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TRIBUNA

Rusia resiste (un año de la guerra ruso-ucraniana)

martes 07 de marzo de 2023, 19:17h

El 24 de febrero de 2022, las tropas de un ejército muy poderoso – el segundo en el “ranking” mundial – cruzaron la frontera ruso-ucraniana. Previamente, el territorio del enemigo fue bombardeado con misiles de todo tipo, cuyo blanco fueron los puntos estratégicos militares y civiles más importantes, con el fin de reducir al máximo con esta intervención sorpresa la capacidad de reacción y de resistencia de los órganos directivos del país atacado. Los blindados del segundo ejército del mundo se lanzaron en un “blitzkrieg” a la conquista del país enemigo.

Los estrategas del ejército invasor, dada su enorme superioridad militar, calculaban que en pocas semanas sus tropas llegarían hasta la capital, derrumbarían el gobierno actual y en su lugar pondrían a uno “propio”, con un títere en la cúspide del poder. Tal fue la seguridad de que la capital, Moscú, caería en breve en manos ucranianas, que el principal aliado del Kremlin, China, ofreció al presidente de Rusia un refugio en Pekín o en algún rincón más alejado de la capital, tras los Urales, de donde se podría organizar una resistencia al invasor ucraniano.

Pero el valiente presidente ruso se negó a abandonar Moscú (como lo hizo el Generalísimo Stalin, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas del ejército de Hitler habían llegado a las puertas de la entonces capital de la URSS) y empezó a organizar la resistencia “in situ”. Y fue tan exitosa esta resistencia que el ejército armado hasta los dientes por la OTAN, el ejército ucraniano, fue parado y hasta expulsado de algunas importantes ciudades anteriormente conquistadas, como Kursk, Belgorod, Briansk, Kaluga, Tula, Vorónezh.

Los suministros del armamento más sofisticado y moderno, proveniente de los principales aliados de Rusia: China, Corea del Norte e Irán, ayudaron a resistir al pequeño y poco armado ejército ruso.

Es que el poderoso ejército, que Rusia había heredado de la extinta URSS, después de las reformas de Gorbachov y Boris Yeltsin fue drásticamente reducido en el número tanto de efectivos como del armamento, y el nuevo líder ruso dedicaba unos escasos recursos para reforzar y modernizar las fuerzas armadas del país más grande del planeta Tierra. Las noticias que aparecían, de vez en cuando, de que Rusia estaba fabricando unos tipos del armamento más mortíferos y poderosos del mundo, como los misiles supersónicos “Kinzhal” (Navaja) o los no interceptables torpedos “Poseidón”, era pura propaganda para despistar al enemigo occidental.

Así que el suministro de los mejores tanques del mundo, los chinos “Dragón 1 y 2”, así como los misiles de crucero norcoreanos que no tienen análogos en el mundo entero, o los súper “inteligentes” drones iraníes, fueron decisivos en la capacidad del ejército ruso de organizar unas victoriosas ofensivas y hacer retroceder al ejército invasor ucraniano.

Todavía quedan batallas en un futuro inmediato, pero con tal sofisticado armamento chino-surcoreano-iraní la victoria final está garantizada. Y si no, si las tropas ucranianas – que son la cabecilla que la OTAN utiliza para conquistar a Rusia – logran avanzar hasta los Urales, China prestaría 20 o 30 millones de sus soldados y la Corea del Norte otro millón. Los verdaderos amigos de Rusia jamás dejarían a su hermano euro-asiático a caer en la pugna con la imperialista alianza occidental.

Y si no fuera suficiente este armamento convencional y la NATO se atreviera a cumplir sus continuas amenazas de emplear el armamento nuclear para doblegar a la Rusia que resiste, la respuesta de China sería contundente y aplastante. Sus misiles supersónicos borrarían de la faz de la tierra todas las capitales del capitalismo mundial: Londres, Paris, Berlín, Washington, Nueva York y a otros integrantes del grupo de ayuda militar al agresor ucraniano, llamado “Ramstein”.

Qué error había cometido Rusia, al haber firmado en diciembre de 1994 el “Memorándum de Budapest”, renunciando voluntariamente al armamento nuclear, pensando que la OTAN protegería a la Rusia desnuclearizada de cualquier agresión de sus enemigos. Y es que China estaba advirtiendo a Rusia que no lo hiciera. Menos mal que el armamento nuclear pekinés es suficiente para parar los pies al agresivo bloque occidental.

Espero que sea suficiente, querido lector, este raro “relato”. Llegados hasta aquí, he pensado que es el momento de parar y no seguir más con mi cuento, que a la gran mayoría de ustedes les está pareciendo, como mínimo, surrealista e inverosímil. Y por tanto, como autor de esta tan grotesca tergiversación de lo realmente sucedido en la guerra ruso-ucraniana, debería explicar por qué lo estoy haciendo.

Es que me ha inducido a escribir todo eso, que suena a un “delirio”, el propio presidente de Rusia, Vladimir Putin, especialmente, las palabras que él ha pronunciado en su intervención anual, 21 de febrero pasado, ante la Asamblea Federal de Rusia, cuya reunión este año ha sido dedicada al “primer aniversario” de la guerra ruso-ucraniana. El presidente dijo textualmente: “Son ellos (Ucrania y sus aliados – B.C.), quienes han desatado la guerra. Nosotros estamos empleando todas las fuerzas para pararla”. Pues yo, simplemente me he permitido desarrollar esa tesis, adaptándola a la visión presidencial del conflicto.

Pero no sólo la arriba citada declaración de Putin y otras más, en el mismo sentido, pronunciadas por él en sus intervenciones públicas anteriores, me inspiraron a escribir estas líneas. También el hecho de que existe bastante gente, entre ella los personajes políticos, periodistas, expertos militares y los gurús en temas geopolíticos, quienes, para defender a Putin y su régimen, están dispuestos a aceptar, en parte o íntegramente, la “fakeción” que yo he descrito al principio del artículo. Y no sólo la aceptan, la repiten textualmente o con otras palabras más confusas.

Porque ellos comparten sus ideas imperialistas de reconversión del orden mundial existente, donde triunfan los valores de la libertad en los países democráticos, en un mundo totalitario e uniforme, soñado por los ideólogos marxistas, construido por los lideres leninistas-estalinistas y descrito con precisión por el escritor inglés, George Orwell.

Todos estos putinistas repiten una y otra vez el mantra de que el imperialismo norteamericano y sus aliados europeos son los que estaban amenazando a Rusia, rodeándola de las bases militares, acercándose la OTAN cada vez más cerca hacia las fronteras de Rusia, lo que obligaba al país más pacífico y pacifista del mundo a defenderse, hasta atacar él primero, “preventivamente”, claro está. Esto no lo invento yo, simplemente estoy reproduciendo las palabras y argumentos de los defensores del putinismo y de los seguidores a ultranza de un antiamericanismo visceral. Seguro que el lector ha oído, no sólo una vez, a semejantes declarantes.

Y los más tremendo e inexplicable es que todos estos “pro Putin” siguen repitiendo esta mantra kremlineana, después de haberse pasado un año de la guerra, en la que las tropas rusas han cometido numerosos crímenes de guerra (más de 40.000 casos, según la estadística de los organismos internacionales); destruyeron más del 30% de la estructura civil ucraniana, sometiendo a la población a vivir sin calefacción, electricidad, suministro del agua, en los sótanos de las casas destruidas y en los refugios subterráneos en condiciones inhumanas; provocaron un éxodo de la población civil jamás visto en Europa después de la Segunda Guerra Mundial o deportaron al territorio ruso a las mujeres y niños ucranianos desde los lugares ocupados por las tropas rusas.

Por lo visto, ninguna de estas barbaridades, cometidas por el ejército de Putin, puede hacerles cambiar de opinión a estos putinistas convencidos.

Ahora, dadas las explicaciones, quisiera volver a la actualidad y hacer un breve resumen de los resultados anuales de la guerra ruso-ucraniana. Son múltiples, pero destacaré los que me parecen más relevantes.

El principal es que Ucrania ha podido resistir y defenderse ante un enemigo infinitamente superior tanto en el potencial militar como el económico. Contra todos los pronósticos que no daban a Ucrania más de un par de semanas de poder resistir a tan potente agresor. Ya ha pasado un año entero. Y Ucrania sigue resistiendo, gracias al heroísmo de los soldados y oficiales del ejército ucraniano en el frente y a la paciencia y el aguante de la población en la retaguardia.

El papel crucial en la resistencia del ejército y del pueblo ucraniano ha jugado la ayuda militar y económica de los países democráticos occidentales, especialmente de los EE.UU. Al principio de la guerra la superioridad del ejército ruso en determinados tipos del armamento llegaba a 20 por 1 (en la artillería y los proyectiles, por ejemplo). Gracias a los suministros de los aliados de Ucrania del armamento más sofisticado y eficaz, que el que tenía el agresor, así como su audaz y profesional manejo por parte de los militares ucranianos, se ha logrado, hasta el día de hoy, a reducir esta superioridad a un empate de 1:1, según la declaración de uno de los comandantes ucranianos.

Ahora las fuerzas armadas de Ucrania se preparan para romper esta paridad y demostrar su superioridad, tanto en la eficacia de su armamento como en la profesionalidad de sus soldados y oficiales, que permitiría al ejército ucraniano empezar en las próximas semanas una ofensiva en varios frentes, para ir expulsando, paso a paso, a las tropas rusas de los territorios ocupados (un 20% del territorio ucraniano) hasta las fronteras con Rusia del año 1991.

La tan injusta y cruel guerra, que la Rusia putinesca ha desatado contra un país soberano, como Ucrania, ha provocado una solidaridad mundial con el pueblo ucraniano, que está luchando por su independencia y libertad, jamás vista desde la Segunda Guerra Mundial.

La agresión rusa contra un país de más de 40 millones de habitantes, en el pleno centro de Europa, ha demostrado que el “status quo” europeo, establecido al término de la Segunda Guerra Mundial, resultó ser frágil y que el totalitarismo no fue erradicado por completo en el continente europeo.

Qué equivocadas resultaron las posturas de algunos países europeos y occidentales que consideraban que ya no tenía gran sentido seguir manteniendo o reforzando la OTAN – creada para defenderse de las posibles agresiones de las potencias totalitarias (en aquellos tiempos la URSS y sus satélites) –, después de la desintegración de la URSS, la principal amenaza de entonces al mundo libre y democrático. Pero resulta que la nueva Rusia libre y democrática, surgida por la magia reformista de Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin, fue convertida a lo largo de los últimos 22 años, por la magia “negra” de Vladimir Putin, de nuevo en un país totalitario y agresivo al estilo de la extinta Unión Soviética.

Qué razón tenían los que estaban apostando por el reforzamiento de la Alianza Atlántica ante las nuevas amenazas del totalitarismo mundial (entre ellos el ex presidente norteamericano, Donald Trump, tan criticado en su momento por su afán “belicista”, al haber insistido en reforzar la OTAN, aumentando cada país miembro su aportación a las arcas de la Alianza). Putin consiguió lo que no ha podido su “supuesto” amigo Trump: ha despertado a la OTAN de su letargo y la ha consolidado para que pudiera a jugar el papel que la corresponde en la defensa de los países democráticos de los agresores totalitarios. ¿Cuál sería la suerte de Ucrania ante la agresión de su vecina Rusia, si no existiera la Alianza Atlántica?

La guerra ruso-ucraniana ha revelado con toda la nitidez quienes son los verdaderos defensores del orden democrático en el mundo y quienes no lo son.

Otro resultado muy importante de esta guerra es que, gracias a las sanciones económicas impuestas por los países occidentales a Rusia por su agresión a Ucrania, Europa está aprendiendo a vivir sin las importaciones del petróleo y el gas ruso, la dependencia de las cuales estaba haciendo altamente vulnerable a la economía europea. Los hidrocarburos rusos se convirtieron en una potente arma político-económica en las manos del chantajista Putin en su geo-estrategia del dominio mundial.

El desmantelamiento del negocio ruso del petróleo y gas, a consecuencia de las sanciones, ha revelado qué grado de corrupción político-económica han creado las exportaciones de hidrocarburos “baratos” rusos entre las élites de los países occidentales, que se estaban enriqueciéndose, aprovechando los descuentos y comisiones, que les ofrecía la oligarquía kremlineana.

Por otro lado, las continuas amenazas del Kremlin de emplear el armamento nuclear contra Ucrania y sus aliados, si no dejasen de repeler la agresión rusa, han puesto en evidencia que el régimen de Putin representa un auténtico peligro de desatar una guerra nuclear mundial y, por tanto, debe ser aislado y derrocado. No se puede negociar la paz con un chantajista, dispuesto a desatar la Tercera Guerra Mundial, a fin de conseguir sus intereses imperialistas.

Pero, posiblemente, el resultado más importante y más relevante de todos sea que durante este año de la guerra se ha producido una consolidación del pueblo ucraniano como una “nación”, jamás producida hasta ahora. Los ucranianos, con su implacable resistencia ante el invasor ruso, han demostrado que son una identidad “propia” y no una parte de la “nación rusa”. Ni quieren serla, los ruso-parlantes incluidos. Putin, cuyo objetivo principal, al haber empezado esta guerra, fue precisamente el borrar la nacionalidad ucraniana como tal, considerándola como rusa, ha conseguido todo lo contrario – la ha consolidado tanto dentro de la propia Ucrania como en la palestra internacional.

Algunos dirán que todos estos resultados que yo considero positivos, para ellos son todos negativos, todo “al revés”, como al principio de mi artículo. Insinuarán que ahora Europa dependerá más del petróleo y gas norteamericano y que su economía perderá la competitividad frente a la de los EE.UU. Asegurarán que la dependencia de los EE.UU, el líder del mundo libre y democrático, es mucho más peligrosa que la de la Rusia totalitaria. Y cosas por el estilo.

Están en su pleno derecho de hacerlo, pero estoy seguro de que la gente seria, con sentido común y con los valores del humanismo y de la libertad, sabrán distinguir en qué bando se lucha hoy en día en Ucrania por el bien y en qué se defiende al mal.

Y para finalizar mi artículo quiero volver a su principio, al título. Estoy seguro de que el lector ya ha comprendido que hay que leerlo “al revés”, como todo lo escrito en las primeras páginas. Realmente, no es que Rusia resiste, lo hace heroica y contundentemente la invadida Ucrania y lo seguirá haciendo hasta su victoria final sobre el agresor ruso.

Quizás lo sea posible en este mismo año y que no lleguemos al segundo aniversario de esta tremenda e injustificable guerra en el suelo europeo.

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