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TRIBUNA

A pie de urna

Juan José Vijuesca
miércoles 19 de abril de 2023, 19:36h

El mentir de las estrellas toma su nombre de una cuarteta, atribuida a Quevedo, que reza así: «El mentir de las estrellas / es muy seguro mentir / porque ninguno ha de ir / a preguntárselo a ellas». Claro está que no son las estrellas las que mienten, sino los astrólogos. Dicho en tiempo y forma de hoy, don Pedro Sánchez pide perdón y recurre al borrón de conciencia, que viene a ser lo mismo que mentir y hacer cuenta nueva como si después de seis meses del ‘sí es si ’, con casi mil beneficiados en rebajas de condena y más de cien que han quedado ya en libertad, es ahora, medio año después desde su entrada en vigor, cuando Pedro trata de limpiar el reconcomio de sus pecados, o lo que es igual, de sus mentiras.

¿Y las víctimas? ¿Qué papel juegan en este purgatorio de almas perdidas? A don Pedro no le interesa otra cosa que la proximidad de las urnas y lamento decirlo, pero a todas las mujeres quebrantadas por esta ley convertida en desgracia para las víctimas y fortuna para los perversos resulta que el autoengaño de quien trata de redimir culpas no solo causa el efecto contrario, sino que refuerza la mendacidad de quien ha hecho de ella su estandarte bordado en oro al estilo de los emperadores romanos.

En este gravísimo tema es cuando la conciencia deja paso a la responsabilidad de actos debiendo hacerlo sin ruidos, sin destemplanzas, pero con la firmeza del cargo que se ostenta merced a los derechos que demanda el pueblo soberano. No sirve utilizar el perdón como simple placebo ni siquiera forzar la gesta en público, no don Pedro, usted es el Presidente de Gobierno y debería haber destituido de inmediato a los responsables con la señora Irene Montero a la cabeza como artífice principal de esta herejía, porque en política nada es personal hasta que se atenta a la dignidad de las personas, máxime cuando éstas se convierten en víctimas por doble imposición e injusticia. Dudo mucho que se sientan reparadas por un perdón que se rige más por el efecto llamada a urnas que por un acto de remordimiento por su parte. Vergüenza inconcebible que no se haya enmendado algo que los expertos reclamaban a voces y es que para hacer buen gobierno no es suficiente ser patrocinador de buenos actos, sino también tener arrestos para templar, mandar y expulsar a los incapaces de oficio que no justifican otra cosa que el fanatismo y su nula preparación.

Podríamos hablar del perdón de los pecados, pero sería perder el tiempo cuando aquellos que enfatizan la soberbia rinden culto a la no creencia, de manera que ineficaz tarea la de reconducir a quien no sabe y además ejercen el oficio de la mentira y el engreimiento. De Pedro Sánchez no cabe esperar ni tampoco confiar en otro modelo diferente al de cosechar poder a costa del pueblo cada vez menos supremo a tenor de los nocivos efectos que generan sus nefastas maneras de proceder. A estas alturas pretender que este gobierno ponga remedio a la ineficacia es como querer encontrar un cerdo grande, gordo y que pese poco.

Es el epílogo de una obra que comenzando por lo más perjudicial, como lo fueron los cientos de miles de fallecidos por culpa de la COVID, el desdén de un 8M que jamás tuvo que serlo, así como del caos y el enredo sufrido; y a partir de ahí, ni un solo perdón de este gobierno para tanta estigma. Recuerdo aquello -siempre es buen momento para hacerlo-, porque forma parte de lo siniestro y de los olvidos cómplices de lo acontecido: “Familiares con muertos en medio del desgobierno/Ni un responso, ni un adiós, ni siquiera un último beso/Hasta la muerte se extrañó por llevarse así a los nuestros/Se hicieron mascarillas con sudarios de lamentos/Hubo lágrimas confinadas que vistieron de negro/Todo por culpa de un virus y por la falta de medios/¡¡Más qué terrible es el olvido cuando las cifras nos convierten en la conformidad del suceso!!”.

Y no pidieron perdón porque la mentira se convirtió en fundamento. Y siendo esto lo más pernicioso la osadía de este gobierno en todo este tiempo ha ido blanqueando a los aduladores de coalición, a comediantes del estipendio, cicateros acomodados en gratitud de justicia así como a los esmerados en deshacer lo que bien funciona, sobre todo la cultura del respeto y el monumento al conocimiento. Y con eso, más no siendo lo peor, ahora don Pedro aplica la generosidad del acto de contrición por el ‘si es si’ a pie de urnas, mientras falsas agallas cubren de misericordia a quienes continúan en sus floridos puestos sin merecerlo.

En fin, cabe esperar que Santa Urna no conceda indulgencia a quienes no se lo merecen.

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