Han pasado más de dos semanas desde que el Gobierno israelí decidiera incomunicar por tierra, mar y aire a la Franja de Gaza para advertir a la población palestina que allí reside de las consecuencias de apoyar a una organización terrorista para que gobierne el pequeño territorio situado al sur de Irael.
Los motivos que llevaron al mayor bloqueo desde que Hamás se apoderara de Gaza no han desaparecido. Una nueva ola de violencia está teniendo lugar en la zona, donde no pasa un solo día en que no caiga un cohete en territorio israelí, y eso es algo que Israel no consiente. Nada ha cambiado.
Después de condenar a la población de Gaza a un éxodo masivo en busca de comida y alimentos a Egipto, a través de las brechas abiertas en la frontera por milicianos de Hamás, numerosas incursiones militares israelíes en territorio palestino han provocado la muerte de más de una decena de personas, la mayoría, militantes de la organización terrorista.

En este enrevesado conflicto, ninguna de las dos partes está dispuesta a ceder un ápice. Sin embargo, queda claro quién tiene las de ganar. Si bien es cierto que algunos israelíes resultan heridos como consecuencia del incesante lanzamiento de proyectiles desde la Franja, muchos más palestinos sufren las consecuencias de una injusta lucha de difícil solución.
Una espiral de odio y venganzaA pesar de que los enfrentamientos no han cesado en ningún momento, la más reciente escalada de violencia comenzó este lunes, cuando Hamás perpetró el primer atentado suicida en territorio israelí desde 2004, que supuso a su vez, el primer ataque suicida terrorista contra Israel desde enero del pasado año.
En él, tres personas murieron. Una mujer israelí y dos hombres palestinos. Uno de ellos murió a causa de la explosión que él mismo provocó en un mercado de la tranquila ciudad de Dimona. El otro, fue abatido por la Policía israelí cuando trataba, desde el suelo y herido por la explosión anterior, de inmolarse para aumentar la magnitud de la deflagración.
La represalia israelí no tardó en llegar y durante la jornada del martes, siete palestinos perdieron la vida y varios resultaron heridos como consecuencia de varios ataques del Ejército del Aire israelí (ISAF) contra una comisaría de Policía de Hamás.
Por otra parte, dos milicianos palestinos más murieron en un enfrentamiento con fuerzas militares israelíes que llevaban a cabo una incursión al este de la ciudad de Rafah, al sur de la Franja. Mientras tanto, los cohetes artesanales continúan impactando en ciudades israelíes como Sderot, que ha recibido casi una decena de estos proyectiles desde el martes, aunque nadie ha resultado herido.
El último episodio de esta guerra lo ha protagonizado, una vez más, el Ejército israelí. No ha sido una jornada especialmente violenta, sin embargo, dos palestinos han resultado heridos en un enfrentamiento en la zona central de Gaza y varias bombas han sido lanzadas contra un coche donde presuntamente viajaban milicianos de Hamas al sur del territorio palestino. Esta vez, no ha habido que lamentar víctimas.
Parece que la espiral de odio y venganza que consume a unos y otros se encamina irremediablemente a una ofensiva a gran escala por parte del Ejército israelí que, a buen seguro, no sólo provocará la muerte de más personas inocentes, sino que también desestabilizará aún más la frágil Franja de Gaza.