La Caixa
El microcrédito como obra social
lunes 04 de febrero de 2008, 02:00h
La idea es sencilla. Hay problemas sociales a donde el Estado no puede llegar. Sus fondos son limitados y su capacidad de gestión en ocasiones deja que desear. Ahí donde no alcanza la función pública sí puede llegar la iniciativa privada. Además no está condicionada por los vaivenes de la política, sino que se guía por el criterio de sus gestores. Y la gestión de lo propio suele superar a la de lo ajeno. “Uno de nuestros principios es la eficacia en la gestión”, decía el presidente de La Caixa, Isidro Fainé, en la presentación de los resultados de la entidad el pasado viernes, 3. “Gestión privada”, añadió, resumiendo con esas dos palabras la capacidad de administración de la entidad.
El año pasado La Caixa destinó 400 millones de euros a obra social. Este presupuesto convierte a la primera caja de Europa, a la tercera entidad financiera de España, en la quinta entidad del mundo por volumen de capital destinado a la obra social. Por encima, la poderosísima Gates Foundation, Welcome Trust, Merk Co., y una de las más antiguas y conocidas: la Ford Foundation. En la presentación de sus últimos resultados, el presidente de la entidad, Isidro Fainé, anunció que La Caixa se había fijado como objetivo incrementar el fondo destinado a obra social hasta los 500 millones de euros.
Las cifras son notables, pero el dinero hay que ponerlo a trabajar. En la historia de la filantropía se han acumulado muchas experiencias, y de ella se han destilado una serie de principios, de usos, que se han asentado. Uno de ellos es el de fomentar el trabajo de las personas con menos medios o con problemas sociales.
Es ahí donde entra uno de los proyectos más interesantes de la obra social de La Caixa: Microbank. Una entidad dedicada a traer a nuestro país la experiencia de los microcréditos. “Un primer empujón en la vida”, en palabras de Fainé. Una fórmula que compromete pequeños proyectos, con un capital moderado o pequeño, pero que implica a personas que lo necesitan para iniciar un negocio con el que mantenerse.
En octubre de 2006 la Academia Sueca concedió un premio Nobel de la Paz a un candidato peculiar: el empresario Muhammad Yunus, que se ha ganado el apodo de “banquero de los pobres” por hacer del préstamos de pequeñas cantidades a familias con pocos recursos su negocio. Él ayuda a que quienes menos tienen creen riqueza, salgan adelante y escapen, no sin esfuerzo, de la pobreza. Y hace de eso un negocio. Ese mismo principio es el que ha animado a Microbank, una iniciativa que lleva la financiación y la promoción de la empresarialidad más allá de donde llega la banca tradicional.