El peso político en Europa se está desplazando al Este. A prueba en Chipre ahora está la fuerza de la fórmula de integración europea. Durante la presidencia semestral española del Consejo, la Unión pretende reanudar el acuerdo de reunificación en la isla, solo que para ello es necesario primero aislar su concepto. Uno no llega al instante vacío sino sujeto al vértigo.
La Unión Europea considera a Chipre una esencia única desbordante de una geografía superada o más bien incorporada; sin embargo la idea no se desprende así sola sino anterior mezcla trifásica (entrada, central y saliente) de captación Eso lo olvida, paradójicamente, la Europa unida.
Lo que caracteriza a Chipre no está, pues, en el continente, aunque eso sea evidente, ni tampoco en la aquiescencia de la equidistancia de la fragancia respecto a Europa y a Asia, sino que radica precisamente en la secuencia de un orden perceptivo preceptivo del sentido.
Y ese proceso expreso y radical, en parte artificial y en parte natural, se juega sin concesiones: o todo o nada, o bien o mal. O se consigue o se fracasa. En él sus notas efluyentes tienen a la par su haz y su envés, superficie absorbente que recoge y devuelve la substancia emulgente tanto del tiempo pasado como del inacabable presente. No hay dispersión miscible posible que valga sino intento solo reconocible.
El Reino Unido mantiene en la isla dos zonas militarizadas reservadas, las así llamadas “Áreas de las Bases Soberanas de Akrotiri y Dhekelia”, mientras que en la parte norte invadida por Turquía desde 1974 quedó constituida una república exclusivamente por ella reconocida. Y los dos tercios restantes de la isla de mayoría griega.
A propósito equipara a lo útil descifrar por frases hechas y así tenemos la expresión “bumble-puppy” para calificar a aquellos que se ponen a jugar al bridge sin tener ni idea de cómo se juega, de manera que aunque parezca que juegan en realidad no juegan sino que solo están. Y sí hacen que juegan, como no saben no aciertan ni de casualidad, como mucho hacen prolongar nada más.
Por añadidura “bumble-puppy” tiene otro sentido más, designa un juego consistente en golpear con una raqueta una pelota amarrada con una cuerda a un poste, para lograr como resultado su anudado total, dominado el altercado por la fuerza centrípeta.
Pero ¡atención Unión! eso era antes, ahora ya no. Ya no es centrar la tarea primera a desarrollar sino que al contrario es descentrar, como anticipó ya la ciencia-ficción que lleva ventaja sobre el mundo real, el cual como es sabido va siempre por detrás.
Esos desfases del presente se despliegan igual y justamente al recurrir a otra expresión adaptada continuación de la anterior, que sirve para nombrar al juego que se conoce como “centrifugal bumble-puppy” cuya mecánica es la siguiente: se arroja la pelota a lo alto de una plataforma, cuanto más alta mejor, erigida sobre una columna brillante o no, en donde se cuela al interior y allí un disco giratorio la manda hasta alguna de las aberturas laterales por las cuales sale disparada y hay que ir a recogerla luego donde haya ido a parar.
La Union Europea juega en Chipre el papel que le ha quedado, que ella a su vez ha aceptado, y donde hace las veces simplemente porque carece congénitamente de la capacidad para recoger y desplegar la idea central de descentrar.
Si hubiéramos de empezar por el principio en vez de por la mitad ahora con Chipre tendríamos una tarea primera ¿ Mais que sent ce jus emblématique?