¡FELICIDADES! al gran maestro de periodismo Luis María Anson, escritor y poeta, capaz de encumbrar la belleza, en un escrito, o en una saeta.
Hermoso artículo “Sangrar el hijo de Dios vivo” ha escrito usted Presidente en su digital El Imparcial. Ante tanto fulgor en el citado artículo, `poco se puede añadir, solo evocar a otros escritores que exaltaron a un Cristo Redentor, como es el caso del mejicano Federico García Hamilton, que en sus Sentires, expresó en su romancero al Niño de Dios:
“Yo quiero para mis nietos,
Navidades con el Niño-
Igual que aquellas que antaño,
nosotros también tuvimos.
Que no venga Santa Claus,
a reemplazar lo Divino,
que llegue el Niño Jesús,
a nuestro territorio Andino
¡Hoy que te cierran las Almas,
te ofrezco la mía, Niño,
como en Belén los pastores,
te abrieron el Cobertizo.
Llenámela con tu amor,
haciendo en ella tu nido!
En este viernes de pasión: “La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad. En el Cristo glorificado, contemplarán al Cristo crucificado. Cuando las naciones de los Salvos miren a su Redentor y vean la gloria infinita del Padre, brillar en su rostro, cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan que su Reino no tendrán fin, entonces prorrumpirán en un cántico de Júbilo: ¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su preciosísima sangre.”
Muy acertadamente el académico nos señala en este artículo, la necesidad del hombre de entrar con frecuencia en las Catedrales Góticas `para notar la presencia de Dios, recreándonos en su Atrio de bellas columnas, qué en ese juego de contraluces, resaltan El Ábside abovedado, donde se refleja la Eucaristía del Cristo Resucitado.
Aquellos que viven sus jornadas de vida intensa en el esplendor de la Naturaleza, en la espesura del bosque, en el cultivo de las dehesas con abnegada nobleza, así como los sufridos pescadores que llevan las cicatrices del Mar en sus venas, y que viven cada viernes de pasión con sus penas bajo el azul pálido de la LUNA, dedicarles el verso del peruano Cesar Vallejo;
¡Luna! corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando con sombras gualdas.
Roja corona de un Jesús, coronado con espinas
¡Luna! alocado corazón celeste
¿Por qué bogas así,
dentro de la copa Azul, hacía la Muerte,
cual derrotada y dolorida popa?
¡Luna! y a fuerza de proclamar la buena nueva
a los hombres de buena voluntad en VANO
te holocausta en ópalos dispersos,
eres ese corazón gitano que vaga en el azul
llorando versos
Confiemos que gobernantes y aspirantes al poder, tanto como los que administran la Justicia, le dediquen en estos días solo varios minutos de meditación para supeditar los intereses personales, al AMOR DE UN CRISTO REDENTOR ENSANGRENTADO, en favor de los más necesitados.