Normalmente, en la narrativa histórica, podemos retroceder siglos con facilidad, trasladándonos a tiempos pretéritos para revivir hazañas, acontecimientos históricos o sencillamente, descubrir historias que se desarrollan en la vida cotidiana, pero con las formas usos y costumbres del momento al que nos traslademos.
El espíritu del ciervo, de Jorge M. Mier -nacido en México, de padre mexicano y madre española-, va más allá. A pesar de su brevedad, no deja indiferente al abordar una historia que se desarrolla ni más ni menos que hace veinte mil años, en el periodo que se denomina el Paleolítico Superior. Quizás una de las cosas a las que ayuda este libro es a descubrir la pequeñez del ser humano, puesto que los años de nuestra existencia nos parecen todo un hito personal, pero si lo ponemos en confrontación con el tiempo que lleva el hombre sobre la tierra somos un grano de arena en el desierto.
El protagonista de esta historia se llama Boká, está bien siendo muchacho, pero le llega el momento de la iniciación a la vida adulta, de comenzar a enarbolar la lanza para poder ser uno más de la tribu y ayudar al mantenimiento de la comunidad. Él, en su condición de hombre, debe ayudar a conservar la paz y alimentar a la tribu, es decir, ser un guerrero y un cazador. Por lo tanto, llega esa transición a la etapa adulta con la gran caza del ciervo, una suerte de rito de iniciación, que le hará pasar a la edad adulta, aunque visto con los ojos de la actualidad, consideraríamos un adolescente.
Pero el protagonista de esta historia, además de tener que aprender esas destrezas obligatorias para la supervivencia, posee una destreza que casi ninguno de los de su tribu tiene: sabe pintar. Y eso, en el momento de la historia de la Humanidad en el que nos encontramos, no es una mera cuestión decorativa, sino que es una forma de comunicación con un punto esotérico.
De ahí que Sirek, el encargado de los cánticos y rezos en el lugar sagrado para la tribu, prefiera que Boká se dedique a los temas espirituales y a desarrollar esa capacidad artística-esotérica cómo era la pintura en vez de emplearse en lo que hacía la mayoría de los hombres de la tribu. Descubrimos en El espíritu del ciervo, que se lee con interés, que las necesidades básicas del ser humano han cambiado poco a pesar del transcurso de los siglos: supervivencia, vida en sociedad y la relación con lo esotérico/místico/divino.