Era mucho mejor que el tapón de las exigencias de Marruecos estuviera en el antiguo Sahara...
Era mucho mejor que el tapón de las exigencias de Marruecos estuviera en el antiguo Sahara español. Tras la oscura maniobra de entregar al Monarca este territorio, no se sabe por qué, aunque algunos piensan en cuestiones particulares de Pedro Sánchez, las reivindicaciones marroquíes se centran en dos ciudades desde hace cinco siglos españolas, Ceuta y Melilla, amén de algunos islotes menores.
No puede ser que Pedro Sánchez creyera en que la prebenda otorgada del Sahara terminaría con el encontronazo en Ceuta y Melilla. Políticamente, las cosas estaban claras: la concesión del Sahara abría los portones para entrar de lleno en la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla. Y que nadie espere que Estados Unidos apoye a España. Washington callará como un mudo. No era cómodo, pero sí soportable, la presunción de Marruecos sobre el Sahara. Sí es incómodo que, ocupado el tablero sahariano, las reivindicaciones marroquíes salten sobre dos ciudades inequívocamente españolas que nuestro país tiene el deber de defender y salvaguardar.
Y ya han empezado a voltear las campanas reivindicatorias. Marruecos ha hecho saber a Pedro Sánchez y a la ciudadanía española que la debilidad del actual Gobierno favorece sus exigencias sobre Ceuta y Melilla. Sin dejar respirar a España, ha celebrado la entrega de nuestro país en el Sahara y está ya lanzando globos sondas sobre Ceuta y Melilla. Al sucesor de Pedro Sánchez, si es que se produce la sucesión, le espera una situación áspera y comprometida en África. Menuda herencia. Se han entregado las cómodas trincheras saharianas y retumban ya las voces marroquíes en las fronteras ceutíes y melillenses. Da la impresión, además, de que a Pedro Sánchez le trae sin cuidado el asunto. Aún más: si le conviene para permanecer en el poder no hará ascos a la rendición en Ceuta y Melilla, abofeteando sin piedad a la historia de España. Pero no adelantemos acontecimientos. Veremos lo que pasa, lo que va a pasar, porque, en todo caso, Marruecos y la diplomacia árabe se moverán con pies de plomo, pero se moverán.