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El análisis de la jornada 22

domingo 03 de febrero de 2008, 23:55h
Los que ya daban la liga por amortizada tienen que silbar mirando a otra parte. El Barça, que se olvida de meter goles bonitos bajo presión, ha mostrado que también puede meterlos a zapatazos. Es una virtud. Al ver a los jugadores de Rijkaard celebrando el gol, recuerdo imágenes parecidas de la pasada temporada; entonces los celebrantes vestían de blanco. Lo único que le faltaba a la liga para derivar en la misma persecución con los papeles cambiados, era que el Barça se lo creyera. Que sus jugadores se lo creyeran tanto como se lo creyeron los del Madrid.

Creo que eso es lo que ha sucedido esta jornada. Los blancos mantienen seis puntos de ventaja, pero no olviden que queda un enfrentamiento directo entre los dos que puede cambiar todas las cuentas. Tampoco el Madrid tiene por qué descomponerse, salvo que Van Nistelrooy y Sergio Ramos tengan algo serio. Repito, afortunadamente, hay liga y es muy larga.

Aflojan la soga que les apretaba el cuello un puñado de grandes venidos a menos: Valencia, Sevilla y Zaragoza, sobre todo. Pero las distancias siguen siendo mínimas. Si un seguidor del Almería hubiera dicho en Agosto que iban a ganar al Valencia en Mestalla y al Madrid (líder) en casa en dos jornadas consecutivas, le habrían llevado a soplar en el famoso tubito. Pero es verdad, el Almería lucha con estos grandes para meterse en Europa, y no para eludir el descenso. Es un éxito del club, que ha hecho las cosas muy bien con muy poco dinero. Y se han reforzado con tres buenos jugadores en el mercado de invierno, demostrando que no están ahí a base de improvisar.

Soplan recios los vientos contra el Atlético, como suelen, pero lo grave de este pinchazo no son los dos puntos perdidos, ni siquiera caerse de la Champions, sino la visión del Kun llevado en volandas, con el pie descalzo colgando inerte. En eso, menos mal, la suerte no ha roto a los colchoneros. Diez días son, dentro de la desgracia, una bendición para lo que se acostumbra en el Manzanares en materia de lesiones. Pero Javier Aguirre se enfrenta aún a un panorama sombrío: los que le siguen aprietan y el margen de error se reduce a cada jornada que pasa. No es admisible conducir a una plantilla como la que él tiene a la verbena de la Intertoto. Los próximos partidos sin Agüero pueden ser decisivos para él...
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