Apenas dos horas después de que el PP votara en Comisión a favor del acuerdo con el PSOE para reformar la ley del “sólo sí es sí”, el portavoz socialista Patxi López tachaba al partido de Feijóo de ser la "nada más absoluta" porque se "oponen" a todo. El que fuera presidente del Gobierno vasco gracias al pacto que firmó con el PP, insistía en los ataques: "La pregunta es para qué ha servido el PP durante todo este tiempo de crisis. Para nada. La alternativa del PP es oponerse a todo y recurrir todo lo que hace el Gobierno. Es la nada más absoluta, ni una sola propuesta ni una sola acción", afirmó López después de que los populares salvaran la reforma de los socialistas.
Como decíamos en nuestro último editorial, Pedro Sánchez aceptó el acuerdo cuando descubrió las calamitosas encuestas que le proporcionó Tezanos. Le costó aceptar el pacto, que también llevó adelante por el riesgo de que su propuesta de reforma fuera tumbada en el Congreso con los votos de Podemos y los del resto de la izquierda radical. Era evidente, que el PSOE se sentía “avergonzado” de pactar la ley estrella de Podemos con el PP. Pero era la única fórmula para salvar la cara al Gobierno y frenar el escándalo social provocado por las entrada en vigor de la insensata ley. Pero resulta indigno y sucio que el portavoz del PSOE ataque al partido que acaba de sacar al Gobierno del atolladero. Porque tampoco, incluso aún menos, al PP le beneficiaba electoralmente acordar con Sánchez la “Ley de libertad sexual”, que así se llama en realidad. Lo del “sólo sí es si” es un eslogan de Podemos que les ha estallado en la cara, les ha fallado estrepitosamente y puede ser el motivo esencial de su anunciado batacazo electoral.
Este periódico siempre ha mostrado su decidido apoyo en los acuerdos entre los dos grandes partidos en los asuntos de Estado. Pero también, que con el PSOE de Pedro Sánchez se antoja imposible. El acuerdo sobre la ley de marras obedece a la excepción que confirma la regla. Porque para Sánchez, lo más excepcional son las urnas. Y ante el trastazo que se le venía encima, ha preferido taparse la nariz y, luego, firmar el acuerdo. Pero nada más firmarlo, ha mandado aprisa y corriendo a su portavoz a que insultara al PP para dejar las cosas claras, para embarrar otra vez la relación con el principal partido de la oposición y, sobre todo, para alejarse de su demonio político, de su gran amenaza electoral y poder acusar en los mítines a Feijóo de “machista”. Que lo hará.
Definitivamente, Pedro Sánchez ha perdido su condición de hombre de Estado y ha demostrado que no es más que un eterno buscador de votos, un eterno candidato electoral. Que todo lo que dice o hace está marcado por los beneficios que pueda obtener en las urnas. Y, parece estar convencido de que pactar la reforma del “sólo sí es sí” con el PP supone un lastre que hay que borrar cuanto antes. No quiere saber que, en realidad, el lastre de su Gobierno lo han creado todos sus socios con sus delirantes exigencias. Esos socios son “los efectos indeseados” de la desastrosa ley y, ahora, de su futuro político. Podemos, ERC y Bildu son los que le han llevado al precipicio. Pero se ha dejado llevar porque, a cambio, le han mantenido en La Moncloa.