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TRIBUNA

La rueda de Catalina

Juan Carlos Barros
sábado 01 de abril de 2023, 18:24h
Catalina tenía un predio con un prado. En un cruce de caminos para ir al mercado estaba de otro circunvalado. Era un predio con prado privado.
Del predio del prado, circunvalado y privado Catalina llevaba un libro diario donde tenia todo anotado: lo que compraba, lo que vendía y cómo se llevaba con el vecino de al lado. Ella en llano, el colindante alto.
Catalina tuvo tres maridos, tres veces húbose casado y en el tiempo que estuvo en ese estado redactó tres testamentos a mano enteros muy largos, de 900 paginas cada uno: uno se titulaba “ El caso de la salvación universal”, el otro “El amplio espectro de la destrucción” y el tercero se me ha olvidado.
El predio de Catalina ni tenia cortina ni nada metálico, tampoco el perímetro visiblemente vallado, en él ella soliloquizaba lamentándose a menudo con inquina al repasar el acontecer cercano mundano con desconcierto cierto; muy poco apropiado al momento, por otro lado.
En el prado arrendado del predio prendado tenia ella depositado una silla, una percha y una gran cajón de madera de castaño, que visto a la lejanía más parecía un vagón de ferrocarril o un armario empotrado.
Mediante, un señor muy moreno ocupaba el predio circunvalante. Decía que vivía del ganado, pero no se sabía exactamente de dónde lo había sacado. Aún pareciera un fisgón descuidado.
El cajón de madera de castaño terciado panelado tenía una puerta con bisagra por la que se entraba y que no sobresalía, aunque, eso si, ventana si tenía. Adentro había un divan, una repisa y una montaña de libros apilados y allí pasaba largos ratos Catalina limitada y voluntaria.
El que más le gustaba era el titulado “Setenta veces siete y los primeros setenta y siete”, que eran discursos políticos no terminados, formados por meras muchas frases hechas recortadas de esas para usar y tirar.
Un día Catalina cuando leía y hacía mucho viento de costado, vio por la ventana del cajón troquelado que parecía un vagón en el diván recostada que salía humo de un punto determinado del predio y a su vez salió ella como pudo al prado, tanto que quedó asombrado el predio y todo lo demás rodeado, arriba y abajo.
Quiso apagar la fogata más no pudo, se quemó medio predio y medio prado, la silla y la percha, mientras que el coche-cama quedó en medio del solar heredado ¡Vaya un descuidado!
“Hay alguien dentro” preguntó el titular registral del predio mandante cuando acudió al instante al ver la humareda tal que se había formado al lado al cabo alarmado. Y cómo era de esperar del viento del este no contestó éste ¡Qué poco educado!
El resultado fue que el predio quedó estancado económicamente. La fórmula original del fideicomiso húbose olvidado desgraciadamente de uno y otro lado.
Ha dicho el primer ministro de Polonia en una reciente conferencia en la universidad de Heidelberg que nada salvaguarda mejor la libertad de la nación, lógicamente, que el estado-nación y rechazó por ideal en Europa una federalización. Además dijo que las alternativas a una Europa formada por estados-nación soberanos seria una “utopia tecnocrática” o un “neoimperialismo”.
Y añadió también Mateus Morawiecki, que “si las naciones individuales de la Unión Europea intentan dominar a otras, Europa puede caer presa de los mismos errores del pasado”, para mostrarse después a favor de la ampliación de la Unión mas en contra de más centralización.
Al final el predio de la ficción tras que se extinguiera la hoguera quedó a la espera ¡quién pudiera! de alguna reaparición real o fantasmagórica o entramado, al caso es lo mismo; mientras como entre sueños brillaba la rueda de fuego de artificio de Catalina.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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