Durante varios meses Alberto Núñez Feijóo ha vivido en la nube de los elogios...
Durante varios meses Alberto Núñez Feijóo ha vivido en la nube de los elogios, las lisonjas y la coba política, Creyó sinceramente que su desembarco en Madrid había dado alas nuevas al Partido Popular y que no había más que esperar unos meses para conformar una victoria abrumadora.
Algunos, pocos la verdad, escribimos reiteradamente que no todo el monte era orégano y que Pedro Sánchez y su entorno de extrema izquierda lucharían como panteras de Java para evitar que el presidente abandonara Moncloa y con él las prebendas y los enchufes a parientes, amiguetes y paniaguados.
Así ha sido. Al margen de las encuestas de las empresas demoscópicas, las cifras que internamente maneja el PP en Génova moderaron el optimismo. Afortunadamente Núñez Feijóo es hombre de buen sentido y político experto en poner los pies sobre la realidad. Desde hace unas semanas habla con prudencia, reconoce que las elecciones del 28 de mayo no supondrán un barrido inconmensurable del PSOE y que las diversas maniobras de Pedro Sánchez están dando sus frutos, a pesar del fracaso inicial en la renovación de la alianza Yolanda Díaz-Podemos. Los podemitas no aceptan quedar absorbidos. Saben que en el acuerdo entre el Partido Comunista Sumar y Podemos, el sector fuerte es el de Pablo Iglesias y reclaman presencia y trato de reconocimiento.
A Núñez Feijóo le queda un largo y áspero camino que recorrer. Tras el envite del próximo mes, llegará el órdago, los largos meses en los que Pedro Sánchez y su entorno derramarán recursos, maniobras y dineros para robustecer a los sanchistas y fragilizar a los populares. Solo una actuación sagaz, constructiva y tenaz evitará que Alberto Núñez Feijóo sea finalmente desbordado en las las elecciones generales. Darse cuenta a tiempo de que no todo estaba hecho es un buen síntoma para el centro derecha español, para el mundo liberal-conservador. Y es de esperar que la vigilancia activa y la necesaria humildad enderecen un camino que había empezado a emborronarse.