Los coñazos
jueves 16 de octubre de 2008, 21:57h
Es un dicho ilustre que en Madrid, a las ocho de la tarde, o das una conferencia o te la dan.
Los diarios carecen de espacio suficiente en la página de gacetillas para anunciar la interminable serie de actos sociales que se suceden cada jornada: presentaciones de libros, recitales, inauguraciones de exposiciones, mesas redondas, conferencias magistrales, imposición de condecoraciones, desayunos-debate, cenas-tertulia, entrega de bandas, jura de colegiados, premios, doctorados honoris causa y ordinarios, actos de clausura, estrenos, congresos y cursos varios... Aunque, naturalmente, hay especialistas consumados en la caza del canapé –con el que se pretende atraer a la concurrencia-, para la inmensa mayoría de la ciudadanía con alguna ocupación, tales actos son –y discúlpese el exabrupto- sencillamente un coñazo.
Son un coñazo que se soporta con una sonrisa por los interfectos y homenajeados así como por sus cercanos familiares. Excluidos los interesados en ir cenados a casa, el resto de los asistentes miran permanentemente el reloj, se abstraen en sus pensamientos y cumplido el compromiso se retiran con excusas varias (actos familiares, otras convocatorias a las que se llega tarde, urgencias laborales o viajes que requieren madrugar) a sus casas o a otras reuniones más divertidas en las que no se exige tanta solemnidad.
El caso es que a muchas personas les encanta recibir invitaciones para actos (incluso para bodas), pero la verdad es que casi siempre se invita a los mismos y a todos los sitios, en los que confluyen atropellados saludándose con escaso ánimo. Es decir, un pequeño porcentaje de personas –y entre ellos, claro, Rajoy- reciben diariamente una decena de amables tarjetones cuya línea final es la famosa S.R.C. La Secretaria se pasa un buen rato de cada mañana llamando por teléfono a otra Secretaria a la que explica pormenorizadamente las razones por las que siente muchísimo no poder acompañar o acudir, aunque algunas veces abre un margen de esperanza del último minuto.
Pero hay otros muchos casos en que no es posible inventar nada y debe estarse, sea el día que sea, sea la hora que sea, sea más o menos coñazo el acto (como decíamos es un coñazo casi siempre para el noventa y nueve por ciento). A lo largo del año se suman fácilmente treinta o cuarenta coñazos soportados con estoicismo, y casi siempre previa discusión con la pareja que, a veces, intenta escaquearse y que, las más, negocia alguna compensación para dejarse convencer.
Monarquía o República, socialismo o conservadurismo; da lo mismo la forma de Estado, el sistema de Gobierno o el partido gobernante. Los coñazos forman parte de la vida pública y que levante la mano quien no ha utilizado alguna vez la expresión para referirse a las variopintas convocatorias sociales solemnes y formales, de cualquier género, a las que se ve compelido a acudir.
No saquen los pies del tiesto ni se rasguen las vestiduras ni obtengan conclusiones indebidas o erróneas. Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran. Y las tonterías, también.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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