lo aclara). ¡Es que… para fiarse de la gente! ¡Uf, esto está lleno de gente! Junto con éstas, cientos de frases afines utilizamos a diario manifestando nuestro incomodo ante ese telón de fondo de los demás, que, según nuestra impresión y desahogo, se remueve amorfamente y, o bien molesta, o bien deriva en errores e incertidumbres en los que nosotros, por supuesto, no caeríamos. Claro que, por pura lógica, cuando expresamos el agobio ante algo «atiborrado de gente», es injusto no reparar en que usted o yo formamos parte en ese mismo instante del fatigoso hormiguero, que nosotros somos también esa gente sin identidad ni mayor importancia para el resto.

Imagino que esa actitud peyorativa, estoy seguro que absolutamente inconsciente, tiene algo que ver con cierto ADN de hidalguía no del todo expulsado de nuestra genética cultural. La gente = la plebe. Qué distinto de ese We The People, arranque del preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos, lema orgullosamente admitido por sus ciudadanos. También es verdad que empleamos gente como nombre común con altiva condescendencia, no como algo odioso. Para ello contamos con un derivado a tono: Gentuza. O para las masas: Gentío (claro que ni usted ni yo formaríamos parte de él: seríamos espectadores dentro del gentío [como todos los demás]).

Antonio Mingote, con esa inteligencia no falta de candor de los mejores humoristas, nos dejó en una de sus obras magistrales testimonio de nuestro proverbial recurso a esa palabra. A su didáctica y humorada Historia de la Humanidad, con unas ilustraciones y chistes gráficos inolvidables, la tituló Historia de la gente (1955 y ediciones sucesivas), lo que le servía en más de una ocasión para jugar con los sentidos de Gente = Especie humana (que nos representa) y Gente = Grupo humano (que a regañadientes). Un ejemplo del primer caso es esta reflexión en el epígrafe del capítulo I: «El hombre descubre que dos pegan más fuerte que uno, y se inventa la gente» (Historia de la gente, Madrid, Taurus, 3ª ed., 1963, pág. 15); y otro relativo al segundo, el chiste gráfico en las páginas finales, donde se distingue una cola interminable de viandantes detrás de una parada de autobús, con el siguiente texto aclaratorio: «Gente intentando transportarse» (pág. 262).

A pesar de lo dicho, no hay que extraer de ello conclusiones cerradas y absolutas. Cuando la palabra gente se acota, se adjetiva (máxime con posesivo, o con cualquier complemento), significa lo contrario. Decir de alguien que es «muy buena gente» es el mejor emblema de confianza que se le pueda donar. Abre puertas. Cuando alguien declara que «sacrifica todo por su gente», está acordando que su familia, amigos o socios son lo mejor y no merecen menos. Claniniza, es obvio, pero ¿quién no lo hace? Cuando algún o alguna youtuber sudamericanos nos saludan como «¡Mi gente bella!», ¿quién puede poner el menor reproche? ¡Encantados con que nos distingan, de ser suyos, sobre todo si son amigables y bellos! Luego, hay otra evidencia indiscutible: a la gente de aquí, y me da que se generaliza a todo lo latino, sea en cuestiones de ocio, de fiesta, nos va lo de «mezclarnos con la gente». Frecuenten cualquier bar y descubrirán lo fácil que es ver a dos o tres personas comentando entre ellas sin ser presentadas ni conocerse (ni seguramente volverse a encontrar). Pero es que en ese momento, el interlocutor ya no es gente. Como no lo es la mujer hermosa, u hombre hermoso, en quien te fijas. Como no lo son, por supuesto, tu familia o amigos. Ni tú mismo. Se rompe el hechizo por atención y cercanía, porque la perspectiva se estrecha. Disculpen el repentino tuteo, la gente que me lee deja de serlo en el acto para mí.

Desengañémonos, la palabra no suele gozar de buena fama por estos pagos. Si queremos señalar a alguien de espíritu voluble, acomodaticio, sin personalidad, nos vale con decir «¿Dónde va Vicente? Donde va la gente», y nos quedamos más anchos que largos. Al matador Rafael el Gallo se le atribuye un comentario genial que se ha hecho frase hecha, justo cuando le fue presentado José Ortega y Gasset y le informaron que era un filósofo: «¡Hay gente pa to!». En el diestro se manifestaba ese suero hidalgo del que hablaba más arriba: ¡Cómo va a compararse un filósofo con un torero! Una suerte, pues, de clasismo popular. Sin embargo, siempre hay personas con el suficiente prurito de justicia como para resistirse a la generalización: «Alguna gente etc., etc.», pero no es lo común.

Así y todo, cierto arquetipo de español, por no decir en su mayoría, puede sorprender (y de hecho lo hace y es algo que suelen comentar los que nos visitan) con reacciones particulares, individualizadoras al máximo, en circunstancias donde más pueda producirse un flujo incesante de gente; digamos el metro. No importa el sexo ni la edad. Si alguien nos pregunta en algún andén dónde queda determinada línea o estación, lo corriente no es sólo que se lo indiquemos, de saberlo, sino que lo acompañemos al pasillo exacto, con todo tipo de sonrisas y amabilidades. Pienso que aquí sigue operando algún tipo de vieja gentileza, casi quijotesca, que aún no hemos soltado, ya que de algún modo, sin apercibirnos, presumimos que esa persona es nuestra invitada y somos sus anfitriones (sí, me da que funciona así).

Sigo con el ejemplo del metro para ir poniendo fin a mis disquisiciones, porque un vagón metropolitano puede que sea el colmo de la percepción de gente. Al abrirse las puertas y entrar, experimentamos ‒como en todas partes del mundo‒ una sensación de autoprotección entrenada: nos estatuamos, protegemos nuestra individualidad; fijamos la mirada en el móvil o en un libro (sí, aún soy ingenuo), o la dejamos clavada en algún punto fijo, aunque sea el centro de la nuca del de enfrente, si a esa hora viajamos como sardinas en lata. Lo que puede rondar unas cuarenta personas en ese momento, bajo el túnel, sólo tenemos en común ser gente, gente que no se va a volver a ver probablemente en la vida. Civilizadamente, nos respetamos ignorándonos. Por eso, agradezco muchísimo cuando se hace astillas el simulacro por una buena causa. Sucedió hace cosa de un mes. Yo iba en uno de los vagones de una línea muy popular, y si no parecíamos sardinas en conserva, dejémoslo en algo más holgado, una bolsa con patatas chips. Por la puerta donde me había estado medio apoyando, entró una joven, estudiante extranjera dado su aspecto, con la mochila a la espalda. Se dirigió como pudo hasta el centro, y el vehículo arrancó. Como al minuto, noto un revuelo. La chica acaba de sufrir una lipotimia. Afortunadamente sólo es un amago, pero al instante todas las personas a su alrededor se han preocupado por ella, y al menos tres la acompañan al salir en la siguiente estación, aunque dé síntomas de mejoría, y la ayudan a tumbarse sobre unos asientos unidos del andén. Créanme, ese convoy estuvo detenido no menos de cinco minutos, con las puertas abiertas, hasta que llegaron hasta la joven otros funcionarios de la estación y comprobaron que, en efecto, se había recuperado y no hacía falta llamar a un servicio sanitario. Con esto quiero decir que durante ese lapso, las estatuas volvieron a comportarse como seres humanos, y aunque muchos de los viajeros tenían su prisa o sus cosas, nadie, absolutamente nadie expresó la menor queja. La prioridad era esa persona, que nos hacía personas.

Algo más, ¿se han fijado en que algunas de las palabras que he empleado dependen, en el fondo, de la misma raíz, sea gente, sea gentileza o genética? Todos formamos parte del mismo génos, la expresión griega que indica raza, linaje, prole (como expone el Diccionario de la Lengua Española de la R.A.E.), vinculada con la raíz indoeuropea gen- (dar a luz). No nos vendría mal retenerlo. Y ya, si han aguantado hasta aquí una lectura con tanta gente, con tanto uso de la palabra, en serio que se lo agradezco. Déjenme, pues, abusar un poco más para decirles que son gente maravillosa.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios