Leo estupefacto aquí mismo, en El Imparcial, que el terremoto registrado en Turquía y Siria el 6 de febrero pasado, es el fenómeno natural más devastador del presente siglo, hasta ahora. Y se lo digo desde México, donde escenas como las vistas en esas tierras lejanas nos son tan familiares, desafortunadamente. Qué duro es el infructuoso resultado, o pingüe, de todos los rescatistas –no su ánimo ni su disposición– y la cancelación de su presencia. Las delegaciones extranjeras anuncian 2, 3 personas vivas rescatadas por cada una. Qué terrible. De esa magnitud es el problema. Loas a todos quienes han ofrecido y prestado ayuda en momentos tan críticos. 6 mil inmuebles desplomados, 35 mil muertos. Qué penoso que las brigadistas mexicanas señalen desagrado o señalamiento a su presencia por algunos ciudadanos turcos debido al hecho de ser mujeres. Y denuncia la corresponsal de Canal 11 de México, Vianey Fernández, que militares turcos la rodearon para borrarle testimonios de crítica al gobierno de Erdogan por la mala gestión de los rescates. Y Siria… cuán dificil auxiliarla, porque no es menor su situación de guerra y en mala hora viene a padecer esta desgracia. México anunció ayuda por 6 millones de dólares y los opositores a López lo critican. ¡Por fin! ¿quién los entiende? Le cuestionan no mirar al mundo. Lo hace y lo critican.
Gran pérdida es la muerte de Carlos Saura. Me limito a referir algunas de sus magníficas obras: Sevillanas y ¡Ay Carmela!, Iberia o su Sinfonía de Aragón. La primera en el contexto del 92 es un sonoro canto insuperable y extraordinario al género y su mística. Grandes colaboraron en ella: de Lola Flores a la Jurado, pasando por Pareja Obregón. Qué arte, qué temple disfrutamos quienes amamos al género y hasta hemos bailao algo –sí, aquí servidorito, que mis estancias en Huelva y su provincia han dejado su impronta– y sencillamente, aplaudimos su obra fílmica que para mi gusto, fue siempre muy bien llevada. ¡Ay Carmela! una radiografía de un periodo convulso. Notable. Su Sinfonía de Aragón, ese catálogo formidable que, si mi memoria no me falla, pude apreciarla en el pabellón de Aragón –región autónoma anfitriona– de la Expo Zaragoza 2008. Es que Saura tuvo antes que otros giros o cualidades, esa vena para plasmar en un filme la quintaesencia de lo español, revistiéndolo de una vitalidad y de una fuerza profunda, sin atosigar o empalagar, con una fidelidad sin pretensiones, que marcó su éxito; delineando así una identidad, un sello que lo definió ilustrando una manera de ser. No cae en el foklorismo. No. Apela a una excelsitud de equilibrios y que hoy homenajeamos. Su capacidad de convocatoria se reflejó en Iberia. También estupenda. Se fue un genio.
Los decesos no terminan. A Gina Lollobrigida sumemos Paco Rabanne y Raquel Welch. La primera, mítica, situada en los inicios del cine italiano de posguerra luciendo palmito. No como la Welch, que fue el no va más, que oía referirla de niño por doquier, como un portentoso símbolo sexual. La de origen boliviano, prima de la primera mujer presidente de Bolivia, Lidia Gueiler, supo mantener su elegancia y porte al paso de los años. Hablando de elegancia, Paco Rabanne tenía su sello. Supo llevar la moda masculina a las mayorías. No se mantuvo satisfaciendo a una élite. Eso lo honra.
Otrosí, ha sido más fácil que Trump regrese a las redes sociales convencionales, antes que meterlo a la cárcel. El tiempo se agota para conseguirlo y se le ve bastante fortalecido para cumplir su sueño de candidatearse. En unos meses los yanquis ya tendrán que andar decidiendo candidato presidencial y al neoyorquino no hay quién lo baje de la presidencial. Es como para contener el aliento y preocuparse de semejante posible retorno. Trump, de regresar, no buscará quién se la hizo, sino quién se la paga.
Que Carlos III no incluya en la banda sonora de su coronación a Elton John, bajo el argumento de escoger aquellas canciones que lo marcaron en su vida –no tiene que gustarle el músico de Pinner, Middlesex – sin duda que resulta muy elocuente. Sí, en efecto, es cosa de gustos musicales y para gustos, los colores. Mas es verdad que el cantante británico es un icono del país del cual quiere ser rey para todos, como ser el vástago de Isabel II. Ergo, excluir al cantante es lamentable, porque, como sea, el sire es una parte clave de la música de su patria y no cualquier aporte ni de tres chelines. Allá él, el monarca próximo a ser coronado. La mordacidad pregunta por lo bajo: ¿venganza al amigo de Diana?
Me entero que el pasado 23 de enero se conmemoró el centenario de la Escuela de Fráncfort. Es de esos movimientos que cumplen un siglo, que emergieron en esos primeros años de la década de los veinte en el siglo XX; y que fueron, a su vez, las múltiples respuestas e impulsos de renovación y propuesta al mundo derribado por la Primera Guerra Mundial. A esa ola detonadora de cambios y de creaciones que perfilarían al siglo XX, corresponden por igual el muralismo mexicano, la Bauhaus, el dadaísmo o el cubismo, el surrealismo, el Círculo de Viena o el art déco, incluyendo al fascismo, el nazismo o el bolchevismo. Y gran parte de esas corrientes definitorias de la esencia de la centuria pasada, brotaron en esa década, la primera que caracterizó a ese siglo. Y destaca Alemania porque, desde luego, emitía respuestas de diverso calibre a una derrota dolorosa, desplegando así su pensamiento, incluso el más oscuro y equívoco brotado en Múnich. Son contrarréplicas a un mismo tema: el mundo resultante después de aquella hecatombe del 14-18, prosecución de la búsqueda de respuestas o halladas y que no gustaron a un cierto conjunto intelectual, sobre todo europeo, que neceó en seguir apostando a crear cuando todo apuntaba al declive de Europa, que, decían, había muerto luego de aquella guerra. Ya años después, Ortega y Gasset referiría la decadencia de Europa después del cuatrienio mortal 14-18 y sumóse a otros en advertir la preocupación por el devenir del Viejo Continente. Total, que este centenario es una excelente oportunidad para acercarnos al pensamiento de aquella escuela, la de Fráncfort, y repasar su convulso y fascinante contexto.
Cabe una acotación. Aquellos años veinte tienen para mí, un regusto como los años sesenta y los ochenta. Son las décadas más prominentes del siglo XX, pues, a mi juicio, marcaban su sentir más genuino, lo perfilaron con sus ganas de ser y de diferenciarse de valores decimonónicos. Por eso, me despiertan un particular interés. A los años 70 los veo extraviados, los 90 queriendo compendiar en un recuento sin aporte, ya ni siquiera pensando en el 2000 o el nuevo milenio. Los años 10 y 40 perdidos en la guerra y los treinta y los cincuenta dando barruntadas. Es mi sentir sobre el siglo XX, al que todavía en 2023, la mayor parte de mi vida le pertenece.
Termino con unas líneas al juicio a García Luna. Ya un narco mencionó que el expresidente Calderón dio instrucciones para proteger a El Chapo. Aquel lo niega, naturalmente. La nación observa qué más podemos esperar de esos testimonios. ¿Qué hará la gente con el dato de Calderón? aún es insondable. Ya piden se le investigue. Como también se mencionó a un periódico nacional beneficiado de dineros del narco para que en sus páginas no se enlodara la imagen de García Luna hace diez años. Hoy sus editorialistas son muy anti-López, mientras, exhibido el medio, se cargan su credibilidad, como es natural. En este sexenio el público se ha desecho de “opinólogos” que demostraron ser una lacra por vendidos o por ser brothers. Una vergüenza, equiparable a la del PRI 94 años robándose las elecciones de Estado de México y va por la de 2023, gracias a lo que sus corifeos llaman: “experimentada clase política”, o sea un entramado de robaurnas. Solo una gran movilización social permitirá echar al PRI y es menester conseguirla. Urge. Se pudo cancelar la compra de transgénicos, se puede echar al PRI de Edomex.