Tal vez el mayor logro del siglo XXI, en plena Edad Digital, ha sido la reacción social de...
Tal vez el mayor logro del siglo XXI, en plena Edad Digital, ha sido la reacción social de los países occidentales en favor de la igualdad de género. La situación a la que se sometió a la mujer durante siglos constituye una atrocidad que ha fracturado los derechos humanos, en su misma médula. El feminismo no es, no debe ser, una causa partidista. Nos concierne a todos y todavía queda mucho terreno que recorrer para que se cumpla el principio clave: igualdad de derechos para la mujer, igualdad de oportunidades.
Reyertas internas, sumadas a la mediocridad de un sector de la clase política, han fragilizado el potente discurso feminista de España. Los negocietes de pequeños grupos, para conseguir patrocinios y subvenciones, han contribuido al resquebrajamiento de una causa nacional que merece el apoyo de todos.
El resultado se resume en el fracaso de la manifestación en Madrid. El Gobierno ha cifrado en 17.000 el número de asistentes y según los expertos no pasaron de 12.000 las personas que participaron en la manifestación, si bien cerca de 10.000 estuvieron presentes en la otra manifestación, la de la discordia y la desunión frente a la politización oficial, excluyente y partidista.
Son muchas las españolas, muchos los españoles, que no quieren desembocar en la consternación sino por el contrario se proponen hacer frente al fracaso del miércoles en Madrid y consolidar el movimiento feminista sobre la seriedad y la responsabilidad, relegando las chorradas a posiciones partidistas excluyentes.
Todos los canales de televisión, así como las emisoras de radio y los periódicos impresos y digitales magnificaron durante varias semanas las manifestaciones convocadas para el 8 de marzo. Tal vez el 90 por ciento de las mujeres y los hombres que hubieran salido a la calle para sumarse a esas manifestaciones se quedaron en casa. La gente exige rigor y seriedad y está en contra de las reyertas internas y del sectarismo partidista.