El Barcelona ha sido siempre uno de los mejores equipos del mundo. Su juego ha encandilado...
El Barcelona ha sido siempre uno de los mejores equipos del mundo. Su juego ha encandilado a la afición culé que se distingue por su entusiasmo, la fe en la victoria y el respeto al rival. El Barça, junto al Madrid y el Athletic de Bilbao, no ha conocido la Segunda División. Es el equipo español que en más ocasiones ha ganado la Copa del Rey y figura en segundo lugar en campeonatos de Liga. Sus éxitos internacionales le han convertido en uno de los “grandes” de Europa. Semana tras semana, a lo largo de la historia del fútbol, el Barcelona ha sido un ejemplo de deportividad, de señorío y de buen hacer.
Nadie está libre de que un dirigente tórpido tome una decisión contraria a la historia del equipo. Y naturalmente es necesario aclarar lo ocurrido y que recaiga la responsabilidad sobre los que cometieron la insensatez o la tropelía. Pero el asunto que zarandea al fútbol en los últimos días, no debe descalificar a un equipo deportivamente admirable, orgullo para sus partidarios y para todos los que aman el deporte rey.
Los histerismos y el frenesí deben quedar al margen y no empañar la seriedad y el buen hacer de un equipo excepcional que ha proporcionado a la selección española, muchos de sus más grandes jugadores, protagonistas de las hazañas del fútbol español en el mundo.
El forofismo de algunos hinchas no puede, no debe rozar a un equipo que ha desplegado un juego extraordinario sobre el césped en incontables ocasiones. Y que, salvo aisladas excepciones, hace cien años que se mueve siempre en los puestos de cabeza.
Yo, naturalmente, soy del Athletic de Bilbao, el único equipo entre los grandes que ha jugado siempre con once españoles y que se ha mantenido en Primera División, incluso ahora que el dinero, los grandes fichajes y los jugadores extranjeros vertebran tanto la Copa como la Liga. Rindo, en fin, con estas líneas, mi admiración de aficionado al Barcelona, con el deseo de que supere cuanto antes la situación a la que ha sido conducido por la tórpida actuación de algunos de sus dirigentes.