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TRIBUNA

¡Hermanito, querido!

Miguel Sánchez-Ostiz
martes 18 de abril de 2023, 18:48h

"¡Hermanito querido!", entre grito de guerra y saludo de bienvenido y bienhallado que puede preceder o no al temible ¿tomamos?, digno del cónsul Firmin pero no bajo el volcán, sino al pie del nevado Illimani del Ande.

Inolvidable ciudad, La Paz; inolvidable país, Bolivia. Inolvidable saludo el de hermanito querido de años de viajes y estancias, del norte de Potosí o de las bocaminas de Llallagua/Siglo XX a los salones lujosos del elegante Club de la Unión Paceña y de ahí a Riberalta, tras la huella de Ciro Bayo en la Amazonía del Madre de Dios, por la carretera de tierra roja de Rurrenabaque cerca de Cachuela Esperanza por donde anduvo medio perdido nuestro Ciro Bayo y Segurola, entre caucheros que tiraban de Winchester mucho más de lo que el elegante escritor contó: en compañía de los "temibles Salvatierra" que él pinta como un dechado de caballerosidad… pero pasando siempre por La Paz, esto es, por Chuquiagomarka o La Hoyada vista desde el Alto,-"esa inolvidable visión del hombre americano", en palabras del peruano Arguedas , y su Periférica (hacia el cementerio clandestino de La Llamita en una novela de muerte en La Paz, PeriféricaBd, sin olvidar el interior de la cárcel de san Pedro (la más loca del mundo) la exitosa novela de Adolfo Cárdenas (D.E.P.), con su prodigiosa captura del lenguaje callejero paceño.

El fantástico urbano del más que notable novelista Juan Carlos Piñeiro y el Illimani nevado al fondo, cambiante de color y presente al cabo de muchas calles. La ciudad que Ramón habría dicho ser cataclismática, que lo es. Una ciudad que cobra vida en las páginas de Jaime Saenz (sin tilde), autor de esa novela mítica que es Felipe Delgado (un Ulises del Ande) o en la mugre tenebrosa del Borracho estaba, pero me acuerdo de Víctor Hugo Viscarra, ya un mito nacional e ídolo literario y soplador por castigobre, todosoplador de burrowskis nacionales y extranjeros, que en el recuerdo tiene la música o ruido de fondo de mucha trompetería, bombos, platillos y petardos de marchas reclamadoras y morenadas imparables; inacallables gritos de reclamos varios y un olor a pólvora de los incesantes petardos y a dinamitazos.“¡Cuidado, hay dinamita!”, gritaban avisando de que volaban cachorrillos…

Y mucha trompetería, bombos platillos y petardos de marchas reclamadoras y morenadas imparables, y un olor intenso y amargo de hoja de coca (se acullica por todas partes) o fresca, o junto a las toneladas almacenadas en ADEPCOCA, (camino a Yungas), a singani y a cerveza, a guisos callejeros sobre llamas que iluminan a golpes la noche, y a bencina, a fenol de la morgue del crimen, telón de fondo de los intensos poemas de Humberto Quino Márquez o tenedor de libros que decía oficiar de pianista de burdel, aunque solo lo hiciera de buen poeta y gran conversador y también de los relatos de Alfonso Murillo y de los poemas de poemas de Ricardo Camacho también poeta e impagable lazarillo del submundo paceño. La literatura boliviana: esa desconocida.

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